LA REFORMA DEL ESTADO

Pensándolo bien, somos partidarios de disolverlo más que de reformarlo. No hacen falta mayores explicaciones desde que la propuesta es viejísima, harto conocida y totalmente cierta.

Lo demuestra por evidencia la simple y tristísima realidad como para andar perdiendo el tiempo en fundamentaciones de otro tipo (que también las hay).Creemos sin embargo que nuestros abuelos equivocaron un cálculo: estimaron que los bienes terrenales, acuáticos y aéreos eran infinitos. Hoy todos sabemos que lo único infinito es la estupidez humana.

De todo lo demás, al decir de Einstein, caben muchas dudas. Y esa finitud implacable de las cosas corta alas a gran parte de los sueños fundacionales. Porque mientras haya escasez de algo, será necesario que haya Estado. O, dicho de otro modo, ases de bastos para garantizar la vindicta pública. Es increíble que tantos abogados hayan puesto el grito en el cielo cuando Mujica dijo que la justicia humana tiene algo de venganza cuando en la purísima realidad práctica y teórica dicha justicia es la venganza. Eso sí: reglamentada. Incluso algunas justicias divinas que se han propuesto son venganza totalmente injustificada.

El Antiguo Testamento, sin ir más lejos, es horripilante. En realidad, tanto Mujica como sus críticos, por mal uso del idioma confundieron sin querer Justicia con la Policía, el Poder Judicial y las cárceles. La Justicia es cosa que nada tiene que ver con esas tres. Mientras haya escasez de algo seguirá habiendo economía política y por ende para nuestra desgracia, economistas y contadores.

Ademas de los letrados ya citados para hacer cumplir a como sea, lo que aquellos decidan. Si la Policía, los jueces y las cárceles no son temibles, serán inútiles. Apenas servirán para ocasionar molestias. En este aspecto, la anarquía fue refutada por la ecología. Green Peace no es más que una extravagante nueva Policía. Un naciente Estado Nuevo. No es no gubernamental: es ultra gubernamental.

Por lo tanto, aquella tan anhelada disolución total del comienzo debe ser corregida agregándole un sujeto al verbo. Algo así como por ejemplo: «Lo que hay que disolver, para el caso uruguayo contemporáneo, es este Estado y construir otro (como hace Green Peace) que sea funcional al programa. El presente Estado resultó ideal para aplicar programas blancos y colorados pero no sirve para programas frenteamplistas.

Es funcional a un cierto tipo de Uruguay pero contrario para el que, casualmente, cuenta con tanto apoyo popular. En ese sentido la Ley de Defensa ha sido un desapercibido primer gran paso legislativo de una gran reforma del Estado. Ahora habrá que reglamentar e implementar lo que ordena la Ley. Parece mentira pero, contra todo lo imaginado, fueron las Fuerzas Armadas la única grandísima oficina pública que incluso ayudó a redactar la Ley de su propia gran reforma desde las ametralladoras y los fusiles de caño estriado que tartamudeando, como tan bien dijo Osiris, deforestaron el país de lanzas.

A nuestro juicio el Poder Judicial debería ser la próxima grandísima oficina pública que haciéndose un elegante haraquiri redacte la Ley que la reforme de una buena vez por todas. Carece totalmente de excusas ya que al revés de los cuarteles, en los juzgados sobran abogados para ello.

Esperaremos esa Ley con ansiedad sabiendo de antemano que será de rechupete. Tal vez por ella la democracia entre por fin en aquellas arcadas románicas, se elimine para siempre esa gigantesca reserva de mercado y puedan concursar para ser jueces de cualquier categoría los mejores abogados del país que así lo deseen sin necesidad de que un grado cinco deba pasar antes por el Juzgado de Paz de Parada El Tropiezo, cerca de las cuevas prehistóricas recién descubiertas en Matojito, e ir juntando antigüedad para llegar al fin por cansancio etario a cierto Tribunal de Apelaciones con CTI ad hoc esperándolo al borde de la vida. El Poder Judicial es uno de aquellos lugares tan uruguayos en los que se postula que por antigüedad se puede llegar a ser Maradona.

Esperemos que por esa Ley queden separadas por fin en el Poder Judicial las tareas administrativas de las de juzgar, terminando con ese revoltijo de carne para chorizo y que al igual se elimine esa especie de derecho de pernada por el que los altos cargos designan por sí y ante sí una cuota importante (y para cada uno) de las personas a ingresar en el Poder.

El clientelismo acá está también debidamente reglamentado. La joda es joda pero es legal aunque sea totalmente ilegítima. No tenemos nada en especial contra dicho Poder salvo el temor de que como tantas otras veces procure pasar hábilmente lo más desapercibido posible cuando se oye hablar de reformar el Estado. No se siente parte de él. En realidad constituye una especie de extraterritorialidad pero legal como las zonas francas. Museo ejemplar, espectacular y en vivo, de un gremio de la Edad Media totalmente actuante por el que no pasó todavía la toma de la Bastilla ni, menos, la caída de la dictadura.

|*| Senador de la CAP-L – FA

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