¿Mal genio?
Lacalle es un inepto.
Los técnicos de la calificadora Moody’s son unos ineptos.
¿Hay más ineptos por ahí, aún inadvertidos? Probablemente. Pero para estar seguros habría que preguntarle a Danilo Astori, quien anda a los cachetazos de modo metafórico con tamaño adjetivo a flor de su carnosa boca. Lo sacude y lo estrella contra quien sea apenas se le contradice, se le cuestionan sus conocimientos o le rozan unas opiniones diferentes.
Hay dos aspectos que me inquietan de este hábito que, con notoria vehemencia, ha incorporado el ex ministro de Economía y candidato a la vicepresidencia por el Frente Amplio.
El primero es la redundancia al manejar el lenguaje, o, si se prefiere, la incapacidad, que viene a ser lo mismo que ineptitud, para hallar sinónimos de ese descalificativo que con tanta fruición pronuncia a cada rato. Podría usar, precisamente, incapacidad, al menos de tanto en tanto. O inepcia que suena exquisito, aristocrático, patricio, inhabilidad, torpeza y hasta necedad. No es buena cosa que un dirigente político de su trayectoria, inteligencia y cultura atlántica, término que usaba Tom Wolfe para no caer en la simplicidad de amplia, parezca un viejo disco rayado.
El segundo es una mera suposición mía que puedo expresar, sin otra intención que el esclarecimiento, en unas preguntas. ¿Astori tiene mal genio? ¿Se enoja con facilidad? ¿Es escaso su nivel de tolerancia a las críticas? Si así fuese, ahí podría haber anidado la costumbre de repetir hasta el hartazgo el mismo vocablo.
En cualquier caso, redundante o genioso, para el candidato no parece bueno que el epíteto de marras le ocupe tanto tiempo ni energía.
Es que cuando lo dice alcanza la plenitud del estiramiento facial y se le advierte el ascenso de la presión arterial. En una persona de su distinción, es como si, en medio de un discurso en Oxford, tuviese el nudo de la corbata torcido o le saltase, como una bomba, el botón del medio del saco.
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