Clima
Lo vieron entrar y comprendieron que algo muy grave había ocurrido. Su cara era el poema de la desolación: ceño fruncido, ojos acuosos, espalda encorvada. Llevaba un diario arrollado bajo el brazo.
Epifanio no saludó. Se sentó junto a los otros, que estaban a los chupones con sus copas desde las ocho de la mañana, suspiró y dijo:
Se nos vino la noche. Ya ni asados podremos hacer…
La sorpresa fue conmovedora. Al Negro Collazo se le derramó la caña con uva chinche y ni le dio para lamer la mesa como hacía cuando le pasaba un drama semejante. El Facha Ruiz eructó una bocanada de viento con olor a longaniza arcaica.
Epifanio aclaró las cosas: Nicholas Stern, un experto sobre el cambio climático, dijo que la cría y matanza de vacas, ¡y hasta asar la carne!, emiten más gases de efecto invernadero que todos los autos, trenes, barcos y aviones del mundo.
¿¡Qué?! al Cascarilla Batista se le cayeron los pantalones, que había aflojado porque padecía una inflamación abdominal.
Como lo oyen… Parece que el problema es que las flatulencias y los excrementos de las vacas despiden metano, que es peor que el dióxido de carbono. Y el metano también sale del humo de la carne asada. Además, el tipo dice que si hay más vacas, hay más pasto y menos bosques que oxigenen. ¡Nos prohíben fumar, no podemos chupar y manejar y ahora este bosquimano nos quiere hacer vegetarianos!
Yo no tengo problema’ con el mecano… se oyó a Ruedita, quedamente.
¡Metano, cabezón cerrado al vacío!
Se’gual insistió Ruedita. Vacío dejé ‘e comé’… Y el médico ya m’está’bligando a consumí’ verdurita porque dice que tengo’l hígado flotador…
¡Flotante!
Se’gual… La cosa e’ que todo’ lo’ día’ me com’un repoyito lindísimo…
En ese preciso momento acomodó las nalgas en el asiento. Se oyó un ruido horrible, gutural, que pareció picar en el piso e invadir el ambiente con un olor espantoso. La huida fue estrepitosa.
Ruedita, aún sin el asado, ¿cabe en la teoría de Stern?
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