MODELOS DE UNIVERSIDAD
Universidad en debate
Felizmente en estos días se ha prestado atención mayor de la usual a la cuestión de los modelos de Universidad que el país necesita. Colaboraron a fomentar ese debate los informes acerca de la Conferencia Mundial de Educación Superior y el panel con candidatos o sus representantes que tuvo lugar en el Paraninfo de la Universidad de la República (UR) el 26 de agosto. Este panel se inscribe en un ciclo de intercambio de ideas, promovido por la Asamblea General del Claustro de la UR y recogido por la Gaceta. UR, sobre la construcción de un Sistema de Enseñanza Terciaria Pública y la reforma de la Ley Orgánica de la propia UR, por la cual abogamos tozudamente.
En la Conferencia Mundial se discutió sobre qué es la calidad de la Educación Superior, cómo puede ser mejorada, cómo debe ser gobernada y financiada, quiénes pueden acceder a ella, en qué medida constituye un bien público y, fundamentalmente, cómo puede contribuir a la mejora de la calidad de vida. Cada conjunto organizado de respuestas a tales cuestiones constituye un «modelo de Universidad». De ello se habló también en el panel del Paraninfo, aunque en forma incipiente y con carencias de información. Por ejemplo: la acreditación de las universidades privadas no depende de la UR; ésta no ha modificado sus disposiciones sobre gratuidad y cobro de posgrados; aunque la UR quisiera cobrar matrícula a los estudiantes de grado cosa que no quiere la nueva Ley de Educación no se lo permite. La permanente «Rendición Social de Cuentas» de la UR en la que se inscriben estas contratapas apunta tanto a mejorar la información como a ofrecer elementos para profundizar la discusión.
Calidad proclamada y calidad trabajada
No basta con reivindicar la calidad para demostrar que se trabaja por ella ni que el modelo de Universidad que se defiende es el mejor. Distintos indicadores apuntan en distintas direcciones. Un «ranking» a la moda de universidades usa como indicador el cociente entre el número de docentes y el número de estudiantes; por lo tanto, se avanza en el ranking limitando el ingreso. Nos es ajena una concepción de la calidad que no toma en cuenta el perjuicio a la sociedad que supone privar a muchos del derecho a la Educación Superior. Una primera dimensión de la calidad auténtica se relaciona con el acceso, la permanencia y los logros en la enseñanza avanzada. En la contratapa del 11 de agosto reseñamos algunos esfuerzos que se realizan en la UR para mejorar en esa dimensión, ya que muchas carencias tenemos. La prensa de estos días da cuenta, por ejemplo, de una campaña («La Previa») en marcha para informar sobre la oferta educativa de la UR a los estudiantes del último año de Enseñanza Media.
Otra dimensión de la calidad de la Educación Superior es su vinculación con la investigación. Un indicador de ello parcial como todos los indicadores y susceptible de varias críticas es la participación en el recientemente conformado Sistema Nacional de Investigadores, más del 90% de los cuales pertenecen al sector público. Hemos afirmado que la UR da cuenta de no menos de los dos tercios de la investigación nacional; el indicador mencionado da bastante más. Pero la institución no está satisfecha, pues reconoce un nivel bastante desparejo de creación de conocimientos, para afrontar lo cual aprovechando el incremento del presupuesto se están forjando nuevas herramientas institucionales. Por ejemplo, está en marcha el programa de fomento de la calidad de la investigación en toda la UR, que respalda las más sólidas propuestas de mejora. Y, para vincular mejor enseñanza e investigación, ya está en su segunda edición el programa de fomento a la investigación estudiantil.
¿Conocimiento para qué y para quiénes?
Una dimensión relevante de la calidad de la Educación Superior la constituye el uso social del conocimiento y de las altas calificaciones. Pero limitarse en este asunto a repetir que las universidades deben vincularse más con el mercado es doblemente insuficiente. Primero, porque la sociedad no se reduce al mercado. Segundo, porque la débil demanda de conocimientos proveniente del mercado es característica del subdesarrollo. Esto implica que no basta colaborar con las empresas que buscan relacionarse con la universidad cosa en la que la UR tiene amplia experiencia sino que además hay que salir a respaldar a las empresas pequeñas y a otros actores productivos que necesitan conocimientos pero no pueden pagarlos. Proyectos de este tipo son financiados por la UR desde hace mucho tiempo.
Los enfoques empíricamente fundados y teóricamente actualizados sobre la eficiencia colectiva en el uso del conocimiento, destacan la relevancia de los Sistemas Nacionales de Innovación, como entramado de colaboraciones entre diferentes actores. Una medida del aporte de cada actor lo da la «densidad» de sus conexiones con otros. La UR es la institución más conectada del Sistema Nacional de Innovación del Uruguay. Pero tampoco en este asunto prima la autosatisfacción sino la multiplicación de esfuerzos, algunos también mencionados en notas anteriores. Recordemos sólo dos el programa de investigación e innovación para la inclusión social y la incorporación de la extensión universitaria al conjunto de las actividades de la institución que ilustran tanto el compromiso con la sociedad como la vocación de contribuir a una estrategia nacional en materia de conocimiento para el desarrollo integral.
Sobre el financiamiento de la Educación Superior
Este tema, destacado en el panel del Paraninfo, está en tapete desde hace varias décadas. Al respecto hay consensos y también exageraciones. Ejemplo de esto último es la afirmación de que la UR es sólo para estudiantes ricos, cuando tres de cada cuatro de sus estudiantes necesitan trabajar. Hay consenso en que muy pocos jóvenes de los sectores menos favorecidos acceden a la Educación Superior y en que ello es injusto. Es un gran problema para el país. Comienza ya en la Enseñanza Media, que completan pocos jóvenes provenientes de los hogares de menores ingresos; esperemos que nadie sugiera por ello cobrar matrícula a ese nivel de la Enseñanza Pública.
Cobrar matrícula a los estudiantes de la Enseñanza Terciaria Pública, que son adultos, según los ingresos de sus padres es injusto, engorroso y contraproducente. Proporciona recursos limitados pero restringe el acceso a la formación avanzada, ampliando la desigualdad y dificultando el desarrollo. Pero la generalización de la enseñanza avanzada, de calidad y permanente, supone costos crecientes. En tanto la Educación Superior es un bien público que beneficia a toda la sociedad, el Estado debe asumir el grueso de su financiación. Al mismo tiempo, dados sus costos y los beneficios individuales que genera, quienes hemos tenido el privilegio de completar estudios terciarios pagados por la sociedad, tenemos el deber de contribuir, en proporción a los ingresos que nos proporciona la profesión, al financiamiento de la generalización de la enseñanza avanzada. Es una solución más justa y más rendidora que la matrícula.
Modelo a revitalizar
Algunos atienden sobre todo a nuestro «atraso» y proponen superarlo mediante modelos de Universidad que imitan algunos de los que prevalecen en el Norte. A otros nos preocupa primordialmente nuestro «subdesarrollo», que sólo se puede conjurar mediante caminos específicos, aprendiendo de todos sin copiar a nadie, apostando a la renovación desde lo mejor de la tradición. Reivindicamos el modelo latinoamericano de Universidad autónoma, democráticamente cogobernada y socialmente comprometida. A la vez, y con mayor convicción todavía, afirmamos que ese modelo sólo tendrá vigencia en el siglo XXI si es capaz de inspirar una Reforma profunda que, superando múltiples atrasos y carencias, construya una institución a tono con los desafíos de hoy y mañana.
En apretada síntesis: 1) Hace falta revital
izar y ampliar la participación, pues el cogobierno es fuente de innovación y escuela de ciudadanía si conjuga democracia y eficacia, lo que constituye uno de los motivos para actualizar la Ley Orgánica. 2) La autocrítica constructiva requiere un marco normativo flexible que permita la renovación institucional permanente. 3) La Universidad debe contribuir a la construcción de un Sistema de Enseñanza Terciaria Pública que ofrezca educación avanzada para todos. 4) La calidad de la Educación Superior se construye combinando enseñanza activa y diversa con la investigación como formación para hacer cosas nuevas y la extensión como vinculación con la comunidad. 5) Desde la autonomía conectada con la Sociedad, hay que forjar una nueva Universidad para el Desarrollo.
|*| Rector, Universidad de la República
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