MATEMATICAMENTE TENEMOS CHANCE: EL TIRO POR LA CULATA
Faltan menos de 50 días para las elecciones y la campaña política en los medios, igual que el Titanic, sigue navegando a la deriva. Con la oposición aún sin plan de gobierno, muy preocupada por el glamour de la fiesta mediática, olvidando lo principal: que el barco es el país, que lo importante es el recorrido y el futuro destino de la nave y que dentro de la misma viaja toda nuestra gente.
Sin embargo desde Rivera llegan noticias que permiten introducir algún análisis que trascienda lo meramente electoral. En declaraciones emitidas por Diamante FM y Televisión Nacional, el ex futbolista H. De León dijo lo que todo el mundo sabía pero que ningún dirigente blanquicolorado se atrevía a confesar: «…El balotaje se inventó para votar colorados con blancos y blancos con colorados. Lógicamente en contra del Frente Amplio».
Prístino como el agua. Los partidos fundacionales pensaron que con esa «avivada» cortoplacista (más digna de los escritorios de una liga de fútbol que de la política seria) desplazarían al Frente Amplio y que el sanguinettismo y el herrerismo seguirían gobernando hegemónica e indefinidamente al país, bajo el disfraz de una supuesta controversia bipartidista encubierta bajo las viejas divisas.
El recio ex zaguero, acostumbrado a la calculadora del «matemáticamente tenemos chance», hizo cuentas y se lanzó al ruedo político apostando a recuperar del herrerismo ese 30% de colorados que votó el fracasado gobierno de Jorge Batlle. Sin disimulo Bordaberry y De León muestran su enojo porque los blancos le piden a los votantes colorados el voto prestado por adelantado en octubre. Increpan a sus huestes diciéndoles que votar ahora al Cuqui sería una traición inútil al coloradismo (a Batlle y Ordóñez ya no lo nombran), porque ellos ya le han garantizado públicamente a los blancos el préstamo de sufragios para la supuesta segunda vuelta de noviembre.
No es mera coincidencia que Lacalle también exprima las encuestas rezando para que la sumatoria de votos blancos y colorados les permita acceder al balotaje. Tampoco lo es que los principales líderes de la oposición muestren mayor interés en instalar a fórceps en la percepción ciudadana la certeza de que habrá segunda vuelta, que en debatir y comunicar sus propuestas de gobierno. Ambos líderes no entienden que igual que cuando miramos la tabla de las Eliminatorias los uruguayos detestamos aceptar que nuestra única ilusión de triunfo sea tener que abrazarnos al capricho de la probabilidad matemática. A pesar de los reiterados resultados de nuestra selección, los orientales conservamos la cultura de ganar por mérito propio. No nos gusta depender de resultados ajenos, ni olvidar el orgullo que nos produce ganar gracias al buen juego, la entrega y la solidaridad del equipo.
No es para nada casual que los dos representantes de la restauración neoliberal de la ley del libre mercado sin límites hayan sido abrumadoramente elegidos por su gente como candidatos únicos de los partidos tradicionales en las pasadas elecciones internas.
Es notorio que la acción y visión estadista de Wilson y Batlle y Ordóñez han sido desplazadas por el neo «Bordalacalleberrysmo 2009″, porque lo que ha triunfado en ambos partidos tradicionales es una visión que profundiza la resignificación estructural de nuestro sistema político y de los paradigmas culturales que rigen la convivencia social.
Aunque los frenteamplista hayamos tenido que postergar un período el acceso al gobierno, lo cierto es que la aplicación de esa reforma consolidó un nuevo bipartidismo que llegó para quedarse. Bipartidismo que está constituido por dos grandes corrientes de pensamiento: la izquierda renovadora y progresista sintetizada en el Frente Amplio y la derecha neoliberal y conservadora. Derecha que presenta dos formatos: el tradicional caudillista, libremercadista y privatizador de Lacalle, y el joven de apariencia posmoderna que encarna Bordaberry.
El bipartidismo clásico uruguayo encontró resistencias durante la década del 70, especialmente a partir de 1971, cuando los partidos denominados «de ideas» (comunistas, socialistas y cristianos, entre otros) confluyen en el Frente Amplio, como respuesta a los déficit de gobernabilidad que tuvieron los partidos tradicionales frente a las sucesivas crisis económicas y financieras iniciadas a fines de la década del 60.
El proceso de diversificación del escenario político siguió consolidándose pese a los intentos de freno. Pese a todo el viejo sistema bipartidista uruguayo dejó de ser fiel reflejo de las expectativas y voluntades de los ciudadanos. Se rompió el molde de la herencia del poder.
En el nuevo escenario se fue prefigurando el decrecimiento electoral de los partidos políticos Nacional y Colorado, que sumados pasan de tener el 76% de los votos en 1984 a contar sólo con el 45% de los sufragios en las elecciones de 2004.
El tiro les salió por la culata porque:
1.- La eliminación de la ley de lemas, las elecciones internas y la separación de las elecciones nacionales y departamentales obligó a los partidos tradicionales a abandonar definitivamente el rastrillaje indiscriminado de votos policlasistas y multiideológicos, para refundarse a partir de su nueva esencia derechista y neoliberal.
2.- Los dos modelos, lejos de constituirse en una polarización nociva para el país, fortalecieron la institucionalidad al facilitar la visualización pública de las identidades partidarias e ideológicas, obligando a las fuerzas políticas a crear el clima para negociar entre quienes somos diferentes.
3.- Se brindaron más y mejores oportunidades al elector de decidir con su voto el rumbo nacional, al tiempo que se solidifican las instancias de que dispone el ciudadano para ejercer control social sobre el sistema político y el ejercicio de gobierno.
4.- Se pudo hacer foco exclusivo en el segundo nivel de gobierno, permitiéndole a la gente expresar sus demandas específicas en relación a las necesidades departamentales y locales.
5.- Se fortalecen la democracia y la institucionalidad, reivindicando la gobernabilidad como parte de la cultura política tanto a nivel nacional como departamental. El país entero, Canelones, Florida, Paysandú, Maldonado, Rocha y Salto ya han sido gobernados por las tres principales fuerzas políticas a nivel nacional sin que se haya producido ninguna de las tan anunciadas catástrofes…
El compañero Danilo, al presentar oficialmente la creación del Frente Líber Seregni bajo la consigna «continuidad y cambio», expresó claramente la caracterización de este nuevo bipartidismo al decir que «…estamos aquí porque somos de izquierda y somos frenteamplistas. La creación del FLS no tiene por objeto constituir una mera alianza electoral, queremos ser un proyecto político que asegure esas grandes características y rasgos que ha tenido siempre el Frente Amplio. El FLS es una puerta abierta de par en par para el crecimiento del Frente Amplio, para fortalecer la confianza, las seguridades, la seriedad programática, las ideas de izquierda, es una garantía de seriedad y profundidad de los cambios». Y agregó: «…el día que consideremos que hemos tocado el cielo con las manos, que hemos realizado todos nuestros objetivos, habremos perdido nuestra identidad de izquierda, que significa considerar siempre como inalcanzables los grandes sueños. Hemos aprendido que por una sociedad mejor se lucha hasta el último minuto de nuestras vidas, por eso el Frente Amplio es un proyecto histórico y ojalá que esto que hoy iniciamos también lo sea. El Frente Amplio lucha y luchará contra la injusticia dominante en el mundo actual, contra la codicia transformada en el motor de las economías y la sociedad, contra la resignación de que el actual sistema mundial es el fin de la historia. Con la reciente crisis financiera ha quedado demostrado que con la caída de paradigmas neoliberales mundiales la historia no tiene fin». Para terminar señalando: «…los partidos fundacionales alguna vez tuv
ieron proyecto nacional, se podía estar de acuerdo o no pero era un proyecto de país que se perdió hace por lo menos cincuenta años. Fusionados han extraviado totalmente el rumbo, no tienen proyecto nacional y han ido de ajuste fiscal en ajuste fiscal; esa es la historia de los gobiernos que antecedieron al gobierno del Frente Amplio. Y en esta campaña electoral se debe levantar la visión estratégica y desarrollar el Proyecto Nacional Uruguay. La izquierda puede expresar en forma muy elaborada profesional y técnicamente sus propuestas, pero sus grandes objetivos se definen en forma muy simple: mejorar la vida de la gente».
Del 28 de junio hasta hoy ha pasado mucha agua bajo el puente de la campaña. La constitución austera y reflexiva de la fórmula frenteamplista cohesionó al Frente Amplio, reforzó acuerdos programáticos y redobló la militancia.
Lacalle, después del abrazo fraterno del balcón, ahora trata a Larrañaga con palmaditas complacientes en la nunca y dándole como único protagonismo el de atacar al Frente. Mientras tanto Mujica y Astori juegan de memoria y de taquito pero el futuro del país depende de cada uno de nosotros y no de que matemáticamente tengamos chance.
|*| Diputado de Asamblea Uruguay Frente Amplio
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