Pasmo
¿Ha prestado atención, lector, a esas circunstancias que lo dejan a uno pasmado, atónito, perplejo, cuando, aparentemente, todas las cosas están en su debido lugar?
Antes de que usted sufra una apoplejía ante semejante pregunta, que puede parecerle ininteligible, lanzada así, al voleo, la aclararé contando un hecho reciente.
El juez letrado de Young, doctor Suárez Suñol, desechó el dictamen fiscal sobre el caso de un menor que perpetró, junto a un mayor, un homicidio, varias violaciones de menores y hasta necrofilia. La fiscal había sostenido que ese menor debía estar internado en dependencias del INAU en Fray Bentos, en el sistema de reclusión abierta. Según testigos abundantes y horrorizados, a pocos días de concluida la indagatoria judicial con su procesamiento, el muchacho volvió al liceo y se le vio caminar por la rambla y asistir a espectáculos públicos.
Entonces se produjo la enérgica reacción del magistrado, quien lo remitió a Montevideo para una evaluación psiquiátrica, pero bajo medidas de seguridad, y calificó la cuestión de «diferendo procesal», aunque él también según la información de prensa difundida quedó «perplejo» por lo ocurrido.
No me detendré en la descripción ni el análisis de los fundamentos del juez, que, por otra parte, comparto en plenitud. Sin embargo, por alguna extraña razón que se me escapa, no puedo entender de qué modo, cuanto menos en lo que debería ser el ritmo de sus secuencias procesales, funciona la Justicia.
Y, claro, sigo pasmado, atónito y perplejo como el propio juez, aunque me parece que nuestras perplejidades tienen un origen diferente.
¿Cómo se explica el tiempo que pasó desde el dictamen de la fiscal que permitió la transitoria felicidad relativa del homicida, violador y necrófilo hasta la implacable corrección, técnica y ética, de Suárez Suñol?
Intuyo, sospecho, olfateo, lector, que se nos debe estar escabullendo algo que podría serenar nuestro espíritu.
Ah, sí, pero… ¿qué?¡
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