Consistencia
Juan Marsé describió así a Buster Keaton: «Impasible, veía venir los disparates y los desaguisados del siglo sin mover un músculo de la cara, y les hacía frente».
¿Quién fue Keaton? Lo sabemos. Pero más que su oficio, interesan su entereza moral y su entrega a la sensatez, la dignidad y la generosidad.
Es curioso por qué lo he recordado.
Ocurre que al momento de escribir esta columna supe que Ernesto Agazzi desestimó definitivamente la pretensión de José Mujica, exhibida con una terquedad admirable, de que asumiera el Ministerio de Educación y Cultura.
Haberla titulado con la palabra consistencia rinde honor a dos virtudes de aquel que se negó con firmeza: su honestidad intelectual desde el inicio de la peripecia, aduciendo una falta de preparación notoria para esa responsabilidad, y la integridad con que la mantuvo para resistir el discurso lleno de seducción y de afecto de su viejo compañero de ruta.
Recordemos siempre que el ser humano es débil, contradictorio y suele traicionarse a veces con la mejor intención.
Al Frente Amplio le sobran candidatos creíbles para encabezar la cartera de Educación y Cultura: Ricardo Ehrlich raramente aferrado a un regreso al palacio de ladrillo, donde se le ve más fuera de lugar que al bajista de Buitres obligado a tocar «La pasión según San Mateo» de Bach, Constanza Moreira, Jorge Brovetto, quien ya ejerció esa función, Gonzalo Carámbula, Luis Garibaldi y varios más.
¿Qué llevó a Mujica a sostener hasta ayer, con uñas y dientes, la que fue su propuesta inicial? No lo sé. Pero es una pena que esa ignorancia mía, y de la mayoría de los ciudadanos, aliente la idea de que, además de cariño y respeto, pudo haber revivido la disputa entre confianza personal y reparto, a fines de analgésico general.
Cual pantera improbablemente gentil, parece que acecha todavía a las grandes decisiones políticas la antigua, mezquina, pueril, ya arqueológica búsqueda del equilibrio sectorial.
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