MUJICA – ASTORI VERSUS LACALLE – BORDABERRY

La verdadera elección está a la vista. La mesa está servida, para que todos los uruguayos decidan entres dos opciones muy nítidas, entre dos fórmulas opuestas que comparecen el 25 de octubre próximo. Pero a diferencia de los que creen que esta elección se define entre el Frente Amplio y el Partido Nacional, a mi juicio la realidad es otra. Esta elección plantea claramente un escenario de definición entre la izquierda y la derecha, entre el futuro de prosperidad y el pasado clientelístico, entre las fórmulas Mujica – Astori y Lacalle – Bordaberry.

Usted corta grueso, Michelini, me dijo uno de los participantes de una charla en un departamento del Interior. Sí, le contesté, y agregué: cuando está de por medio el futuro de nuestros hijos y del país todo, no parece bueno jugar a las escondidas. Y digo bien, son Lacalle y Bordaberry quienes representan el proyecto político de la derecha. Larrañaga muy poco influye en ese proyecto y en la definición, no pincha ni corta como diría mi abuela. Que Lacalle es de derecha y Bordaberry también, creo que nadie lo duda.

La derecha en Uruguay no se expresa en un solo partido, como lo hace la derecha en España, con un solo programa y un solo candidato. Desde la asunción de Pacheco en el Partido Colorado, desde la muerte de Wilson en 1988 y la presidencia de Lacalle, la derecha se ha expresado abiertamente en ambos partidos tradicionales.

Y en cada elección, desde 1985, en las dos presidencias de Sanguinetti, en la de Lacalle y en la de Jorge Batlle, los blancos y colorados gobernaron juntos, de forma asociada e ininterrumpida. Por supuesto, la capacidad discursiva y la cultura de Bordaberry no es la misma que la de Sanguinetti. Ni la simpatía de Volonté o la rectitud de Ramírez están presentes en la imagen pública que irradia Lacalle. Pero las políticas que aplicaron blancos y colorados en el gobierno fueron las mismas, más allá del puntual ganador de cada elección.

Desde la política de impunidad para los criminales de la dictadura, hasta el proceso de desindustrialización, desde la ausencia de políticas sociales hasta el fundamentalismo del mercado como único asignador de recursos, las políticas de los gobiernos blancos y colorados han operado en una misma dirección. La dirección del ya mundialmente desacreditado modelo de desregulación, desmantelamiento del Estado y libre mercado, que compone el programa de la derecha neoliberal. ¿Por qué Lacalle hoy haría algo distinto de lo que ya hizo y trató de hacer en el período en que gobernó? ¿Tiene alguna orientación diferente Bordaberry a la del gobierno de Jorge Batlle del que fue su distinguido ministro? ¿Qué harían distinto? Nunca lo han dicho, porque la orientación es la misma.

La referencia de la motosierra utilizada por Lacalle, para terminar con el gasto público, recibió críticas de todos lados, tanto de los sectores sociales como de los sectores políticos de izquierda, pero no recibió una sola palabra crítica de la derecha. Y eso que fue una barbaridad. ¿Cuándo Bordaberry dijo algo en contra? A lo mejor habrá pensado ¡caramba, qué chambón! Pero públicamente no puede criticarlo porque él piensa lo mismo, piensa que las políticas sociales son gastos que hay que recortar. La derecha tiene en Uruguay dos candidatos, ellos componen la fórmula de la derecha y por supuesto gobernarán juntos y de acuerdo, si es que uno de ellos llega al gobierno.

Cualquier ciudadano podría decirme que no es así, que quien acompaña a Lacalle es Larrañaga. Desde el punto de vista formal, puede ser. Pero desde el punto de vista ideológico y de la orientación de la propuesta política, la realidad indica que la fórmula verdadera es la otra. Y desde el punto de vista del ejercicio del poder, ahí no quedan dudas. Si gana Lacalle, su principal socio para gobernar será Bordaberry, pues es con quien registra las mayores coincidencias y comparte la misma visión ideológica.

Y no es ningún misterio porque ya ha sucedido. Durante el gobierno anterior, el entonces presidente Jorge Batlle encontró su mejor socio para gobernar en Luis Alberto Lacalle y el Herrerismo. La estrecha relación de Batlle con el Herrerismo, en particular con Lacalle, dejó continuamente fuera de foco a Larrañaga. Tuvo que caerse la economía en pedazos y colapsar todo el sistema financiero para que poco después, cuando ya no servía de nada y sólo se debilitaba un poco más al gobierno, Larrañaga pudiera retirar los ministros blancos del gabinete

En la elección del 25 de octubre confrontan dos proyectos de país, el país de Lacalle y Bordaberry y el proyecto de desarrollo ya iniciado en este gobierno y que quiere continuar hacia el futuro representado por Mujica y Astori. Son dos concepciones muy distintas, dos formas de concebir el cambio y el país muy diferentes.

Miremos si no el Plan Ceibal, desarrollado por el gobierno de Tabaré Vázquez. Un proyecto revolucionario, una conquista elogiada por el mundo entero. ¿Lo hubiera llevado adelante un gobierno de la derecha? ¿Lo hubiera impulsado Lacalle? ¿Y Bordaberry? ¡Por favor! Ni antes ni ahora forma parte de sus planes ningún proyecto de esa naturaleza. No forma parte del proyecto, ni es objetivo de la derecha, el generar equidad o combatir las desigualdades. ¿Nos han dicho cuántos nuevos empleos piensan crear? ¿Cuáles son sus objetivos en cuanto a superación de la pobreza si les toca gobernar? ¿Qué van a hacer con la indigencia?

En nada de eso hay compromisos explícitos. La preocupación con respecto a los más pobres es que estén limpios. Al punto que motivó una de las propuestas más patéticas que se pueda recordar: la del candidato nacionalista de instalar baños para que los más pobres puedan higienizarse.

Quienes piensan que los problemas sociales, la pobreza, se solucionan sólo mediante la inspiración y el esfuerzo individual de quienes la padecen, que sólo el libre mercado es el que debe asignar oportunidades y recursos, no conciben un gobierno consustanciado con el objetivo de superar la pobreza, y al Estado como una herramienta fundamental para conseguirlo.

El próximo 25 de octubre los uruguayos tendrán que elegir entre dos programas, dos países posibles y dos fórmulas opuestas. La fórmula Mujica ­ Astori o la fórmula Lacalle – Bordaberry. Esa es la verdadera disyuntiva, es el cruce de caminos en el que cada uno de nosotros deberá definirse.

|*| Senador, Nuevo Espacio FA

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje