Imperialistas
Suele hablarse con frecuencia, por estos días, de ciertas expresiones de la modernidad: por ejemplo, los avances de la ciencia y la tecnología, así como la lenta pero progresiva popularización de sus usos y beneficios.
No es común, sin embargo, que una operación financiera, salvo porque su dimensión despierte perplejidad, nos conduzca a una reflexión profunda, en una de esas implicada en nuestra campaña preelectoral.
¿Puede haber un hecho de tales características que obligue a los principales candidatos políticos uruguayos o les haga imposible la resistencia a admitir el calificativo de imperialistas?
Obviamente, me refiero a quienes ya no ostentan orgullosos esa cucarda, porque hay de todo en esta viña del Señor.
Veamos, lector.
En Estados Unidos, que, según muchos, es el imperio por antonomasia, The Walt Disney Company decidió adquirir en cuatro mil millones de dólares unas moneditas, vamos, hombre, hasta en tiempos de crisis la fábrica de cómics Marvel. Se supone que tamaña operación está destinada a diversificar las actividades de la histórica compañía creadora del Pato Donald, el Ratón Mickey y tantos personajes emblemáticos del dibujo animado.
Ah, qué bien, dirá usted, aunque de inmediato se preguntará a cuento de qué viene esto y cuál es su relación con la política autóctona, simultáneamente preocupado, quizás, por mi estabilidad mental, que viene a los tropezones.
Claro, tal vez pocos recuerden que Marvel pudo haber influido en la formación de los candidatos vernáculos, aunque hayan cambiado su nombre original.
Me refiero al increíble Hulk, que acá no se pone verde pero emerge entre flores diversas y terrones, al extraordinario Iron Man, que acá le daba por jugar al rugby y ahora cree que el fútbol da votos, y al extraordinario Hombre Araña, que acá no luce, espléndido, su traje habitual sino uno blanco y celeste y está un poco gordo.
¿La campaña se trasladará a Hollywood? ¡Qué tragedia inesperada!
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