LA COLUMNA AMARILLA

Sigue la fiesta

No habrá debate entre las fórmulas que irán al balotaje. Era previsible. Bueno, qué se le va a hacer. ¡La ciudadanía ha acumulado ya tantas frustraciones!

En este caso, aunque no sorprende a nadie el fiasco, parece interesante desarrollar otra teoría que se me ha ocurrido ahora, probablemente en un momento en que me golpeé la cabeza.

No hay debate porque seguimos con la fiesta: cada día, los medios de prensa difunden apresurada e irresponsablemente escándalos de toda índole, aquí y allá, los que, aun mirados desde el desprecio por los supuestos afectados, dejan rasguños dolorosos y calenturas considerables.

Hablando de escándalos, me acabo de enterar, y diría que paradójicamente porque la vía fue un libro que tiene unos cuantos años de vida, que en las largas galerías del Palacio del Dogo, en Venecia, hay labradas en las paredes unas máscaras que parecen buzones: en realidad lo fueron, siglos atrás. Entonces, cualquiera podía introducir allí denuncias secretas sobre lo que se le ocurriera y sobre quien fuese y los sicarios del Dogo, cuando había bastante material, se ocupaban del resto, que resultaba poco estimulante para los denunciados.

No hacía falta adjuntar pruebas, ni siquiera indicios; era suficiente con que la papeleta de la denuncia cayera dentro de cualquier buzón.

¿Qué diferencia esencial hay con lo que está ocurriendo? No se trata sólo de propalar lo primero que a uno se le antoje o le convenga. Estamos a un paso de la delación, si ya no lo hemos dado.

Es como si en la superficie, en plena campaña preelectoral, todo discurriese con la habitual y de todos modos relativa normalidad, mientras late, se mueve e infecta el tejido sano una corriente subterránea, básicamente conspirativa.

¿Puede una estrategia semejante influir de tal manera en los ciudadanos que éstos modifiquen su pensamiento, o sea su decisión electoral? No lo creo, pese a que la vida me ha demostrado el poder de la absurdidad.

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