RIDICULO

Escrito por: Por Rafael Michelini |*|

Sábado 07 de noviembre de 2009 | 7:32
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En las últimas semanas asistimos a un proceso increíble. Luis Alberto Lacalle y su compañero de fórmula, Jorge Larrañaga, se han puesto al hombro un inusual emprendimiento político. Día a día y por todos los medios de comunicación, ambos candidatos invitan a nuestra ciudadanía a que el próximo 29 de noviembre decida su voto en base a una nueva y extraña teoría. Esta verdadera innovación nacionalista podría definirse como la teoría del “equilibrio absurdo” o de “la compensación inútil”, o quizás con un afán un poco más descriptivo, “cómo pedirle a la gente que elija el peor camino”.

El nuevo llamado de la fórmula nacionalista consiste en un argumento sencillo e incongruente: “Como el Frente Amplio ya tiene la mayoría parlamentaria, hay que votar por Lacalle para equilibrar”, o sea para compensar, porque es bueno repartir las cosas, ¿vio? De esa manera, el mensaje hacia los electores se resume en: ya que a ellos les dieron la mayoría en ambas cámaras, a nosotros nos tienen que dar el gobierno, porque es malo eso de andar acaparando, ¿verdad?

Siguiendo esa línea de razonamiento escolar aplicada a la vida institucional del país y a sus máximas responsabilidades, podríamos llegar a conclusiones sorprendentes, tales como: “Es bueno para el país tener un gobierno sin mayorías parlamentarias”, e incluso más: “Es mejor tener una mayoría parlamentaria de un signo con un gobierno de signo contrario”.

El mensaje del Partido Nacional es revolucionario, insospechado. Seguramente un caso único para la ciencia política, ya que va en contra de toda la experiencia acumulada por los países y el desarrollo de los sistemas democráticos en el mundo entero. Pero sin necesidad de recurrir al estudio comparado, convengamos que también va en contra de todo lo dicho, escrito y reafirmado, por todos los políticos y politólogos del Uruguay durante los últimos 25 años.

Sin ir más lejos y como lo recordara hace unos días “LA REPUBLICA”, también es todo lo contrario a lo que el propio Lacalle sostenía, cuando afirmaba con claridad que el mejor camino para el país era apoyar la opción de gobierno que ya tenía mayorías parlamentarias, uno de sus argumentos principales para fundamentar su apoyo militante en favor de Jorge Batlle en la segunda vuelta de 1999. Pero además, la falta de mayorías parlamentarias fue la respuesta favorita, brindada hasta el momento por Luis Alberto Lacalle, para explicar por qué no había podido cumplir con todo su programa de gobierno durante su propia presidencia.

Es muy extraño y difícil de comprender por qué, en esta oportunidad, en esta segunda vuelta, lo que ayer era muy bueno, tener mayoría parlamentaria, ahora se ha transformado en algo malo o en un exceso desaconsejable. Y lo que en cualquier país democrático y en el Uruguay de los gobiernos blancos y colorados, tener gobiernos con mayorías parlamentarias, se consideraba y se considera, un factor de estabilidad, de mejor gobierno y fluidez para el cumplimiento del programa sostenido por esa mayoría, ahora repentinamente se ha convertido en algo negativo para el país.

Es ridículo, pero real. Son las maravillas creativas y las liviandades de un mensaje prisionero del marketing, donde la consistencia política de la consigna se disuelve en la necesidad de comunicar algún recurso, que justifique de alguna manera, cómo permanecer en la competencia electoral, cuando el rival te ha superado por 20 puntos y ya posee mayorías parlamentarias propias.

Es lanzar la red en la búsqueda de una captura de ingenuidad. Un golpe al sentido común de cualquier ciudadano informado de los asuntos políticos de este país. El discurso del supuesto “equilibrio” de Lacalle, en términos políticos institucionales no significa otra cosa que el desequilibrio. Aquí y en cualquier parte, mayorías parlamentarias elegidas bajo un programa, enfrentadas a un Poder Ejecutivo que representa una orientación opuesta, con otras prioridades políticas y sociales, representa un grave riesgo de parálisis, de bloqueo y conflicto de poderes.

Y resulta muy difícil pensar, además, que Luis Alberto Lacalle sea el líder mejor provisto para desempeñar el rol de constructor de los puentes de entendimiento y consenso, entre alternativas políticas como el Partido Nacional y el Frente Amplio, que ya han marcado rumbos, conducción y objetivos muy diferentes.

Es ridículo pensar y más ridículo es decirlo, que en la medida que el Frente Amplio ya tiene las mayorías en las dos cámaras, ahora lo mejor, lo más conveniente, “por una cuestión de equilibrio”, es que el país lo presida quien no tiene dichas mayorías parlamentarias. Es una imaginativa interpretación de la democracia que pasa de ser el gobierno de las mayorías, a ser el gobierno de la minoría.

¿Cuál sería la tentación constante de un gobierno bloqueado por la falta de mayorías parlamentarias? Lo que Lacalle ya confesó en un reportaje anterior, cuando afirmaba que tendría que gobernar por decreto, algo que trae muy malos recuerdos y que todos sabemos que conduce a la inestabilidad y al conflicto.

La fórmula presidencial del Frente Amplio llamó el 21 de octubre, cuatro días antes de la elección, a un diálogo político sobre áreas de gobierno, en las que deben implementarse políticas de largo aliento. Un diálogo que hemos propuesto nuevamente en esta campaña de segunda vuelta y que repetiremos terminada la elección, si es que el 29 de noviembre la ciudadanía renueva su apoyo en el Frente Amplio y su opción de gobierno.

Queremos acuerdos en dichas políticas de largo plazo y lo queremos hacer además, genuinamente, sobre la base de que contamos con las mayorías parlamentarias y estamos dispuestos a flexibilizar y a dialogar para ensanchar la base de sustentación de las políticas a impulsar. Pero buscar acuerdos para políticas de largo alcance, no significa que toda acción o toda ley en el Uruguay debe contar con mayorías especiales y por lo tanto de hecho, estancarnos y no llevar adelante nuestro programa.

El Frente Amplio tiene una enorme responsabilidad que es gobernar el país. Es la fuerza mayoritaria por lejos. Contamos con las mayorías necesarias para hacerlo con absoluta estabilidad, acierto y solvencia. La demostración está a la vista, en cómo hemos actuado y cuáles han sido nuestros resultados en nuestro primer gobierno. Pero tenemos además la mejor voluntad política para concertar acuerdos con otros partidos, en áreas en las que se puedan impulsar políticas de Estado.

Vamos a gobernar, sin renunciar en ningún momento a nuestro deber y nuestra responsabilidad de avanzar, de cumplir con el objetivo superior, de afirmar el camino del desarrollo democrático del Uruguay. Y seguiremos empeñados en obtener las más amplias mayorías nacionales para hacerlo realidad. Razonarlo de otra manera, nos parece sencillamente ridículo.

|*| Senador, Nuevo Espacio FA

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