Inversiones
Cierta vez el Chiquito Otegui consiguió un par de damajuanas de tinto de un bodeguero amigo. Quedó loco de contento. Enseguida las quiso estirar, haciendo la mezcla de la casa. Puso a Ruedita en la tarea, pero viendo que éste echaba muy poca agua y alcohol azul, explotó:
-¡No, gliptodonte oxidado! Así, el vino regalado se termina en día y medio. ¡Aprendé a ahorrar, por si las moscas! Debe quedar del bueno para los tiempos de malaria, ¿entendés?
El ejemplo del Chiquito, y me refiero exclusivamente a su pragmatismo, no a su política de estiramiento de materia prima, debería iluminar a otros.
Por ejemplo, a las autoridades de la enseñanza.
Se ha dicho que el Codicen invertirá cerca de medio millón de dólares en una campaña publicitaria para difundir logros de este gobierno en educación. Como era esperable, la oposición, ojerosa de insomnio invertido a la búsqueda de tropezones del oficialismo, y siempre abierta su boca obsesiva, ha puesto el grito en el cielo y ha reclamado una investigación.
No tengo idea si la inversión de marras viola alguna ley o norma constitucional, o se trata, sencillamente, de una agresión al sentido común. Pero la verdad es que semejante cantidad de dinero volcada a la publicidad de cosas que el ciudadano ya conoce y ha valorado en tiempos, además, de angustiosos reclamos desde escuelas y liceos por obras y materiales faltantes, parece, cuanto menos, una especie de sonambulismo, de pérdida de la noción de la realidad.
¿Qué se quiere difundir? ¿El Plan Ceibal? ¿El Plan Cardales? ¿La política de escuelas de tiempo completo? ¿La nueva Ley de Educación? ¡Por favor! ¿Quiénes son aquellos que carecen de información sobre todo eso? Gastar medio millón de dólares a tal fin, justo en medio de una campaña preelectoral, explica que haya suspicacias. No hay derecho a ser tan evidentes.
Esa plata está haciendo falta, hoy mismo, para otros fines más respetables y necesarios; y no me vengan con que sobra.
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