LA ESTABILIDAD DEL GOBIERNO ELECTO Y EL HOMENAJE A CORES

El gobierno electo, bajo la presidencia de José Mujica, entró en una etapa de estabilidad y consolidación. Ha culminado el proceso de conformación del gabinete ministerial con acuerdo de todos los sectores políticos que componen el Frente Amplio. Se inicia una etapa de diálogo con los partidos de la oposición que aparece como muy fructífera a la búsqueda de políticas de Estado para algunos temas. Pasadas las lógicas divergencias de toda campaña electoral, surgen elementos de cooperación entre todos los partidos que componen el sistema político nacional. Esto incluye la lógica participación de la oposición en los directorios de las empresas públicas, entes autónomos y servicios descentralizados. Sería deseable que cuanto antes se logren acuerdos para la integración de la Corte Electoral y el Tribunal de Cuentas. El país pasa por una situación económica envidiable con proyecciones de alto crecimiento para el año 2010. Con muy buena imagen en el mercado financiero internacional y muy buen relacionamiento con los países desarrollados, especialmente con Estados Unidos, Mujica intentará profundizar la cooperación e integración sudamericana para lo que será necesario mejorar sustantivamente la relación con Argentina.

Se entra en un período de paz política como ocurre al inicio de un nuevo gobierno. Y éste comenzará a aplicar el programa de gobierno aprobado por su fuerza política. Con este grado de serenidad y estabilidad política aprovechamos para recordar una figura entrañable de la izquierda uruguaya como Hugo Cores. Aunque no compartimos todas sus ideas, su capacidad de reflexión y lucha hubieran sido relevantes para un segundo gobierno frentista. El viernes 18 de diciembre participamos, en representación del FA, en un homenaje de la vigencia del pensamiento de Hugo Cores a tres años de su fallecimiento.

Cores fue un revolucionario auténtico, leal a sus principios y convicciones basadas en transformaciones profundas. Hoy la democracia nos lleva al diálogo, a los acuerdos y a la búsqueda de las políticas de Estado. Cores no creía en la armonía social dentro del capitalismo. Utilizaba la política como instrumento de persuasión pero de manera confrontativa, desde un ángulo clasista. Era irreductible pero cálido de alma y siempre un negociador. Observaba la realidad con gran objetividad. Su mirada conjugaba el perfil de historiador, sindicalista y político. Fue un ideólogo del socialismo libertario y un radical clasista que enlazaba el anarquismo con el marxismo. Era un polemista excepcional, pero también con capacidad autocrítica por no haber ingresado al FA en su fundación de 1971. Sus principios éticos siempre estuvieron presentes en todas sus actividades. Pensar en Cores es recordar expresiones como compañerismo, unidad, solidaridad. Chifflet lo consideró un héroe y, en lo personal, sentí que era un imprescindible en el lenguaje de Bertolt Brecht. Recordar a Cores me trae a la memoria a Zelmar Michelini por su discurso pasional y vibrante, especialmente en su lucha por los derechos humanos, tema central de la trayectoria política de Hugo. También a Héctor Rodríguez, clasista pero con mayor tendencia a los acuerdos sociales, como referente ético y político.

Cores tenía hábitos de encarar colectivamente los problemas sindicales y políticos. Era un hombre de partido que luchaba por la participación social y política. Creía en la democratización del partido, tema central en la necesidad de una nueva orgánica para el FA, con representación de sectores que expresan nuevas formas de comunicación. Especialmente teniendo en cuenta la alta participación de los jóvenes en la campaña electoral por fuera de la orgánica a través de, por ejemplo, las redes frenteamplistas, del banderazo y múltiples manifestaciones masivas que deberán alcanzar algún grado de participación orgánica. Creía en la necesidad de expresar ideas no sólo desde el gobierno sino también desde el partido. Y aquí surgen nuevamente las relaciones partido-gobierno y partido-sociedad. En el primer gobierno frentista el partido estuvo ausente, sin cumplir con nitidez la necesaria función de apoyo, como la del control en el cumplimiento del programa. La relación del partido con las organizaciones sociales es un tema central para la izquierda. Cores era un defensor de la necesidad de asegurar nítidamente la autonomía sindical.

Recordar y homenajear a Cores nos lleva a la necesidad de investigar y profundizar en las relaciones de poder. En países pequeños como Uruguay, lo internacional tiene un peso importante en las relaciones de poder por la presencia de empresas transnacionales y por la influencia de la potencia dominante a través de diversos mecanismos incluido el peso de los organismos financieros internacionales. En una primera aproximación podemos hacer el análisis desde el ángulo militar, económico-social y político. El poder militar ha perdido fuerza por la consolidación de la democracia, por su subordinación al poder civil, por la política de EEUU hacia Uruguay. Militares relevantes de la dictadura están detenidos por violaciones a los derechos humanos sin reacciones negativas de las FFAA.

En el plano económico-social, en un primer nivel de poder ubicamos a las grandes instituciones financieras, básicamente extranjeras, y a los grandes medios de comunicación. Acciones de control financiero y de democratización de los medios, que significa asegurar la libre competencia, serán importantes en un segundo gobierno frentista. En un segundo nivel de poder ubicamos a los sectores empresariales agropecuarios, industriales y de servicios con los que se han mantenido muy buenas relaciones de diálogo y acuerdos. En este mismo nivel ubicamos al movimiento sindical, que ha ganado poder de negociación, que ha mejorado sus niveles de salarios, que ha aumentado el número de sindicatos y de sindicalización y que se ha beneficiado de relaciones capital-trabajo más equitativas por el accionar del gobierno frentista. Pierden fuerza los intelectuales por su menor capacidad de propuestas, por las limitaciones de la investigación de los problemas económico-sociales atendiendo a la especificidad de los problemas nacionales y regionales.

En el plano político, el gobierno frentista con mayoría absoluta en el Parlamento ha ganado espacios de poder, imponiendo una mayor intervención del Estado que favorecieron a los sectores más humildes, más desposeídos y desprotegidos sin afectar significativamente a los sectores empresariales. Estos se sintieron relativamente cómodos con las medidas tributarias del gobierno, les costó aceptar una mayor equidad en las relaciones capital-trabajo y expresaron su disconformidad, con cierto grado de razón, con la política cambiaria.

En estos momentos de calma política es importante rememorar las reflexiones y aportes de compañeros frentistas como Hugo Cores.

|*| Senador por la 609-FA,  Economista

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