DIARIO DE CAMPAÑA: UNA MANO SERENA TENDIDA A LAS "MUCHAS MITADES" DEL URUGUAY

Escribo esta nota antes de que haya tenido lugar el acto eleccionario, pero desde la certeza que la fórmula Mujica-Astori se habrá impuesto en buena ley.

¿Cómo pienso deberíamos nosotros, los militantes frenteamplistas, abordar la victoria?

Con absoluta serenidad e hidalguía. Sin una sola palabra de mortificación o agresión a los adversarios políticos. Si ante los tropiezos y las derrotas se debe actuar con serenidad y paciencia, frente a los éxitos y avances, con el doble de serenidad y prudencia. Nuestro candidato, Pepe, ha dicho una y otra vez que convocaría a todos a conversar y buscar posibles puntos de acuerdo, manifestando su franca disposición a incorporar miembros de la oposición en su gobierno. Esto requiere un clima de serenidad espiritual, de dejar de lado las asperezas de la campaña. No es momento de revanchas ni facturas. No es momento de sacudir la camiseta y mostrársela a la hinchada propia o ajena. Es momento de construír. Esto no significa que vayamos a coincidir todos, presumiblemente los acuerdos sólo serán parciales o habrá diversos niveles de acuerdos con distintos actores, pero hay que buscar el clima de paz espiritual que los haga posibles. Este gesto de grandeza, de mano tendida responsable y seriamente, está absolutamente a la altura de la historia del Frente Amplio. Basta con responderse una sola pregunta: ¿Con qué espíritu enfocaría el Gral. Seregni la victoria?

Esta búsqueda de un clima de serenidad no debe confundirse con desmovilización. Entre el 30 de noviembre y el 1 de marzo se definirá buena parte de la agenda del futuro gobierno. Y el gobierno de Tabaré seguirá tomando definiciones de enorme incidencia ­presumiblemente consensuadas con el nuevo gobierno y sus asesores­ y así debe ser. Por ambos factores, mucho importa que el fantástico nivel de movilización espontánea que alcanzó la militancia frentista en el tramo final de esta campaña no se desvanezca. Evidentemente, la efervescencia de la campaña no se mantiene cuando la misma termina, pero el interés por los temas de fondo, la capacidad de autoconvocarse para transmitir posiciones es un verdadero tesoro que la militancia frentista debe salvaguardar. No por desconfianza de sus líderes actuales o futuros, sino, bien por el contrario, como apoyo, cable a tierra y brújula para los mismos.

Mucho se habla de que el Uruguay está dividido políticamente en dos mitades, una un poco mayor que la otra. Discrepo. El Uruguay está dividido en varias mitades, según cuál sea el eje de discusión. Y dichas «mitades» en algunas ocasiones son de muy distinto tamaño y no siempre tienen perfiles similares.

 

Algunos ejemplos:

1. En posicionamientos políticos generales, las «dos mitades» reflejan la teoría de las «familias ideológicas» del Dr. Sanguinetti. Blancos y colorados formarían una misma familia, según esta visión. Esta campaña lo ha puesto francamente en cuestión, pues los colorados batllistas que se han mantenido fieles a la concepción de fuertes políticas sociales y del rol inclusivo del Estado, han optado por votar por Mujica-Astori, al igual que muchos wilsonistas que recuerdan fidedignamente el espíritu de «Nuestro compromiso con Usted». Sin renegar nadie de su identidad partidaria específica, todos hemos formado una misma «mitad» del país. La que cree en el crecimiento con inclusión, con libertad, en la seguridad fruto no sólo de la represión sino de las políticas sociales, respeto a los derechos sindicales, etc. La que no comulga con el credo neoliberal y se da cuenta de que muchas veces, en un país de nuestra escala, la disyuntiva no es entre hegemonía o monopolio estatal y libre mercado, sino entre hegemonía o monopolio estatal o hegemonía o monopolio de algún actor trasnacional. Esta «mitad del país» es netamente mayor y lo será muchos más en el país de las generaciones crecidas a la sombra del Ceibal, para los cuales la inclusión será parte de su ADN; no tengo dudas.

2. La única encuesta reciente sobre qué volverían a votar los uruguayos sobre una ley de empresas públicas como la que promovió el Dr. Lacalle en 1992 (circunstancia de crisis familiar, tal parece, ya que en dicha ocasión el Dr. Sanguinetti acompañó al 72% que rechazó la ley privatizadora) muestra que un 66% quiere que las grandes empresas públicas sigan siendo estatales y más de un 20% permitiría su asociación con privados, pero desde la clara prevalencia del Estado. Aquí la mayor «mitad» es abrumadora al punto de que es un tanto absurdo hablar de mitades. Y son muchos los votantes colorados o nacionalistas en la mayoría, mientras algunos frentistas no figuran. Esta división es francamente distinta a la anterior y no es una división en torno a un tema baladí, por cierto.

3. Frente a la interrupción voluntaria del embarazo por parte de la mujer bajo ciertas condiciones, como las contenidas en la Ley de Salud Reproductiva, la gran mayoría de la población está de acuerdo. Si se busca correlato con posturas partidarias, se ve que la gran mayoría del Frente Amplio, la casi totalidad del Partido Colorado y un sector minoritario del Partido Nacional acompañan dicha iniciativa. Esta «mitad» nuevamente es muy mayoritaria, y su composición es diferente a las dos anteriores.

No estoy sosteniendo la perogrullada de que cada tema divide a la sociedad de determinada manera. Estoy diciendo que frente a unos pocos y grandes temas, la sociedad se divide de maneras distintas, y que la etiqueta partidaria no define la postura, generando que quienes son compañeros de ruta en algunos temas queden en posiciones antipodales en otros, y que, además, en más de un ejemplo, una de las mitades es un 70% de la sociedad.

Esta discrepancia que manifiesto no es preciosismo, sino que tiene consecuencias prácticas muy importantes:

a) Si dejamos de creer en las dos familias ideológicas, con su fuerte aroma maniqueísta, y nos reconocemos como una sociedad más rica y compleja, con diversos factores de clase, cultura, religión, género, área de actividad, etc., que inciden decisivamente en nuestra opiniones frente a temas mayores, entonces será más fácil no demonizar al adversario, y admitir la posibilidad de hacer acuerdos al menos en algunos temas.

b) Si reconocemos que las etiquetas políticas no resuelven las contradicciones en los principales temas de la vida nacional, es plausible de sospechar que estén por surgir ya no renovaciones, sino cambios mucho más profundos en las estructuras partidarias uruguayas, ya sea en su constitución o forma de conducción. Esto también ayuda a tener la mente más abierta hacia el distinto, al vernos todos dentro de una dinámica constante, pasibles de transformaciones en nuestro pensares y procederes y no congelados mentalmente en la realidad de los tiempos de la guerra fría.

Por todo lo antedicho, desde la más profunda convicción, deseo que cada frentista, siguiendo el ejemplo pautado por el propio Pepe, busque en su momento de mayor euforia tender la mano franca y fraterna hacia todas las mitades del Uruguay, definidas con el criterio que sea. Con serenidad y sinceridad. Sin exitismos ni arrogancias. Es necesario para un Uruguay sustentable con políticas de Estado fuertemente arraigadas en la Sociedad Civil. Y es la actitud que el Gral. Seregni, desde el fondo de nuestras memorias y mejores tradiciones, siento que nos reclama a viva voz, desde la impresionante altura de su intachable ejemplo de vida.

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