POR QUE GANAMOS
El FA ha construido una fuerte unidad y un sentido de pertenencia que no tiene parangón entre las organizaciones políticas del continente, incluyendo las más antiguas. Esos rasgos deben formar parte de una explicación del desenlace electoral.
En la concepción del Frente Amplio (FA) confluyeron tres corrientes de pensamiento que le aportaron rasgos distintivos que se han mantenido en el tiempo, más allá de la renovación que el FA ha ido procesando y de las contribuciones de otras ideas y experiencias: 1) el marxismo, en sus diversas corrientes, que le aportó un lúcido análisis de la sociedad capitalista y de las relaciones internacionales, con una fuerte impronta solidaria e internacionalista; 2) la socialdemocracia, que subrayó la autonomía de lo político como manifestación de la voluntad popular a través de la participación electoral y en el sistema político dentro de la democracia, y 3) el pensamiento social cristiano o demócrata cristiano, con su reivindicación de la persona humana y sus derechos y de los valores cristianos a través de la actividad política democrática y el pluralismo ideológico y partidario.
Al mismo tiempo, el FA se nutrió e inspiró desde su nacimiento en la historia nacional, recogiendo en especial el legado artiguista, e incluyendo la mejor herencia de las colectividades históricas colorada y blanca. Y, como parte de esa historia, también la lucha de los movimientos sociales y de los partidos de izquierda y centroizquierda en nuestro país.
La concepción frenteamplista de la política se ha proyectado más allá de nuestras fronteras y ha incidido en el progresismo de América Latina, de manera particular a través de su participación en el Foro de São Paulo, convocado por Lula y su partido en 1990, donde se fueron forjando visiones que, de alguna manera, confluyeron en lo que Enrique Iglesias ha llamado «la ola progresista».
Otro rasgo constitutivo muy original del Frente Amplio es su concepción de coalición y movimiento, que dio lugar al surgimiento de los comités de base, organismos insustituibles e indispensables en la estructura orgánica. Una orgánica fuerte, más allá de que requiera actualizaciones porque la sociedad y la política han ido cambiando, que garantiza que las posiciones que se adoptan sean respetadas por todos sus miembros. El FA ha construido una fuerte unidad y un sentido de pertenencia que no tiene parangón entre las organizaciones políticas del continente, incluyendo las más antiguas.
Esa unidad ha prevalecido incluso en momentos de crisis o situaciones extremas. Pero ese espíritu unitario está sujeto a los avatares de la vida política y de la propia condición humana, por lo cual hay que cultivarlo cada día mediante la renovación del compromiso frenteamplista.
La unidad puesta a prueba
Esta concepción del FA le permitió ir superando pruebas extremas en sus casi cuatro décadas de vida, como la acción de la dictadura, que centró sus objetivos políticos en la destrucción del Frente y no vaciló en perseguir, en el marco de una represión generalizada contra nuestro pueblo y todos los partidos políticos, a los dirigentes y militantes frenteamplistas, que pagaron un alto precio.
Pero ya antes del golpe, en la campaña electoral de 1971, las primeras en las que compareció el FA, fundado el 5 de febrero de ese año, nuestra organización fue objeto de una sistemática persecución. Cabe señalar al respecto la gira previa a los comicios del 71, donde, junto a un inmenso respaldo popular a la nueva fuerza política, sucedieron graves episodios, entre los que cabe destacar la agresión a balazos al ómnibus donde iban los integrantes de la fórmula presidencial, el general Líber Seregni y el doctor Juan José Crottogini, que costó la vida de un niño en la ciudad de Castillos, y, ese mismo día, el intento de apuñalamiento a Seregni dentro del teatro de Rocha. En aquel lejano 1971 páginas enteras de la prensa se dedicaban a estigmatizar al Partido Demócrata Cristiano (PDC) llamándolo «Peón Del Comunismo». Hubo un atentado contra la casa de Crottogini y varios ataques contra nuestros locales, y pintadas prometiendo la muerte de frenteamplistas o anunciando que una victoria del FA aparejaría el ingreso de «tanques soviéticos» para imponer el comunismo o el ataque a la propiedad privada que despojaría a la gente más humilde de sus bienes. Luego vino la dictadura, en la que vimos muchos tanques, pero no soviéticos ni cubanos, y muchos ataques a la propiedad privada y, peor aun, a la vida privada de la gente…
El FA debió pasar otra dura prueba, de características diferentes a las que acabamos de señalar, en 1989, cuando tras una crisis interna produjo una importante escisión. Pese a ello, pocos meses después el Frente logró su primera victoria al conquistar la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM), con el actual presidente Tabaré Vázquez como candidato, y recomponer su respaldo político anterior a la crisis.
Y años después, ya consolidada la democracia, luego de un exitoso primer gobierno del FA, que no rompió los equilibrios y la estabilidad como habían pronosticado los dirigentes tradicionales, sino que los restableció tras los amargos acontecimientos derivados de la crisis de 2002, revivimos en la reciente campaña electoral algunos de aquellos procedimientos del 71 al volverse a agitar «cucos» y un obsoleto terrorismo ideológico. Pero de esta campaña, así como de la incidencia que tuvieron los logros del primer gobierno del FA, hablaremos en próximos artículos.
Lo que la oposición debería entender
Recordemos ahora que al llegar al gobierno nacional en 2005 al Frente no se le concedió una tregua, ni el crédito provisorio que cabía esperar de la oposición al iniciarse una nueva administración. Si bien los partidos Nacional y Colorado acompañaron algunas iniciativas importantes con su voto en el Parlamento, se batió el récord de interpelaciones, que se convocaron hasta pocos días antes del balotaje, y hubo una sistemática prédica opositora sin contrapropuestas. Justo es decir que no todos los dirigentes y legisladores de la oposición asumieron como norma sistemática esta conducta. Pero la mayoría siguió esa estrategia, que no tuvo en cuenta lo que está en la base de las fortalezas del FA. Una manifestación de esto ha sido la prédica sistemática desde la página editorial del diario «El País» (página que distingo de otras secciones de información de ese medio en las que no se expresa necesariamente esa visión). Uno de los errores más grandes que ha cometido la derecha es querer asimilar al conjunto del frenteamplismo con su pluralismo y democracia interna con determinadas ideologías o estrategias que, siendo sustentadas por algunos sectores del FA, no son las de éste ni han formado parte de las definiciones programáticas ni de la acción política del Frente Amplio. A título de ejemplo, algunas organizaciones integrantes del Frente tienen una definición socialista, pero la palabra socialismo (y el objetivo socialista) no figura en ningún documento del FA desde 1971 hasta hoy.
Los partidos tradicionales pretendieron demostrar que había, primero, discrepancias irreconciliables entre los sectores del FA con relación a los objetivos y al programa (cuando, más allá de las referidas diferencias ideológicas, hubo coincidencias en los objetivos y el camino del Frente); segundo, que había discrepancias entre el programa y las medidas del gobierno (lo cual significa confundir las grandes líneas que traza el Congreso con su puesta en práctica por parte del gobierno) y, tercero, que había discrepancias entre el FA y el gobierno frenteamplista (sin advertir que, más allá de diferencias oportunamente zanjadas y que no pretendemos desconocer, una cosa es la función de la fuerza política y otra la del gobierno). A la luz de los resultados electorales, las tres cosas resultaron infructuosas porque, con la fórmula José Mujica-Danilo Astori, el FA venció demostrando
una fuerte unidad interna, un sólido respaldo al gobierno y el acatamiento del programa. El Frente supo levantar propuestas reales de cambio y no meras promesas. En su visión de país radica una clave esencial para comprender el proceso que culminó el 29 de noviembre.
No estoy para darle consejos a nadie, pero si las fuerzas tradicionales pretenden revertir su situación, tendrán que asumir el cambio cultural que se ha ido procesando en Uruguay. De esa manera también, además de exigir y proponer, ayudarían al próximo gobierno a superar sus propias limitaciones, fallas o equivocaciones que, como toda obra humana, seguramente va a tener. El FA cometió sin duda muchos errores cuando fue oposición, pero tuvo propuestas alternativas a aquello que criticaba y las fue aggiornando a la luz de la experiencia y en estrecho contacto con la realidad, que no se puede transformar si no se la conoce e interpreta bien. También por eso volvió a ganar.
En el próximo artículo analizaremos otros factores de por qué ganamos.
|*| Diputado y senador electo de AU-FA
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