Escrito por: Tercera época Por Antonio Pippo
Anoche tuve un sueño que quiero compartir con usted, lector. No creo que tenga alguna importancia especial, pero me ha dejado una inquietud escurridiza que anhelo no huya antes de comprenderla.
Ellos y ellas es decir, muchas personas comunes, partes de esa generalidad a la que se llama gente estaban parados, absolutamente capturada su atención, frente a una vidriera grande. Detrás había una pantalla en la que aparecían, desaparecían y reaparecían, en colores fluorescentes, hermosísimos, y cada vez modificados, círculos con divisiones y columnas que subían y bajaban según el momento de la exposición.
También se veían números y porcentajes y algunas leyendas aisladas que deshonraban la sintaxis y la síntesis.
En realidad, pese a que pretendían seguirlos, se notaba que ellos y ellas no alcanzaban a interpretarlos, quizás no tanto por su complejidad sino por su brevedad espasmódica; eso sí: contribuían al hipnótico efecto de la pantalla.
No recuerdo en esta parte el sueño se tornó confuso, oscuro cuánto tiempo ellos y ellas estuvieron frente a la vidriera, inmóviles. Pudo haber sido un día, una semana o, quizás, hasta meses.
Sí tengo claro que al marchar, poco a poco, todos iban de ojos bien abiertos, enrojecidos y con una mirada que se acercaba preocupantemente a la idiotez. Al caminar, y no sé explicar por qué, me dejaron la sensación de que debían dar un paso importante en su vida, pero no en su vida habitual, común, sino en su vida cívica. Al verlos alejarse, se apoderó de mí la certeza de que su camino les conducía a un error y eran rehenes de un ente ininteligible.
No me interrogue, lector, acerca de tales impresiones, pues yo soñé todo eso y ahora no sé por qué.
¿Qué significa, lector? ¿Está en condiciones de ayudarme a entender o debo recurrir a un psicólogo?
Preferiría que usted lo descubriera. ¿Sabe qué pasa? Tengo un miedo espantoso de que el sueño esté relacionado con las encuestas preelectorales.
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