Encuestas
En el boliche del Chiquito Otegui no se recuerda otra desgracia como la del domingo desde que se rajó el excusado, el matete llegó a la calle, bajó por la cuneta y se amontonó frente a la iglesia.
Fue la única vez que el cura paró una misa y salió a putear sin misericordia.
Pero ayer a la noche, ya con resultados de las internas a la vista, la barra intentó juzgar los porcentajes de las encuestadoras, ésos con los que rompían las bolas desde hace meses.
El patrón vio venir la maroma y sirvió, así nomás, en bollones vacíos, caña con maníes y puta parió.
-¿Viste que estos tipos tienen la cabeza bien redonda? Epifanio abrió el fuego con una interrogación surrealista.
-¿Qué tiene que ver, guanaco? le dijo con extrema cortesía el Facha Ruiz.
-¡Les hace fácil que los porcentajes cambien de dirección cuando quieren! ¡Así, cualquiera!
-Pa’ mí que lo’ jodió la peste de lo’ chancho’… -la hipótesis del Negro Collazo fue recibida como si Kirchner hubiese pasado a saludar. Otegui sirvió la segunda, antes que alguien hiciera algún disparate.
El Cascarilla Batista sacó un montón de papeles arrugados y los tiró sobre la mesa: -Yo me la jugué, los seguí a todos…
-¿Y…?
-¡Me agarré un dope más grande que cuando el Chiquito me encaja el vino azulado, ése de la casa, y lo cruza con agua del radiador del mionca!
-Son adivinadores, pero vivazos… Como el gato, caen parados sentenció Epifanio.
-Boteyini n’anduvo mal… -la voz de Ruedita sonó tímida.
-¡Bottinelli, gliptodonte sietemesino!
-Se’gual… Tambié’ me gustó’l dosor, aunque no l’entiendo’l idioma…
-¡Sos una loca de quilombo, te sirve todo! A ver, ¿qué hizo bien el sordo González? el Chiquito, que había agotado la caña, estuvo al borde de la implosión cerebral.
-E’ un gambeteadó’ com’el Negro Cubilla, que ponía la colita y t’escondía la pelota… Cuando vo’ la veía’ ‘taba’ tan franeleao que en ve’ d’una de fóbal creía’ q’era ‘e goma. ¡Y siempre te l’inflaba o desinflaba ante’ de mostrarla!
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