DIARIO DE CAMPAÑA: ¿POR QUE DIJE QUE GANA EL FRENTE AMPLIO?

La semana pasada comenté mi convicción, fundada en la lectura de múltiples encuestas, de que el FA vencería en las próximas elecciones dudando solamente sobre si el triunfo era en primera o segunda vuelta. Aclaré que esto no era «pizarrear» ni invitar a la pereza a los frentistas, sino por el contrario, convocar a redoblar la militancia para asegurar que el triunfo fuera en primera vuelta y contundente. Y a militar con alegría, desde el colorido, dejando para otros la exclusividad del ceño fruncido.

Tras dicha nota, recibí varios mails de lectores pidiendo que explicara por qué tenía esa convicción. Pero el pasado viernes, entrevistado por Sonia Breccia, Euleterio Fernández Huidobro expresó con claridad su convicción del triunfo frenteamplista. Evidentemente, las consultas que recibí al respecto pasaron de ser «algunas» a ser un «aluvión», por lo que razonar sobre este tema es imperativo.

 

Hagamos las puntualizaciones del caso:

1. Se dice, y con razón, que las encuestas son «fotos del momento»: muestran qué opina la gente hoy, no el día de la elección. Y jamás tuve ínfulas de Nostradamus. Es cierto que podrían ocurrir eventos políticos imprevistos que cambiaran el curso de la elección, aun a último momento. Pero las encuestas, seguidas a lo largo del tiempo, muestran tendencias que, en general, sólo se modifican por hechos de naturaleza catastrófica (un lamentable ejemplo es el atentado del 11 de marzo de 2004 en la estación de Atocha de Madrid que, por su manipulación por parte del gobierno de Aznar, incidió en la derrota del Partido Popular en las elecciones inmediatamente posteriores). Hechos de esta envergadura son poco probables, por lo que nuestra opinión refleja lo que consideramos muy altamente probable. Y, vale la precisión, las encuestas de las que disponemos en Uruguay, al menos las de las empresas de sondeo de opinión que examino habitualmente, son extremadamente profesionales, serias y responsables.

2. Tomaré aquí como referencia la encuesta nacional Factum, difundida el jueves 8 de octubre, por ser la última a la que he accedido, y una investigación estadística sistemática que hemos realizado con colegas. Dejo constancia de que el resultado es el mismo si se toman como base los resultados de otras reconocidas empresas del ramo y que los resultados de las investigaciones estadísticas citadas son consistentes con otras similares realizadas precedentemente en Uruguay y en otros países.

3. Vamos entonces a los números.

Factum adjudica al FA una intención de voto del 44% y al PN un 29%. La «masa de voto indeciso» (en blanco, no sabe/ no contesta) es del 12%. La mera lectura de estas cifras indica que para triunfar el PN, el FA debería tener una suerte macabra en su capacidad de captar más votos . Pero analicemos con precisión los datos.

El 2 de octubre, en su análisis «Esos molestos y decisivos indecisos», Oscar Botinelli expresaba que en la «masa de voto indeciso» un 54.3% era de afinidad frentista, un 25.7% blanca, un 12.4% colorada y un 7.6% no muestra afinidad alguna. Como bien lo aclarara Botinelli , no puede asociarse «afinidad» con «estar dispuesto a votar a» (puede ser un ex-votante arrepentido, por ejemplo), por lo que no deben usarse estos ponderadores para proyectar indecisos. Por otro lado, el estudio estadístico realizado con colegas sobre la «predisposición al voto» en una amplia muestra de indecisos, estima en 39% el piso de predisposición de voto al FA. Nótese que, si bien el 39% es un piso, es sensiblemente inferior al 54.3% de afinidad frentista, remarcando la diferencia bien señalada por Botinelli entre «tener afinidad» y «estar dispuesto a votar». El 39% del 12% es un 4.7%, por lo que al agregárselo al 44% de intención de voto del FA, se tendría un 48.7% de estimación de voto al FA.

Ahora bien, debe agregarse el ciudadano que viene del exterior a votar, que no es considerado en ninguna encuesta local. Es difícil estimar cuántos uruguayos del exterior vendrán a votar. En el trabajo estadístico citado, se estima que los votos proveniente del extranjero serían por lo menos 38.000 y como máximo 79.000. La amplitud de diferencia entre el mínimo y el máximo da cuenta de la dificultad de la estimación. Sin embargo, en todos las etapas del estudio, se mantiene estable y en niveles muy altos la intención de voto al FA, en este voto «viajero». Por consiguiente, la hipótesis mas desfavorable para el FA es la de que vengan 38.000 compatriotas a votar. Si se calcula el voto viajero frentista asumiendo el máximo nivel de votación esperable (nuevamente desfavoreciendo al FA, pues a mayor cantidad de votos, más difícil alcanzar el 50%) se obtiene un plus de 1.4%. Sumado al 48.7% anterior da 50.1%, lo cual corresponde a un exiguo triunfo en primera vuelta.

Pero si, por ejemplo, el voto externo fuera de 48.000 compatriotas, se alcanza un 50.7%. Y si se agrega la consideración de que el 39% con disposición a votar es un piso y se supone que un 44% de indecisos votan el FA (aun lejos del nivel de la afinidad de 54.3%), se llega a un 51.3%. En suma, en esta estimación se estaría concluyendo que el FA triunfa en primera vuelta, eventualmente de manera muy exigua si se consideran las hipótesis más desfavorables para la izquierda, o más confortable si se modifican de manera ligeramente más generosa esas suposiciones.

Pero en toda encuesta hay un margen de error, que puede conducir a aumentar o disminuir la intención real de voto de los partidos. Pongámonos entonces en la situación más desventajosa imaginable para el FA: volquemos simultáneamente todo margen de error posible a favor del PN y en contra del FA. Es una situación de bajísima probabilidad, pero es posible y el resultado que arroje será el más pesimista para el FA. Dado que la encuesta Factum tiene un margen de error máximo de 3.2%, el 44% de intención de voto frentista disminuiría a 40.8% y el 29% de intención de voto blanca crecería a 32.2%. Vayamos contra el FA en la distribución de indecisos y aporte de votos del exterior, dejando ambos en sus pisos de 39% y 38.000. Y exageremos la captación de indecisos y de votos del exterior del PN, suponiéndolos en un 40% y 20%, respectivamente. Eso dejaría a un FA con una votación del 45.5% y al PN con 37.4%, y habría segunda vuelta. ¿Qué ocurriría en la segunda vuelta? Muchos autores dicen que la segunda vuelta es otra elección, otra campaña. Eso es cierto en el sentido de que puede haber ajuste de agendas y estrategias, que los votantes de los partidos no responden completamente a sus dirigencias en el caso de acuerdos interpartidarios, etc. Sin embargo, se ha comprobado en varias elecciones en el mundo (incluyendo la uruguaya de 1999) que la utilización de una determinada metodología estadística permite hacer una razonable predicción de los resultados de una segunda vuelta en caso de que no haya «catástrofes». Es decir, que la campaña transcurra, cambiando tono y contenido, pero sin eventos de magnitud excepcional que modifiquen completamente la opinión pública. La metodología en cuestión conduce a estimar qué porcentaje de votantes de cada opción en primera vuelta «migrará» a cada opción en segunda vuelta. El referido estudio fue aplicado a nuestra realidad señala, que la votación en segunda vuelta del FA sería el 48.4% y la del PN el 46.5%. Triunfo exiguo para el FA, pero asumiendo que todo margen de variación se corre al máximo a favor del PN, constituyendo un escenario extraordinariamente pesimista y muy poco probable.

No hay aquí ningún sentimentalismo: es un estudio concreto de cifras, realizado con el cuidado de ponerse, incluso, en hipótesis muy desfavorables al deseo propio. Y dejamos constancia de que otras encuestas conducen incluso a resultados más expresivos. Simplemente, expresamos aquí que no tenemos a la vista ningún escenario de triunfo para el Partido Nacional, porque eso es lo que nos dan los números. Si nos dieran otra cosa, lo diríamos.

La Ciencia es una herramienta al servicio d
el análisis político, pero la democracia se basa en las urnas, no en ninguna fórmula. Es el voto de cada ciudadano y no ninguna encuesta o cálculo lo que realmente cuenta, claro está. Pero además, y más allá del triunfo del FA que avizoro, insisto obsesivamente en la generación de políticas de Estado gane quien gane. Y esto no depende de ningún dirigente. Depende de todos y cada uno de nosotros, de si razonamos o gritamos, si nos hacemos ecos de rumores o nos informamos, si nos abrimos al diferente o nos encerramos en odios clasistas o sectoriales. Más allá de la valiosa herramienta que es la Ciencia, más allá del voto, elemento vital y decisivo en la democracia, es también en la actitud ciudadana de todos nosotros que está en juego la suerte de nuestro querido país. Estoy convencido del triunfo del FA, pero desearía muy sinceramente estar similarmente convencido de que aprenderemos a construir desde la diversidad, con inteligencia, respeto, visión estratégica y sustentabilidad. Si así fuera, el Uruguay entero sería el gran triunfador.

|*| Analista y matemático

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