LA CULTURA COMO DERECHO HUMANO

«El conocimiento científico forma parte del patrimonio cultural de la humanidad y por lo tanto es imprescindible que esté al alcance de todos, para lo cual la educación es una herramienta fundamental en la perspectiva de un Uruguay más justo», subraya el programa del FA.

Continuando con la reseña del programa del Frente Amplio (FA) aprobado por el V Congreso Extraordinario Cro. Zelmar Michelini, de diciembre de 2008, veremos el capítulo Uruguay Cultural que parte de «la situación de emergencia que viene atravesando la cultura de nuestro país». Subraya el documento que «El conocimiento científico forma parte del patrimonio cultural de la humanidad y por lo tanto es imprescindible que esté al alcance de todos, para lo cual la educación es una herramienta fundamental en la perspectiva de un Uruguay más justo». Justamente, en la elaboración de la plataforma que está elaborando el FA para las elecciones de octubre se está haciendo hincapié en este aspecto, en particular en la relevancia que tiene la ecuación y su estrecha relación con otras áreas, como la inserción social, el trabajo y la calidad de vida en un amplio sentido, que incorpora la dimensión cultural concebida plena e integralmente. El programa del V Congreso toma en cuenta la consideración de la Unesco, que afirma «el valor central de la cultura como base indispensable para el desarrollo integral del ser humano y para la superación de la pobreza y de la desigualdad». Por consiguiente, para el FA «la defensa de los derecho culturales de la población es una premisa elemental, que debe tener la misma jerarquía que el resto de los derechos humanos».

Se reconoce que a partir de esta administración de gobierno se incorporó el tratamiento del tema por parte del Estado y que ha habido importantes avances en materia legislativa: ley de patrocinio cultural, ley de cine y proyecto de ley de seguridad social de los artistas. El Ministerio de Educación y Cultura (MEC) ha realizado programas y acciones, entre los que se destaca la obtención de recursos presupuestales para cultura, la transformación de la Dirección de Cultura en unidad ejecutora, y el Seminario Internacional de Institucionalidad cultural. «El gobierno del FA se ha posicionado desde una formulación donde la participación del Estado en el ámbito cultural consiste en reconocer, promover, coordinar, difundir y orientar los procesos y proyectos culturales», expresa el documento programático.

Propuestas. Se considera necesario dar un fuerte impulso a la legislación en materia cultural. Se propone la transformación del Ministerio de Educación y Cultura, pues «tiene competencia y alcances que dificultan la eficiencia administrativa». Se plantea ir hacia una serie de ministerios o secretarías dependientes de la Presidencia «con mayor especialización sin que ello implique aumento de número de funcionarios» y una descentralización que posibilite concentración de recursos racionalizando su rendimiento. La Asamblea Nacional de la Cultura ­insumo imprescindible e histórico en la experiencia de la presente administración- debe actualizarse con esta perspectiva de regionalización del país sin dejar de atender lo local.

Se propone avanzar en una Ley General de Cultura que sistematice, reordene y genere las instituciones e instrumentos legales y jurídicos necesarios, e incorporar a la Constitución de la República los derechos culturales.

El Sistema Nacional de Cultura deberá estar integrado en forma coordinada con las instituciones estatales y privadas. Otras instancias importantes a desarrollar son el Instituto de Cooperación e Integración Cultural Regional, con sedes permanentes en aquellos lugares en donde sea de particular interés el fortalecimiento de la inserción cultural, y_ la Comisión Sectorial de Cultura en la órbita de la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP), que asistirá al Poder Ejecutivo en todo lo relativo a la reforma del Estado. Se juzga imprescindible una coordinación o «Gabinete de Desarrollo Cultural» que articule el Uruguay Cultural con el Uruguay Productivo, el Uruguay Innovador y el Uruguay Integrado.

«El desarrollo cultural puede hacer un aporte de gran valor a la necesaria reconstrucción del tejido social de nuestro pueblo, en tanto se parta de una comprensión de la cultura y el arte como expresión propia y exclusiva de todos los seres humanos», sostiene el documento. El congreso toma como referencia el Informe de la Comisión Mundial de Cultura y Desarrollo de la Unesco (1996) al proponer «generar programas de calidad, abiertos, basados en buenos diagnósticos realizados con metodologías adecuadas y aplicados por profesionales altamente calificados». Para ello los ciudadanos deben involucrarse en la construcción de nuevas pautas culturales que se apoyen en las herencias culturales, pero con vistas a proyectarse a un futuro más pleno.

La vinculación entre cultura y educación. El V Congreso subraya que «la vinculación entre cultura y educación es un valor a fortalecer tanto en los aspectos formales del sistema educativo, como en los no-formales del conjunto de la sociedad». «Debe tenerse en cuenta la preservación de la diversidad cultural y la salvaguarda del patrimonio cultural inmaterial», de acuerdo a las Convenciones de Unesco, ratificadas por nuestro país.

En función de los criterios anteriormente referidos, el programa frenteamplista concibe la cultura como parte de una política de descentralización, como un derecho humano, como una emergencia, como una forma de defensa de la diversidad y el patrimonio, como una parte de la educación, y como animación social y expresión comunitaria.

Entre los problemas estructurales que padece la formación artística se señalan la asimetría y fragmentación en la oferta formativa, la incoherencia en cuanto a la posibilidad de estructurar una carrera o de transitar entre las distintas instancias, y la falta de especializaciones ya que la oferta existente en su mayor parte no prevé los diferentes roles en que la formación artística puede ser aplicada. Se propone implementar un sistema nacional de formación artística, con metas en el corto, mediano y largo plazo. Se reconoce el avance en la inclusión en el sistema de seguridad social de los artistas profesionales que significa la legislación recientemente aprobada, que en un próximo período deberá ampliarse incluyendo otras disciplinas.

Democratizar la cultura. El programa establece que «toda política de democratización de la cultura implica una estrategia de formación de nuevos públicos, que por supuestos deberá sustentarse en una actitud crítica y activa que involucre al ciudadano como espectador, pero también como creador de cultura, capaz de expresarse en la creación, en la adaptación y en el goce del arte y la cultura».

En cuanto a los medios de comunicación, se propenderá a la protección de los valores de identidad y el respeto de la libertad de expresión, y a la actualización y aplicabilidad de la normativa existente para garantizar la libre competencia e igualdad de oportunidades en el acceso a las ondas; fortalecer el libre acceso a la información; continuar en la construcción de un marco regulatorio adecuado en materia de adjudicación de frecuencias de radio y TV y en la asignación de publicidad oficial, impulsando una mayor participación de la sociedad civil; consolidar el reconocimiento de los medios comunitarios y su rol en la sociedad; promover una efectiva libre competencia en la radiodifusión comercial, desfavoreciendo la formación de oligopolios y monopolios; estimular y amparar la programación nacional de ficción y contenidos culturales. A través del Sistema Nacional de Televisión fomentar la producción de programas nacionales de divulgación de todas las ramas de la cultura.

El documento destaca que «las industrias culturao les juegan un rol importantísimo en nuestro tiempo», y su «apoyo debe estar sustentado en un análisis profundo de estrategias, metas y objetivos a cumplir en un país con característica
s particulares».

El documento se explaya en la puesta en valor del Patrimonio Cultural, concebido como «una tarea impostergable».

Planificación y presupuesto. Es imprescindible la definición de objetivos y la planificación para alcanzar los mismos, en donde la cultura sea considerada como un sistema, en el cual todas sus partes convivan ordenada y armónicamente.

El desafío es generar un plan articulando todas las áreas y racionalizando la inversión a fin de que todas puedan subsistir e interactuar, con los recursos que necesitan de acuerdo a sus especificidades. Se trata de recursos de variada índole: financieros, humanos, de infraestructura, etc.

«Se ha de articular con firmeza una planificación seriamente diseñada para los objetivos elegidos», expresa el documento. «Si bien no podemos ignorar que partimos de los niveles más bajos posibles de asignación presupuestal, y que en este período hemos avanzado en ese sentido, es imprescindible generar una planificación del crecimiento presupuestal que nos acerque lo más rápidamente posible a los porcentajes de PBI que recomienda la Unesco», finaliza el capítulo.

|*| Diputado de AU-FA.

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