LOS CUCOS DEL CUQUI
El Dr. Lacalle volvió al ruedo solicitando una tregua electoral que nadie comprendió. Se quejó amargamente respecto a que en estas elecciones no sólo tendría que competir con un partido político sino con todo el gobierno y habló de flagrante violación a la Constitución al referirse al encuentro que tuvo la fórmula del Frente Amplio con los compañeros que tienen responsabilidades de gobierno. Responsabilidades que no tienen ninguna inhibición constitucional para realizar actividad partidaria.
El Dr. Lacalle sabe más que nadie que en esa reunión pública, además de hacerse propuestas respecto al futuro plan de gobierno, se insistió en reforzar el camino ya trazado por nuestra fuerza política y por el propio Tabaré. Además el Presidente ha dicho cuando no tenía obligación alguna para hacerlo que quien integra el gabinete asume su responsabilidad hasta el último día del ejercicio y ese es su mayor compromiso militante y con el país. Agregando que quien quiera ser candidato a cargos electivos y en función de ello, se vuelque activamente en la campaña electoral, deberá renunciar de inmediato a su responsabilidad.
Lo que en ningún caso debe confundirse con la exhibición de los resultados obtenidos por la gestión del gobierno.
Este señalamiento de Lacalle no es casual. Forma parte de su estrategia electoral, en la que por un lado le guiña un ojo a los de centro, mostrándose abierto al diálogo, tolerante y sin divisa ya que sólo pertenece al partido «de los que hacen las cosas bien» y por otro alimenta el temor de los independientes y la sed de revancha de la derecha, fabricando cucos que supuestamente representan a la izquierda, aunque debemos reconocer que estos, por imperio de la realidad, son algo más refinados que los de la década del 90.
El cuco que quiere instalar Lacalle es el de la izquierda autoritaria, destructora y avasallante que no respeta la Constitución, las leyes ni la propiedad privada. Por eso hace tanto aspaviento con la Constituyente, cuando su propio partido ha planteado en varias oportunidades la necesidad de ajustar la Carta Magna en varios aspectos.
Todos sabemos que más allá de que no es una de las prioridades de nuestra futura propuesta de gobierno, sería un buen instrumento para realizar reformas impostergables que adecuen la Constitución a las actuales necesidades sociales, políticas y económicas del país.
Además es sabido que el propio mecanismo de convocatoria de la Constituyente sabiamente obliga a todas las fuerzas políticas a acordar y lograr consensos.
Basta leer el artículo 331 de la Constitución, literal C, para saber que una convocatoria de la Convención Nacional Constituyente requiere previamente la aprobación por mayoría absoluta del Parlamento, de una o varias iniciativas de reforma para que se pueda convocar a la elección de la Convención.
Todos los partidos hablamos de políticas de Estado y de encaminar el Uruguay hacia un destino acordado por todos. Por esta razón me pregunto:
¿Cómo avanzamos con certeza en la descentralización del país, tantas veces planteada por los blancos?
¿Cómo hablar de crear un tercer nivel de gobierno cuando la actual Constitución no define con claridad cuáles son los ámbitos de competencia departamental y municipal?
¿Cómo incorporar los procesos de integración, en particular el Mercosur, cuando nuestra Constitución hace una referencia general en su artículo cuarto?
¿Cómo hacer para modificar integración, competencias y efectos del Tribunal de Cuentas con la actual Constitución?
¿Cómo establecer nuevas reglas para la integración sin trabas de la Corte Electoral?
¿Cómo hacer para descentralizar la formación terciaria y hacerla llegar a todo el país, cuando en la Constitución sólo está prevista la existencia de una única Universidad pública?
¿Cómo hacer una reforma profunda y constructiva del Estado con lo que establece al respecto la actual Carta Magna?
¿Qué avances hay que incorporar respecto al desarrollo sustentable con respecto al medio ambiente?
¿Cómo le damos más derechos a los ciudadanos frente a la acción del Estado?
Reitero que no es un tema urgente ni prioritario, lo que no quiere decir que no tengamos que encararlo entre todos, sin prisa pero sin pausa. Es más, quizá podamos ponernos de acuerdo entre todos los actores políticos y sociales y no necesitar de la Constituyente.
Pero no nos vengan con los cucos de siempre; todos sabemos que quieren asustar a los ciudadanos igualándonos con el proceso venezolano, cuando todos los uruguayos saben que la izquierda en este país recorre su propio derrotero sin copiarle a nadie.
Nadie medianamente sensato, sabiendo cómo gobernamos y seguiremos gobernando el Uruguay, puede llamarse a engaño.
Comprendemos el inútil esfuerzo del candidato del Partido Nacional en comparar el impacto del Plan Ceibal con el de la tarjeta joven que él promocionó, pero no aceptamos otra campaña dedicada a nuevos cucos.
Si no les dio resultado decir que en un gobierno del Frente Amplio pondríamos un muro de Berlín en la calle Agraciada, que enviaríamos los niños a Rusia, que las inversiones se retirarían del país y como consecuencia de ello habría desocupación e inflación, no creo que los nuevos cucos les den resultado.
Un buen debate electoral debería estar centrado en comparar gestiones, modelos de país y visiones de futuro respecto al desarrollo nacional.
Si lo que se quiere es el retorno al mundialmente fracasado modelo neoliberal, debería decirse directamente, sin maquillajes y sin apuestas al miedo.
Si se trata de cucos, preferimos la asunción de identidad plena del diputado García Pintos, quien a propósito del debate en torno a los restos de Artigas expresó que lo único que faltaba era que el gobierno colgara el retrato de Marx junto a la urna.
La izquierda ha gobernado el país y ha obtenido muy buenos resultados, no sólo económicos sino sociales, puesto que a diferencia de los neoliberales para nosotros las políticas sociales son parte de la política económica. No son el remedio para los desajustes de esas políticas gobernadas casi en exclusividad por el mercado, sin intervención del Estado.
Nuestros resultados están a la vista. Comparándolos con lo mejor de los gobiernos de los partidos tradicionales en condiciones internacionales favorables, son infinitamente superiores.
Comparemos resultados en materia de crecimiento de la inversión, los salarios reales, el empleo, los índices de inflación más lo destinado a la salud, la educación, la infraestructura y la seguridad tanto en el crecimiento del salario policial como en los recursos destinados al sistema carcelario. Comparemos el estado del sistema financiero, los mecanismos de control y también la situación de la industria, junto con la reducción de la pobreza y la indigencia. En todos ellos los resultados del gobierno del Frente Amplio son notoriamente superiores.
Con negociación colectiva, fueros sindicales, los trabajadores y las empresas mejoraron su situación, lo que no impidió un alza notable de los volúmenes exportados, a lo que se debe agregar la diversidad de destinos y productos de esas exportaciones.
¿Alcanza eso para materializar un proyecto nacional de desarrollo?
No. Queda mucho por hacer. Hace falta más desarrollo, más igualdad, más integración, más transparencia y más seguridad.
Hoy no podremos hacerlo pero en futuros artículos desarrollaremos cada uno de estos conceptos.
Quiero referirme a dos cucos más: el llamado a no invertir en el país hasta después de las elecciones y el tema de la seguridad.
Respecto del primero, la verdad que no merece mayores comentarios porque se contestan por el absurdo.
Respecto de la seguridad, parece que la gente empezó a poner rejas con el gobierno del Frente Amplio, como si la seguridad pública no fuera un problema que además de real es complejo y multicausal, para e
l que no hay soluciones fáciles.
Este cuco tiene una contracara; la inseguridad que genera la incertidumbre respecto a qué va a pasar con las inversiones realizadas por este gobierno en materia social, con la negociación colectiva, la estabilidad social, etc. La vuelta al pasado que tanto daño nos hizo es un factor relevante de inseguridad e intranquilidad.
Nosotros al país del miedo lo enfrentamos con el país de la confianza en su futuro y en la seguridad del rumbo, que nos permita a todos prosperar a partir del esfuerzo, teniendo la igualdad de oportunidades como punto de partida.
Por eso les digo: niñas, niños, compañeras y compañeros de todo el país, tranquilos porque los cucos no existen.
|*| Diputado de Asamblea Uruguay, Frente Amplio
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