¿Por qué?
No causan gracia. No alientan esperanzas de soluciones definitivas y rápidas. Por tanto, son casos que no preocupan sólo a quien la indiferencia le haya cercenado la responsabilidad.
Me refiero al INAU y al Hospital de Clínicas.
En el INAU, y luego de múltiples idas y venidas, los trabajadores volvieron a ocupar el Hogar Puertas, centro de internación de menores infractores. En el Clínicas, el pasado viernes, los médicos de guardia decidieron cerrar temporalmente la Emergencia porque no estaban dadas las condiciones para una correcta atención.
Son circunstancias tan recurrentes que, independientemente del origen de los problemas y de quiénes tienen razón, ofenden la conciencia social.
¿Por qué tanta incapacidad?
A veces, una frase leída en un libro cualquiera surte el efecto de la iluminación. Algo así como abrir una ventana, en medio de unos días grises, para que, de pronto, entre una luz inesperada.
Isaac Asimov tenía la virtud de explicar cosas complejas de modo sencillo. Hablando de la tendencia natural de las moléculas grandes, si se las abandona a sí mismas, de disgregarse en moléculas cada vez más pequeñas, dijo que «equivale a que unas bolas rodarán cuesta abajo en una pendiente, pero no es probable que rueden jamás hacia arriba». Luego, uno de sus lúcidos postulados: «No tenemos por qué imaginar las cosas abandonadas a sí mismas. Una bola puede ser empujada hacia arriba si se le proporciona la energía necesaria».
¡Albricias! ¡Era tan sencillo como eso! Las bolas que representan al Clínicas y al INAU seguirán rodando cuesta abajo mientras no haya acciones suficientes ni adecuadas para detenerlas y cambiarles el rumbo.
Pura teoría, dirá usted, lector. Entonces volvamos a la pregunta inicial: ¿por qué ni el gobierno ni el sistema político han abordado esas acciones? Y si hicieron el intento ¿por qué el resultado ha sido siempre el fracaso?
Buen momento, este de la campaña preelectoral, para responderla.
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