UN BALANCE POSITIVO Y LA POLITICA CAMBIARIA
El año 2009 ha sido de éxitos múltiples para el Frente Amplio. Desde el ángulo político el FA volvió a ganar el gobierno nacional manteniendo la mayoría absoluta en el ámbito parlamentario. Si bien el triunfo no se logró en la primera vuelta, las diferencias en la segunda vuelta a favor de José Mujica fueron contundentes. Por otro lado, el Dr. Tabaré Vázquez va culminando su mandato con una aprobación excepcional de la opinión pública del 80% de los encuestados. Es de los presidentes mejor evaluados de la región.
En el plano económico el año 2009 año de crisis y recesión en los países desarrollados y en la gran mayoría de los países de la región significó no solamente crecimiento para Uruguay sino especialmente mejoras en el empleo. En efecto, la tasa de desempleo abierto siguió cayendo durante este año, con aumentos significativos en el salario real.
En las últimas semanas se analiza y discute las características de la política cambiaria y sus efectos sobre diversas variables económicas y sociales. El Banco Central del Uruguay publica información sobre la capacidad de competencia de Uruguay con respecto a los países de mayor intercambio comercial. En ella se compara la evolución del tipo de cambio con respecto al dólar deflactado por la inflación interna de Uruguay y de cada uno de los países objetos de dicha comparación. Si tomamos como base el promedio del año 2004, en octubre de 2009 la caída de la capacidad de competencia de Uruguay era de 33,5% con respecto a un índice global que incluye la mayoría de los países con los cuales existe intercambio comercial. Si, en cambio, realizamos la comparación con los países extrarregionales, la caída es de 64,3%. Para la Cepal el tipo de cambio real efectivo de 2009 es 24,5% inferior al predominante en 2004 y su apreciación cambiaria es solamente superada por Brasil y Venezuela. Ello marca nítidamente que el dólar cayó mucho más en Uruguay que en el resto del mundo. Para Uruguay una excepción importante es Brasil. En efecto, la apreciación del real con respecto al dólar es mayor que la de Uruguay. El dato no es menor en la medida que Brasil ocupa el primer lugar de los países compradores de productos uruguayos. Lo que sí queda en evidencia es que la caída del dólar no es similar en todos los países y que Uruguay es uno de los países donde su caída ha sido más significativa. Recordemos que en promedio del año 2004 el tipo de cambio había alcanzado a $ 28,70 pesos por dólar y hoy se encuentra por debajo de 20 pesos.
En la década del 90 el atraso cambiario en Uruguay había tenido repercusiones muy negativas sobre la actividad industrial, que registraba fuertes caídas, con cierres de empresas manufactureras y considerable aumento de la desocupación industrial. También lo sufrían los exportadores y los productores agropecuarios. En estos cinco años de gobierno frentista, pese a la caída del tipo de cambio la industria manufacturera tuvo aumentos muy importantes de su producción, con crecimiento del empleo industrial y de los salarios reales. Tampoco sufrió la mayoría de los productos agropecuarios de exportación. La diferencia sustantiva con respecto a la década del 90 deriva de la evolución muy favorable de los precios internacionales de los principales productos de exportación. En efecto, en 2007 y 2008 las commodities y los alimentos tuvieron los mejores precios internacionales de los últimos 30 años. El descenso de 2009 los mantiene a niveles del año 2007, que siguen siendo muy altos. El aumento de los precios internacionales de los productos de exportación compensa la caída del tipo de cambio real efectivo, de la capacidad de competencia cambiaria. En algunos casos los compensa significativamente. En otros, como en textiles, los aumentos son inferiores a la caída del tipo de cambio real. En los balances de las economías de América Latina y el Caribe la Cepal muestra que los precios de exportación de Uruguay crecen año a año desde 2004. En 2009, pese a una leve caída se mantiene un 42% por encima del año 2004, mientras que la caída del tipo de cambio real efectivo en el mismo período fue de 24,5%. Precios internacionales muy altos y elevada apreciación del real brasileño facilitaron que el descenso de la capacidad de competencia cambiaria, o tipo de cambio real efectivo no haya tenido más consecuencias negativas en las actividades agropecuarias e industriales.
La caída del tipo de cambio real se utilizó para combatir los aumentos de precios internos, aunque a nuestro entender no se justifica usar la política cambiaria con objetivos antiinflacionarios cuando estamos en presencia de aumentos de precios internos de un dígito. También se utilizó para atender la imagen en los mercados financieros internacionales, al bajar considerablemente la relación deuda/PBI como consecuencia de la sobrevaloración del PBI por el descenso del tipo de cambio nominal. Esta también permitió bajar el gasto de intereses en moneda nacional y aumentar el gasto social sin afectar los equilibrios fiscales. La baja del tipo de cambio permite lograr una especie de «populismo cambiario», al decir del brasileño Bresser Pereira, por el aumento del consumo interno de productos importados abaratados por dicha baja. Ello también contribuyó al crecimiento económico del período.
En los regímenes de tipo de cambio único, la política cambiaria para la competitividad se determina en función de la industria manufacturera y los servicios. El sector agropecuario goza de ventajas comparativas estáticas derivadas de la calidad de sus recursos naturales. La industria y los servicios requieren un tipo de cambio más alto para competir en el mercado internacional y para protegerse de los productos importados. Una evolución desfavorable de los precios internacionales de los productos de exportación o una devaluación del real dejarían al desnudo el actual descenso de la capacidad de competencia cambiaria. A la larga se paga muy caro el mantenimiento de un tipo de cambio tan bajo como el actual. Así lo muestra la caída de «la tablita» en 1982 con fuertes fugas de capitales y crisis bancarias. El atraso cambiario de la década del 90 culminó con la crisis bancaria, económica y social de 2002. La ley de convertibilidad de Cavallo en Argentina duró diez años y terminó con una profunda crisis económica y social. El nuevo gobierno del FA debería iniciar un proceso de reversión gradual de esta situación. La competitividad cambiaria es vital para una dinámica inserción internacional y, especialmente, para colocar rubros con mayor contenido tecnológico, tanto en la industria y los servicios como también en los provenientes de recursos naturales. Esta debería ser la estrategia central de un futuro proyecto nacional, en el cual lógicamente la competitividad deriva fundamentalmente de la incorporación de progreso técnico y de la calificación de los recursos humanos.
|*| Senador por la 609-FA, economista
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