Cualidades
¿Qué cualidades deben adornar a una persona para ser buen vendedor de publicidad? ¿O excelente agricultor? ¿O magnífico profesor de enseñanza terciaria? ¿O estupendo criador de chanchos?
En cada caso, ni usted, lector, ni yo, enfrentaríamos obstáculos para describirlas y nos sería sencillo encontrar unos cuantos buenos publicitarios, agricultores, académicos y engordadores de cerdos.
Entonces ah, duda que revuelve mis vísceras y mis pocas neuronas, ¿por qué es tan difícil hallar un candidato a intendente?
En tamaño lío andan metidos los partidos, aunque, eso sí, por cuestiones estratégicas diferentes, sin poder salir rápidamente agitando la coincidencia.
¿Es mejor que al candidato lo destaquen habilidades políticas o de administrador, para el caso de que alguien tenga claro qué significan ambas cosas? ¿Se prefiere al individuo de carácter fuerte y directo, quizá con fisonomía de cejas y bigotes abundantes y amenazadores, o al conciliador algo sinuoso de sonrisa bonachona, mano extendida y orejas alertadas?
¿O acaso, otra vez, depende de esa deshilachada idea, que parece tener las siete vidas felinas, del equilibrio partidario?
Blancos y colorados están loquísimos, boqueando a la búsqueda no sólo de un candidato por departamento, sino de un acuerdo de parroquia, o de cordero asado en cruz, o de altillo mal iluminado a velas con la esperanza de parar la sangría de votos.
El Frente Amplio, justo en su tiempo de triunfo aplastante, también delira con idénticas dudas pero por razones distintas. Su fobia aletargante vuelve a ser la que fue: ¿elige a los más capaces, pone a salvo el equilibrio entre los sectores o, sencillamente, juega a la ruleta con algún golpe de efecto porque, en realidad, el candidato anhelado, con sus cualidades a cuestas, se escabulle jugando a las escondidas?
Puede que el hombre de la chacra haya olvidado, en el baúl de sus recuerdos, algún artefacto óptico útil a semejantes circunstancias.
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