LAS NUEVAS ETAPAS DEL SEGUNDO GOBIERNO DEL FRENTE AMPLIO

Después de la resonante victoria del Frente Amplio, en la segunda vuelta los frentistas siguieron festejando con extraordinaria alegría. Es una masa de población que no pudo festejar, de acuerdo a sus deseos, porque no se había llegado a ganar en la primera vuelta o por no haber alcanzado las mayorías necesarias para anular la Ley de Caducidad. Se venía festejando durante los meses de octubre y de noviembre. Primero en el Interior, donde el FA alcanzó un extraordinario salto cualitativo y cuantitativo. En 20 años aumentó 40 puntos porcentuales en el interior del país, pasando de casi el 10% de votantes en 1989 a superar el 49% el 29 de noviembre de 2009. En octubre y noviembre surgieron nuevas manifestaciones en Montevideo, donde resaltan las acciones de nuevas redes, especialmente de jóvenes, que encontraron nuevas formas de participación política que deberán concretarse con mayor organicidad en el futuro inmediato. Eran básicamente frentistas que apoyaban al Pepe, que apoyaban la fórmula, que generaban permanentemente entusiasmo frentista aunque se cometieran errores. Pese a las rigidices de la orgánica, a declaraciones confusas, esa masa frentista parecía funcionar por encima del bien y del mal. Ellos querían ganar y festejaban por anticipado. Pero ahora hay que gobernar y deberán buscarse nuevos canales de comunicación para que el conjunto de estos frentistas pueda tener alguna forma de participación en la fuerza política. Es muy claro que no lo harán a través de los comités de base, de extraordinario papel y valor histórico, pero sin horizonte de futuro. El presidente del FA debería convocar a los principales representantes de esas redes y encontrar conjuntamente nuevas formas de participación.

Todos suponíamos que después del triunfo en la segunda vuelta el Pepe se tomaría, por lo menos, una semana de descanso. No fue así: inició el diálogo con los partidos de la oposición y, en tiempo récord, tiene prácticamente armado su futuro gabinete ministerial. No nos convence la cuota política rígida entre los distintos sectores componentes del FA. La representación de los distintos sectores es necesaria para asegurar la unidad de la fuerza política en el accionar del gobierno. Pero puede hacerse con mayor grado de flexibilidad, especialmente para incorporar figuras relevantes de la vida nacional, no sectorizadas, que eleven el nivel de excelencia que requiere un gobierno de izquierda. La excepción es el nombramiento del nuevo ministro de Ganadería y Agricultura, donde parece existir consenso de una figura muy buena para el cargo. Los problemas que se suscitaron en el nombramiento del Ministerio de Transporte y Obras Públicas tienen diversas causas. Entre otras, el propio rígido cuoteo político. Tabaré Vázquez designó 7 cargos ministeriales sin atender demandas sectoriales. Mujica no es Vázquez. No tiene ni las características de Tabaré ni su liderazgo en la interna del FA. Es más dialogador, más negociador, probablemente más conciliador. A su tiempo seguramente vaya zafando del cuoteo rígido, que tantas dificultades le trajo al gobierno de Salvador Allende en Chile. Mujica debería armar un amplio equipo multidisciplinario de asesoramiento permanente, al estilo del que tuvo Ricardo Lagos durante su presidencia en Chile. Se podría estudiar dicha experiencia y adaptarla a las características de Uruguay y del nuevo presidente. La creación de un Ministerio de Gobierno, liderado por Bonomi, nos parece una medida acertada.

Pero Mujica quiere tener un mayor relacionamiento con la bancada de legisladores frentistas y con su fuerza política. Los diálogos de la bancada de gobierno con el presidente Tabaré Vázquez se dieron en muy pocas oportunidades. Los diálogos con los ministros fueron muy dispares. En algunos casos hubo relaciones muy directas y muy estrechas durante la elaboración de proyectos de ley. En otros casos, muy distantes y sin ninguna participación de los legisladores en la elaboración de relevantes proyectos de ley antes de su llegada al Parlamento. Todos esperamos que esta situación sea más constructiva y de mayor cooperación entre ambos poderes.

Pero también es muy relevante la relación entre el partido triunfante y el próximo gobierno. Las relaciones partido-gobierno no son sencillas y así lo marcan las experiencias de los distintos gobiernos progresistas de América del Sur, donde son casi inexistentes. No es un tema relevante para los gobiernos de derecha, pero sí lo es para un gobierno de izquierda que ha propugnado permanentemente por diversas formas de participación política y social. La fuerza política tiene que prestarle su apoyo al gobierno, pero también debe cumplir una importante función de contralor del cumplimiento de su programa de gobierno. Durante el primer gobierno del FA, la fuerza política prácticamente no cumplió ninguno de esos dos roles. Sus características orgánicas no le facilitan esa tarea. La integración y representación de los principales organismos del FA son obsoletas y ya no están en condiciones de cumplir con eficacia sus principales tareas. En la actualidad el FA no tiene una dirección que defina, que tome decisiones que sean aceptadas por el conjunto de las fuerzas políticas que lo integran. No existe un ámbito serio de discusión política. No es un problema de hoy ni fruto de que el FA haya ganado las elecciones y sus principales cuadros pasaran al gobierno. Es un problema que se arrastra desde hace mucho tiempo. Mujica necesita de una fuerza política seria y responsable, con capacidad de dilucidar diferencias internas, de resolver estrategias globales que ayuden al funcionamiento del nuevo gobierno. El estilo de Mujica, de mayor diálogo, con mayor capacidad de negociación obligará a encontrar nuevas fórmulas en el Frente Amplio para cumplir eficientemente sus principales roles. Los distintos sectores políticos componentes del FA deberán buscar y encontrar los acuerdos y las fórmulas más adecuadas para esta necesaria reformulación orgánica del FA. Se trata de encontrar nuevas formas de relacionamiento entre partido y gobierno. Mujica, como presidente, como gobierno, está dispuesto a encontrar nuevas fórmulas de entendimiento y cooperación. Es imprescindible que el partido se adapte a la nueva situación. Es una gran oportunidad para el partido y muy importante para la izquierda.

|*| Senador por la 609-FA, economista

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