ARSENALES
Así como ahora un extraño incendio puso en evidencia la existencia de un arsenal clandestino, en 2001 el extraño suicidio de un joven oficial de la Armada puso en evidencia la desaparición de muchas armas largas y cortas, munición en cantidad y maquinaria moderna para su recarga… Tampoco entonces y hasta hoy pudo averiguarse a ciencia cierta desde cuando venía perpetrándose el «faltante».
El asunto tomó estado público en nutridas coberturas de prensa y estado parlamentario tanto en la Comisión de Defensa del Senado como en el mismo Senado cuando, en régimen de Comisión General, José Korzeniak y nosotros formulamos denuncias y preguntas al señor ministro y su equipo.
Debe haber sido el mayor «faltante» de armamento de un arsenal de las Fuerzas Armadas y hasta hoy la mayoría de ese material no fue encontrado. Ni siquiera en el arsenal recientemente descubierto.
Podríamos emplazar al entonces presidente Jorge Batlle para que nos informe perentoriamente donde están esas armas. Pero no somos tan estúpidos. Lo cierto es que luego de ocho años no hay respuesta.
Sin embargo, el pasado martes, la bancada del Partido Nacional puso el grito en el cielo (era circo pero lo puso) porque a nueve días, este gobierno no puede informar de quién y para qué era el arsenal que nos ocupa.
Se dijo en la citada interpelación que éste era el mayor que se recuerde. Nosotros podríamos agregar que aquel faltante también lo era y lo es.
Pero si retrocedemos algo más en el tiempo, recordaremos que el fabuloso contrabando de armas hacia Ecuador y Croacia fue «triangulado» en Uruguay gracias a las SAFI y a otras facilidades. En Uruguay, el presidente era Lacalle y en Argentina su íntimo amigo Menem, a la postre preso por eso.
Tampoco se aclaró hasta hoy cómo hicieron para pasar por Uruguay tamaña cantidad de armamento.
Sin embargo, ahora ambos ex presidentes uruguayos también ponen el grito a coro en el cielo y acusan sin pruebas.
Cuando se investigó (hasta donde fue posible) la desaparición de armas de la Armada, pudo averiguarse que la mayoría de los destinatarios ilegales descubiertos eran de ultraderecha. Y, acerca de lo que no pudo averiguarse, cabe decir que las muy serias denuncias recibidas en el Senado apuntaban todas, con extraña unanimidad, a personas o a grupos de conocida afición nazi. Porque en Uruguay, y aunque no suene mucho, que los hay, los hay. Y son rendidos amantes de las armas.
Por eso, llama poderosamente la atención que de entre las tantas hipótesis imaginables, cuando se ensaya la de que el arsenal de marras pertenecía a un grupo político extremista, tanto blancos como colorados anden tuertos por la vida. O que sus «vistas» sólo miren para la izquierda.
Lo peor es que muchos de ellos fueron muy perseguidos durante la reciente dictadura por gente de ultraderecha. Es por lo tanto fuertísima la sospecha de que están haciendo nada más que campaña electoral, porque no podemos ni pensar que estén tapando a grupos extremistas fachos. Ellos saben tan bien como nosotros que en el marco de esa hipótesis debería mirarse el horizonte de 360 grados. Circunspecto diríamos. Completo e imparcial. Bajo pena (si hablamos en serio) de errar por lejos.
Dicha posibilidad es, por usar la desubicada palabra del ágrafo provocador Garcé, «plausible».
Venimos de una dictadura, más o menos terminada en 1985, que siguió amenazando al país con sus armas por lo menos hasta diciembre de 1986, cuando bajo ese apremio, el Parlamento votó la ley de impunidad. Que volvió a amenazar con el «¿Después qué?» en el Referéndum de 1989 y que mostró la acción de «personal desocupado» durante el gobierno de Lacalle (varias bombas asumidas con el debido pie de imprenta) y la del personal ocupado cuando puso micrófonos a un general y cuando dio el conocido y escandaloso golpe técnico que hasta hoy extiende consecuencias. Todas fueron fajinas realizadas bajo el equilibrado gobierno de Lacalle. Como quien dice antes de ayer. Y lo del arsenal de la Armada, bajo gobierno de Jorge Batlle, fue como quien dice ayer. Y para ambos gobiernos dejamos en el tintero el contrabando de armas a Ecuador y a Croacia.
Pero eso no es todo ni mucho menos: hasta hace bien poco, varios criminales cívicos-militares de ultraderecha permanecían sueltos y sin juzgar. Recién a partir de 2005 y gracias a este gobierno pudo entrarse a sus cotos cerrados a cal y canto en busca de los cadáveres de sus víctimas… Y entonces amenazaron también a las propias Fuerzas Amadas o, por lo menos, a muchos de sus oficiales superiores.
Es dable ver y leer la prédica sistemática de ese y otros grupos de ultraderecha uruguayos en Internet, sin olvidar que no hace mucho el Partido Nacional expulsó de sus filas a uno de ellos. Muy nazi por cierto.
Frente a esa «chorrera» de casos y sin olvidar las ventiladas predilecciones internacionales fascistas de muchos, parece una estafa premeditada eximirlos de altas sospechas a la hora de elegir los dueños posibles del arsenal clandestino. Es francamente desequilibrado.
Lo llamativo es que esa cancha, tan groseramente flechada, viene siendo aceptada sumisamente por la prensa en general y hasta por la izquierda, que se limita a defenderse.
Jorge Batlle y Lacalle han logrado no sólo inventar sino distribuir roles. Y con algo de brujería calman a sus víctimas mientras les instilan el veneno.
Parece claro que si el incendio fue provocado, quien lo hizo, además de ser genocida en potencia (si los bomberos no llegaban a tiempo y el fuego actuaba sobre lo que allí se guardaba estaríamos ante una catástrofe), buscó con ello perjudicar a unos y beneficiar a otros.
A la vista de lo que pasó, pueden sacarse fácilmente esas cuentas.
Entre las bandas fascistas que andan por el país, hay también rencillas, enfrentamientos, y cuentas a cobrar. Si una le quemó el arsenal a la otra, esta última ni siquiera puede quejarse: debe callar y prepararse a sufrir las consecuencias de la investigación judicial y policial. Estaríamos ante una «mejicaneada» de doble o triple propósito.
Lo que llama poderosamente la atención y es muy plausible (en el pelmazo decir citado) es la rápida sucesión de hechos, incluyendo Búsqueda del jueves, declaraciones de Jorge Batlle por TV del mismo jueves y luego a la salida del juzgado y el spot de la campaña canalla el viernes, con esas declaraciones ya producidas, logradas, y editadas. ¡Una maravilla!
Artero guión de una película que ya vimos.
*| Escritor, senador de la República.
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