LA CAMPAÑA ELECTORAL Y EL DESCREIMIENTO EN LA POLITICA
En los procesos electorales de la democracia pueden surgir controversias de toda naturaleza. La izquierda está acostumbrada a recibir críticas, desde la derecha, de que no tiene apego a los principios democráticos o de que genera caos financiero cuando accede al poder político. El gobierno del doctor Tabaré Vázquez desmiente con total nitidez este tipo de afirmaciones. En la década de 1970 se afirmaba que vendrían los soviéticos y se llevarían a Moscú a los niños uruguayos para lavarles el cerebro. Todos esperábamos que resurgiera, desde la oposición, el pasado guerrillero de Mujica, aunque éste realizó su autocrítica y, sobre todo, ha realizado una campaña propia de un chacarero culto, centrada en diálogos, acuerdos y alianzas que son instrumentos inherentes a la democracia. Ahora parece que la derecha está dispuesta a utilizar cualquier tipo de medios para impedir el triunfo de Mujica, inclusive si afectan principios básicos de la democracia. Veamos los hechos. Se descubre por un incendio un arsenal de armas del Cr. Saúl Feldman. El Dr. Jorge Batlle declara que el arsenal tiene vinculaciones con Marenales y Mujica. Que no tiene pruebas sino que realiza una valoración política. Sus declaraciones, con fines electorales para enchastrar la cancha, son de una absoluta irresponsabilidad. Con tal de obtener el fin, que la izquierda no gane las elecciones, no importa los medios que se utilicen, inclusive si generan descreimiento en la política y los políticos, que siempre termina debilitando a la democracia. El Dr. Lacalle, como los viejos ciclistas, declara que aprovechando la oportunidad «que le brinda Radio Sport», saluda a la población afirmando que no tiene pruebas pero que el arsenal de armas encontrado tiene vínculos con el terrorismo y alcanza fines políticos. Se subió al carro de las declaraciones de Batlle con los mismos objetivos. El Partido Nacional hace campaña en los medios de comunicación del Interior con una enorme foto de Mujica y un titular que señala que se encontró un arsenal guerrillero. El senador Penadés, jefe de campaña de la candidatura de Lacalle, declara que se trata de una información política objetiva. Mañana nos tendremos que sentar en el Senado en búsqueda de acuerdos. ¿Cómo hacemos para creerle al senador Penadés después de tantas y continuas declaraciones falsas? Honestamente no esperábamos tanta deslealtad con el sistema político uruguayo. El Dr. Sanguinetti declara que los únicos golpistas en Uruguay fueron el Frente Amplio y la CNT. Los objetivos electorales tendientes a impedir el triunfo de la izquierda lo lleva a una burda tergiversación de la realidad, suponiendo que los uruguayos pueden creer sus desproporcionadas deformaciones de nuestra historia. El Dr. Sanguinetti pide respeto por el batllismo pero él no respeta a las organizaciones de izquierda. Su obnubilación electoral le impide aceptar que el FA es el heredero y ha incorporado, adecuándolos a la etapa histórica correspondiente, principios del viejo batllismo, como las bases centrales del Estado de Bienestar, la ideología redistributivista a través del gasto público social y una mayor equidad en las relaciones capital-trabajo. Dos politólogos, provenientes de la academia, se han hecho eco de esta situación que afecta a las instituciones republicanas: Chasquetti afirma que las declaraciones de Jorge Batlle no son descabelladas; Garcé escribe que el origen del incendio puede estar vinculado a organizaciones de izquierda como Zabalza y sus cercanías. Afirma que no tiene ningún tipo de pruebas, ni deseos de tenerlas.
El conjunto de estas declaraciones tiene efectos negativos para el sistema político, para su credibilidad y, en última instancia, afecta a la propia democracia que todos queremos defender. Esta forma de encarar la campaña electoral genera descreimiento sobre los políticos, que debilita a los propios partidos. Partidos débiles generan democracias débiles y de baja calidad. El descreimiento en los políticos y en los partidos es uno de los males de la democracia de América Latina. Estudios de opinión pública muestran que el 55% de los latinoamericanos está dispuesto a aceptar un gobierno autoritario si se resuelven sus problemas económicos. La corrupción ha sido una de las principales causas de este descreimiento. Por suerte, los casos aislados en Uruguay no han tenido efectos significativos. También se profundiza el descreimiento cuando los partidos políticos no aplican sus programas presentados en la campaña electoral o, aun peor, cuando aplican propuestas que son verdaderas antítesis de sus programas electorales, como lo fueron los casos de Menem en Argentina y Fujimori en Perú. Tampoco esto ha ocurrido en Uruguay y el FA ha cumplido con creces su programa de gobierno. Los principios del neoliberalismo, que aplicó el gobierno del Dr. Lacalle, afectan la vida política en la medida que busca la mínima intervención del Estado, enfatizando que todo lo que hace el Estado es vicioso y lo que realizan el mercado y el sector privado es virtuoso. Los políticos y los partidos tienen como objetivo ganar elecciones para, desde el Estado, atender los grandes problemas sociales y económicos. Pero como todo lo que hace el Estado es vicioso, lo que hacen los políticos se transforma también en vicioso y atenta contra el libre juego del mercado. En consecuencia ni los políticos ni los partidos, para esta concepción, resultarían indispensables, lo que multiplica el descreimiento en las actividades políticas. La crisis financiera en EEUU en 2008 mostró que el mercado no resolvía todos los problemas económicos y sociales y que el sector privado también actuaba con irresponsabilidad y no todo su accionar era virtuoso. El Estado tuvo que intervenir y la política pasó a predominar sobre la economía, reforzando la democracia.
En esencia las declaraciones de Batlle, Sanguinetti, Lacalle y Penadés destruyen la convivencia pacífica que ha caracterizado al sistema político uruguayo, afectan la credibilidad del sistema político y pueden terminar afectando principios básicos de la democracia. El pueblo uruguayo es, por suerte, muy informado, muy politizado y está claramente en condiciones de discriminar las falsas informaciones y declaraciones de algunos políticos y alcanzar una visión objetiva de la realidad política del país. La imagen de la estación Atocha de Madrid está presente en la derecha uruguaya. Pero la sociedad uruguaya ha demostrado fehacientemente que es profundamente democrática y sensible para mantener la calma y culminar el proceso electoral con la estabilidad correspondiente. El FA alcanzó en la primera vuelta el 49,34% de los votos válidos. Es imposible que Mujica no sea el futuro presidente de los orientales.
|*| Senador por la 609-FA, economista
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