SI, EL PUEBLO URUGUAYO LO REAFIRMO: VAMOS POR MAS
Si logramos que los uruguayos comparen la diferencia entre los resultados de los anteriores gobiernos y la gestión del FA, aseguraremos la continuidad y la profundización del proceso de cambios iniciado con el gobierno de Tabaré.
Más allá de que los frenteamplistas queríamos asegurar el triunfo en la primera vuelta, el pasado domingo se quebró lo que ya era una tradición en el país: que el que gobierna pierde. Es que el FA fue, a diferencia de los anteriores, un gran gobierno. Gobernó para la gente, y pese a los elementos subjetivos que tanto pesan en un país fuertemente politizado, con tradiciones políticas muy arraigadas y sentimientos de pertenencia partidaria que suelen condicionar las decisiones electorales de gran parte de la ciudadanía, el Frente volvió a confirmar su vigencia como la primera fuerza política del país, por lejos. Creció en sectores de la población en especial en el Interior que habían sido tradicionalmente más refractarios a su mensaje, y se dispone a proseguir, con un triunfo el 29 de noviembre de su fórmula presidencial, el camino de transformaciones iniciado con el gobierno de Tabaré Vázquez. Como lo expresara José Mujica, «esta colcha de retazos ha demostrado no sólo que tuvo estabilidad y dio estabilidad en los años comprometidos de 2001 y 2002, sino que esta fuerza no gritó ‘que se vayan todos’. Esta fuerza encausó la desgracia nacional buscando una salida política madura que le diera alternativa a nuestra nación».
El Frente Amplio ante un gran desafío
Sin embargo no podemos pasar por alto la diferencia que hubo entre el inédito respaldo a la gestión del gobierno y al presidente Tabaré Vázquez, que se ubican por encima de sesenta por ciento, y el hecho de que el Frente Amplio no pudo alcanzar el triunfo en primera vuelta. Las comparaciones con otros países como la gran popularidad de Lula y de Michelle Bachelet y el desempeño considerablemente más bajo que las encuestas le atribuyen a sus respectivos partidos no alcanzan a explicar la referida diferencia entre el apoyo al gobierno y la votación del FA el pasado domingo. Señalamos esto sin otro ánimo que el de llamar la atención sobre la necesidad que tenemos los frenteamplistas de examinar a su debido momento algunas cuestiones que le han impedido al Frente actuar con mayor solidez y eficacia en su condición de partido de gobierno, de partido con actuación permanente en el proceso de cambios encabezado por el gobierno. Pero ahora de lo que se trata es de desplegar todos los esfuerzos para asegurar el triunfo en el balotaje.
Vamos por más
Ahora hay que hablarle a todos los uruguayos, a esa mayoría que respalda lo actuado por el gobierno pero que no se pronunció unánimemente en respaldo al FA en las recientes elecciones. Como lo señalamos en nuestro anterior artículo, vamos por más porque podemos, y podemos ir por más porque nos cierran los números de una economía sólida, con equilibrios, con obra realmente construida; con incremento de salarios y jubilaciones, del consumo de las familias, de la producción, del empleo, de la caída de la pobreza y la indigencia, del aumento de las inversiones, de la suba sustancial del presupuesto para áreas prioritarias, como la educación, la salud y la seguridad. Pero además dijimos, y lo subrayamos ahora, que podemos ir por más porque se han construido en el país otras cosas, no cuantificables numéricamente, como el clima de confianza, la convicción extendida entre la ciudadanía de que la democracia y la institucionalidad se han afirmado en este período.
Y vamos por más porque, como lo dijo Danilo Astori, la primera gran orientación del proyecto del FA es el aprovechamiento de las potencialidades del país, para especializarse en altos niveles de calidad y excelencia, porque «Uruguay no peleará nunca su desarrollo en el terreno de la cantidad, pero sí en el de la calidad».
Vamos por 200 mil nuevos puestos de trabajo, de los cuales 40 mil serán para los jóvenes; vamos por más escuelas de tiempo completo en las zonas de contexto crítico, vamos por una enseñanza media más ligada al mundo del trabajo; vamos por una Universidad que llegue al Interior y que vaya al encuentro de los jóvenes con pocos recursos. Vamos por más logros sociales, por la incorporación de todos los pasivos a la reforma de la salud, por más mejoras en el plan de Asignaciones Familiares. Vamos hacia un país que en los próximos cinco años tenga 350 mil pobres menos y en el que no haya indigentes. Vamos a reducir la distancia entre quienes ganan más y los que ganan menos. Vamos por un país seguro, con un enfoque integral sobre el tema, que tenga en cuenta las causas del delito y que sea más eficaz en la prevención y la represión, sin demagogias, sin respuestas fáciles, sino con iniciativas concretas como las que hemos planteado en la reciente campaña electoral.
Asegurar la continuidad y profundización de los cambios
Es nuestra responsabilidad que en los 29 días que restan para el balotaje la gente pueda comparar qué diferente fue el final del ciclo de los partidos tradicionales con crisis, inseguridad, incremento de la pobreza y el desempleo, y generalizada frustración y el clima de expectativa positiva y confianza con el que culmina su gestión el primer gobierno de la izquierda.
Pero ni el gran respaldo ciudadano ni las certezas que nos estimulan para proseguir por este camino nos hacen olvidar que será necesario promover un acuerdo nacional con todas las fuerzas políticas sobre cuatro temas estratégicos: seguridad, educación, energía y medioambiente, como lo plantearon Mujica y Astori el 21 de octubre y lo reiteraron en la noche del 25 de octubre.
En materia de educación, hay coincidencias de todos los partidos en torno al Plan Ceibal, a la descentralización de la enseñanza universitaria, a la instalación de más escuelas de tiempo completo, a la extensión de la enseñanza media y a la profundización de la educación técnica. Respecto a seguridad, existen coincidencias para llevar adelante el despliegue de la Guardia Republicana a nivel nacional, la eliminación progresiva del Servicio 222, la profesionalización de la Policía, una actitud firme ante el delito y la problemática de las drogas y el combate a las causas sociales de la delincuencia.
Estamos confiados en que el 1º de marzo el FA volverá a asumir la conducción del país porque es garantía de que se proseguirá el camino de los cambios iniciados con Tabaré, pero también de que el diálogo y los acuerdos a nivel de toda la sociedad y del sistema político nos permitirán abrir caminos a políticas de Estado y a conquistas sólidas, con amplio respaldo ciudadano, imprescindibles para llegar a ser, como lo manifestamos en la reciente campaña, un país de primera.
Como lo dijo Danilo Astori en el discurso en la noche del 25, vamos hacia «un plebiscito entre dos gestiones: la del Frente y la de los partidos tradicionales. La verdad es que no encuentro con qué comparar este proyecto nacional, porque sólo la izquierda lo tiene». Al mismo tiempo reafirmó «nuestra actitud de acuerdo con los demás partidos», ya que será necesaria «nuestra actitud de apertura para hacer acuerdos». Resumió afirmando que «hay claramente dos visiones que han quedado expuestas y son diferentes, y el pueblo va a tener que elegir entre ambas, sin perjuicio de que en temas fundamentales se puede seguir trabajando sobre acuerdos».
Los próximos días serán fundamentales: se juega la continuidad y profundización del único proyecto construido en las últimas décadas para avanzar y llegar a ser ese anhelado país de primera. «El Frente Amplio es el único que tiene un proyecto nacional con un rumbo a largo plazo, a 20 o 30 años», como sostuvo Astori.
Habrá que ampliar nuestro mensaje, hacerlo accesible a toda la sociedad, porque como lo dijo el futuro presidente de los orientales, José Mujica, en esta instancia política, en la que hay que apelar a la militancia
y el máximo esfuerzo de los frenteamplistas, nuestra bandera no es la del FA sino la bandera uruguaya.
|*| Diputado de AU-FA.
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