Novela por entregas
Así como demasiada armonía y proporción pueden agotar a un tipo común, un viaje espasmódico, casi siempre traqueteado y sobre todo espantosamente largo le puede provocar un accidente vascular.
Se me ha ocurrido esto que usted, lector, puede apartar apenas leído como muestra de mi vejez intelectual al observar los más recientes vericuetos a que ha obligado la terquedad de los ambientalistas de Gualeguaychú, todavía dueños a pura prepotencia de una ruta esencial.
Consta claramente que José Mujica, ya como presidente electo, ha expresado a su aire una disposición firme de arreglar esta cuestión enojosa, frustrante, por momentos intempestiva. No se sabe tan bien cuál será su estrategia. Hay quienes dicen, afincados en su sitio de allegados, que hablará con el sinuoso, resbaladizo, astuto y ambicioso matrimonio Kirchner. Hay quienes dicen, también presentándose como cercanos al hombre de la chacra, que la idea de Mujica es una conversación con los mismísimos ambientalistas.
Si yo me afiliara a cualquiera de estas versiones sería un irresponsable; carezco de las certezas suficientes y no me basta la difusión periodística.
De todos modos, está claro que son estrategias muy diferentes.
Con los Kirchner no tendrá más remedio que negociar. ¿Qué y cómo? Ah, seguramente esa agenda querrán presentarla ellos, sabiéndose, como se sabe sin dudas, que no dan puntada sin hilo ni hacen concesión alguna sin algo que a cambio les caiga en las manos. Esto, de otra forma, no tiene arreglo.
¿Cara a cara con los ambientalistas? Sería un error y un exceso de confianza.
Error porque sonaría a legitimación de estos escasos individuos de carpa, gorro y mate, malhablados, charlatanes y agresivos que están fuera de la ley. Exceso de confianza porque no parece convenirle a Mujica un quizás para él inesperado pero probable entredicho.
Veremos. Mientras tanto, ahí sigue, nomás, esta cabezona, cuadrada, insensata novela por entregas.
Compartí tu opinión con toda la comunidad