POR LA JUSTICIA, CONTRA LA IMPUNIDAD
«Hay que ganar la segunda vuelta. Ahora hay que ganarle a Lacalle, pues no hay cosa más importante para el futuro de Uruguay y también para la lucha contra la impunidad. Tenemos que asegurar la victoria del Frete Amplio el 29 de noviembre próximo.» Palabra más, palabra menos, fue lo que les dije a varios de mis compañeros la noche del domingo, cuando ya se informaban las tendencias definitivas y nos invadía el dolor y la impotencia ante la derrota de la papeleta rosada. «Hemos luchado mucho, hemos llegado hasta acá, ahora no podemos ponernos a llorar sobre la leche derramada. Aunque, está muy claro, que ganas no nos faltan», agregué un poco después.
No lo dije sólo para dar ánimo. Lo expresé con total sinceridad, porque soy perfectamente consciente de que, pese a la angustia ante una nueva frustración, pese a la profunda decepción de que el enorme esfuerzo desplegado no haya sido suficiente, no podemos darnos el lujo de bajar los brazos, pues tenemos por delante, y de inmediato, un desafío central para la izquierda, para la justicia y para el futuro de Uruguay. Si nos dejamos gobernar por la desazón, si no ponemos nuevamente toda nuestra energía en asegurar el triunfo del Frente Amplio, podemos arriesgar lo que hemos logrado como país y lo que hemos logrado avanzar en nuestra lucha contra la impunidad.
Está claro que la tristeza es enorme, nadie me lo tiene que explicar, después de tantos años de lucha y adversidad. Tampoco debemos entrar ahora en la lógica de los reproches, que nos jugamos al todo o nada, que el camino elegido tenía muchos riesgos. ¡Claro que los tenía! Primero teníamos que conseguir las firmas necesarias y luego conquistar la voluntad de más del 50% de los uruguayos. Por supuesto que era un camino riesgoso, pero los riesgos son inevitables si luchamos por justicia y contra la impunidad.
En la lucha por los derechos humanos nadie garantiza los éxitos y los esfuerzos no tienen resultados asegurados de antemano. Si actuáramos solamente sobre la certeza del resultado, muy poca cosa hubiéramos conseguido todos estos años. Por poner un ejemplo claro y preciso: investigar y buscar restos de desaparecidos en predios militares tenía un gran riesgo, el de no encontrar nada. Sin embargo, con coraje se tomó la decisión, se entró a los cuarteles y se buscó. Durante semanas, ningún resto apareció, pero seguimos adelante.
Porque lo más importante fue la señal hacia la sociedad, la demostración cabal de nuestro rumbo, de nuestra voluntad y nuestra decisión de buscar la verdad, de investigar y de hacer todo lo necesario. Y excavar en los cuarteles supuso un gran riesgo, quedamos expuestos a las mentiras, a la mala información y a las operaciones de todos aquellos que querían que diéramos un paso en falso y que perdiéramos credibilidad. Si no hubiéramos arriesgado y aguantado lo presión durante las primeras semanas, nada hubiéramos hallado.
La Ley de Caducidad un día se eliminará, pues no puede mantenerse entre las leyes de una sociedad democrática, una ley que consagra la impunidad, que promueve la injusticia y que viola todos los convenios internacionales suscriptos por el país en materia de Derechos Humanos, por lo que el Uruguay es objeto de periódicos reclamos. Pero eso no sucederá en lo inmediato. Ha habido un pronunciamiento democrático de nuestra ciudadanía que todos debemos aceptar y respetar.
Pese a que no pudimos anular la Ley de Caducidad y que no poseen la misma dimensión, quedan caminos a recorrer para seguir buscando verdad y justicia. Como el que hizo posible el gobierno frenteamplista con la decisión de excluir de la Ley de Caducidad, cada uno de los casos que le fueron consultados. Gracias a ello, la Justicia pudo actuar libremente, procesar y condenar a militares y policías responsables de graves delitos de lesa humanidad.
Recientemente se ha agregado el camino abierto por la Suprema Corte de Justicia, con su decisión de declarar inconstitucional a la Ley de Caducidad en la causa del asesinato de Nibia Sabalsagaray . Ha sido un paso muy trascendente, pues se descuenta que la Suprema Corte adoptará la misma decisión para cada recurso que le sea remitido en referencia a otras causas pendientes de aclaración. Pero nosotros queremos justicia para todos los casos y tenemos que reconocer que gracias a la vigencia de la Ley de Caducidad, muchos quedarán impunes.
Nadie ha podido negar el alto valor democrático de nuestra lucha y de nuestro esfuerzo a lo largo de todos estos años. No sólo porque hemos ido conquistando, contra viento y marea, el conocimiento de la verdad y cada vez más espacios para la justicia, sino porque además, nuestras denuncias, nuestros reclamos, nuestra movilización han constituido una importante contribución a la consolidación de la conciencia democrática en nuestra sociedad y a la responsabilidad del Estado en materia de políticas de Derechos Humanos.
Pero no debemos confundir las herramientas con el objetivo. Nosotros luchamos contra la impunidad, ése es nuestro objetivo primordial. La Ley de Caducidad fue, y es, una herramienta al servicio de la impunidad. Su herramienta jurídica más completa y representativa. Pero hemos podido penetrar ese muro legal que ya no protege como antes a los criminales del terrorismo de Estado. Seguiremos luchando contra la impunidad, seguiremos buscando verdad, seguiremos comprometidos de forma permanente y militante con la justicia y los derechos humanos.
Tenemos en pocas semanas un paso crucial. Asegurar un nuevo gobierno del Frente Amplio es también asegurar respaldo y camino para la justicia. Es un paso imprescindible para seguir avanzando y para evitar graves retrocesos. Los intentos de indultos para golpistas y responsables del terrorismo de Estado en nuestra región han venido de la mano de gobiernos de derecha.
Yo puedo llegar a entender a muchos compatriotas que votaron en blanco el 25 de octubre pasado, pero quienes, sin embargo, votaron la papeleta rosada por el SI a la anulación. Puedo entenderlos en cierta medida porque comparto con ellos esa sensibilidad por la justicia y por anular la ley de la impunidad. Pero quisiera pedirles ahora a esas uruguayas y uruguayos que reconsideren su voto para esta segunda vuelta. Que piensen bien, que en esta instancia también van a confrontar quienes están políticamente comprometidos con verdad y justicia, con aquellos que han sido políticamente los responsables de la indiferencia y la impunidad. Allí, en ese punto de definición, con todo respeto, no hay voto en blanco que valga.
No es tiempo de llorar sobre la leche derramada, es tiempo de seguir luchando.
|*| Senador, Nuevo Espacio FA
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