El mismo verso
La información, que recorrió las vísceras del mundo con la velocidad de un cólico intestinal, dice que «una histórica resolución de la ONU compromete a la comunidad internacional a buscar un mundo más seguro y sin armas nucleares».
Bueno, si son como las de Irak este esfuerzo pacifista es al santísimo botón, ya que esas fueron convenientemente imaginadas para que el país fuese invadido, devastado y aún permanezcan allí fuerzas de ocupación con intereses más vulgares, por decirlo de modo incorrecto, como la apropiación del petróleo.
No hay caso. Pasa el tiempo y se canta el mismo verso, la misma letra, igual a un salmo o a un tango.
Se asemeja a lo que a veces ocurre con las tartas. Si uno quiere, les sigue agregando capas aunque no cambie demasiado la esencia de la cosa. También podría uno comparar la situación con un retrete: no hay día en que deje de convocar a una peregrinación; ¡qué se le va a hacer, es el imperio de las necesidades fisiológicas!
Esta vez, a decir verdad, son necesidades de otra naturaleza. Además, cambiaron los protagonistas. Obama, quien quiso levantar su alicaída popularidad, encabezó esta cruzada, con los rusos aferrados a sus pantalones, empujando una resolución que «refuerza los instrumentos para prevenir la proliferación nuclear, y construye un marco legal contra la incontrolada expansión de la tecnología de ese origen y el tráfico de material atómico».
A la ONU le sobran frases muertas. Al pedo.
También abunda a su alrededor el cinismo. El nuevo texto normativo, siguiendo pasos de los anteriores, refuerza la responsabilidad y autoridad del Consejo de Seguridad de actuar frente a todas las violaciones comprobadas. ¿Usted ignora, lector, quién es el patrón de ese Consejo?
No fue todo. Para completar esta inclasificable obra teatral, no hubo una sola palabra específica referida a Irán o a Corea del Norte.
Eso algo quiere decir, aunque yo, de puro tonto que soy, no me doy cuenta qué.
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