LA DEMOCRACIA Y LOS ACUERDOS POLITICOS

Uruguay es uno de los países con mayor raigambre y apoyo a los principios democráticos. La sociedad uruguaya es profundamente democrática. El sistema político también lo es. Democracia es libertad y justicia. La democracia política es más que la democracia electoral que requiere el voto universal y secreto, elecciones libres y limpias y pluripartidismo. Uruguay es un ejemplo de democracia electoral. Pero también lo es de democracia política que significa las libertades básicas, ajustarse al Estado de derecho con poderes judiciales independientes, garantía de los derechos humanos y el gobierno de mayorías y el control de las minorías. Democracia significa el respeto y la tolerancia al otro, el de otros valores, de otras culturas y religiones. La democracia tiene una norma básica que es la convivencia pacífica. En el capitalismo hay conflictos sociales, hay distintos intereses de clases, hay confrontaciones, que la democracia intenta resolver por vías pacíficas. O sea, mediante el diálogo, las negociaciones y los acuerdos que pasan a ser instrumentos inherentes a la democracia. Los acuerdos políticos pueden tener diversos niveles. El más alto nivel correspondería a la participación de la oposición en el gabinete ministerial. Mientras el FA fue oposición nunca recibió ofertas de esta naturaleza. Sin embargo, cuando el FA accedió por primera vez al poder político, en el mes de noviembre de 2004, el Dr. Tabaré Vázquez ofreció cargos ministeriales a los partidos tradicionales. Estos no aceptaron dicha oferta. En teoría sería muy beneficiosa dicha participación de la oposición. Significa participar pero no necesariamente cogobernar. Ayudaría a la elaboración e implementación de las políticas públicas. No tendría porqué rebajar los elementos programáticos de la fuerza ganadora. Pero la participación de los partidos de oposición al gabinete ministerial requeriría de acuerdos programáticos. Estos llevan su tiempo y es difícil que se puedan concretar en plazos breves. La coyuntura actual, con algunas confrontaciones duras en la campaña electoral, hace que los partidos tradicionales no muestren mayor interés en dicha participación. Por otro lado el FA tiene mayoría absoluta en el Parlamento y los distintos sectores de la coalición muestran cierto apetito por participar en dicho gabinete. En los hechos, dadas las circunstancias actuales, parecería muy difícil la presencia en el Poder Ejecutivo de ministros pertenecientes a los partidos de la oposición.

La presencia de la oposición en los Entes Autónomos y Servicios Descentralizados es constitucionalmente obligatoria y políticamente necesaria e imprescindible. Si la democracia es el gobierno de las mayorías y el control de las minorías, estas no sólo tienen que controlar en el Parlamento sino también en el conjunto de las empresas públicas. El Frente Amplio como oposición no fue invitado a participar en los directorios de las empresas públicas, como hubiese correspondido, salvo en el primer gobierno del Dr. Sanguinetti con la restauración democrática. En dicha ocasión se le ofreció la participación de un director en seis instituciones públicas. El Frente Amplio, bajo la conducción de Seregni, las aceptó sin discutir las instituciones ni el número de cargos y eligió seis personas de prestigio y adecuada calificación para dichos cometidos. En el primer gobierno del FA se ofreció cargos a los partidos opositores en función de la proporción de votos obtenidos en las elecciones de 2004. Hubo diferencias con el Partido Colorado que exigía una participación en el Codicen. La falta de dicho acuerdo determinó que el Partido Colorado resolviera no participar en ningún organismo. Se acordó con el Partido Nacional para el conjunto de las instituciones pero surgieron diferencias con el número de cargos en el Directorio del Banco de la República. Al igual que el Partido Colorado, el Partido Nacional ­liderado por el Dr. Larrañaga­ jugó al todo o nada. Lamentablemente no participó y dejó de cumplir su tarea básica de gobernar y controlar las instituciones estatales. Todos esperamos que en esta nueva instancia, bajo el segundo gobierno de izquierda, puedan llegarse a los acuerdos indispensables para la necesaria participación de los partidos de la oposición en las empresas públicas y pueda concretarse la renovación de los organismos de contralor.

En el ámbito parlamentario, el Frente Amplio logró nuevamente la mayoría absoluta en ambas cámaras, lo que no debe inhibir la búsqueda de acuerdos en los grandes temas nacionales que permitan avanzar hacia políticas de Estado que marcan rumbos claros para las próximas décadas. El FA ha planteado la búsqueda de acuerdos en temas de seguridad, energía, educación y medio ambiente. Estos acuerdos no significan rebajar los contenidos del programa del FA. Significan rumbos y estrategias comunes de largo plazo, que enriquezcan la elaboración de dichos programas, que se puedan concretar en leyes y que ayuden a la implementación y aplicación de dichas disposiciones con el mínimo de confrontaciones. Son más difíciles acuerdos en determinados temas de política económica y de política internacional. Son muy claros los ejemplos en materia tributaria por la disposición del Partido Nacional de eliminar el impuesto a los jubilados ­Impuesto a la Asistencia de la Seguridad Social­ o ir eliminando el Impuesto a la Renta de las Personas Físicas. Podrían intentarse acuerdos en otros temas de política económica. Sin duda sería más fácil lograr acuerdos con economistas como Javier de Haedo, que con Gustavo Licandro o Isaac Alfie. En materia internacional la negativa del Partido Nacional de votar afirmativamente la Unasur dificulta acuerdos sobre el proceso de cooperación e integración de América del Sur, máxime cuando se plantea el retiro de Uruguay del Parlamento del Mercosur negando los esenciales factores políticos de todo proceso de integración. Otros temas de carácter internacional podrán ser acordados.

En estos días se discute la conformación del nuevo gabinete ministerial. Es imprescindible la unidad del Frente Amplio y la participación de los sectores que lo componen. Pero ello no significa la necesidad de un cuoteo rígido de participación de los distintos partidos que componen el FA, porque quedan fuera distinguidas y valiosas figuras de la vida nacional, sin cargos políticos, que no integran ninguno de los sectores. El Dr. Vázquez se reservó seis cargos en el primer gabinete ministerial y tuvo posteriormente la oportunidad de contar con gente joven y calificada que elevó el nivel del gabinete. Se debería buscar un equilibrio entre la participación sectorial, sin cuotas rígidas, y la excelencia de personalidades independientes como Aguerre, futuro ministro de Ganadería, que refresquen y marquen el nivel, la calificación y la eficacia del nuevo gobierno.

|*| Senador por la 609-FA, Economista

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