HOY Y MAÑANA, ¡PODEMOS!

A lo largo y ancho del interior de nuestro país, durante todas nuestras recorridas, en el marco de esta campaña electoral interna hemos visto al costado de todas las rutas, alrededor de las escuelas, en los complejos de viviendas de Mevir y en los lugares más alejados e increíbles, un espectáculo fantástico, una postal de un nuevo tiempo que nos llena de emoción. En todos esos lugares, pudimos observar un enjambre de niños y niñas, aferrados a sus computadoras del Plan Ceibal, compartiendo, aprendiendo, divirtiéndose, como si hubieran nacido junto a ellas. Este mismo paisaje, en los próximos meses, va a cobrar aún más intensidad, ya que lo vamos a empezar a ver en todas las escuelas, en todos los barrios de Montevideo.

La misma experiencia de asombro, de alegría y de orgullo, ya vivida por buena parte de los uruguayos que residen en el interior de nuestro país, se va a trasladar a todos los hogares montevideanos en las próximas semanas. Vamos a vivir un proceso extraordinario, que es necesario presenciar para poder valorar en toda su dimensión. Los montevideanos seremos también protagonistas de la etapa culminante de una auténtica revolución que ya ha recorrido todo el interior del país. Un cambio impactante, cuya potencialidad no podemos medir, pero que ya ha comenzado a cambiar sustancialmente nuestra realidad nacional.

Se trata de una transformación a nivel educativo, de tal extensión y vigor, que resulta asimilable a lo que representó para el país, la reforma vareliana en la segunda mitad del siglo XIX. El Plan Ceibal ya forma parte de las mejores páginas de nuestra historia nacional y quedará grabado como obra del primer gobierno del Frente Amplio, a partir de la convicción y el impulso del propio Presidente de la República, nuestro compañero Tabaré Vázquez.

El emprendimiento ha sido tan importante y exitoso, que hasta ha conseguido reunir el apoyo de la oposición. Una de las pocas, escasísimas demostraciones de aprobación que los representantes blancos y colorados le han dispensado a las iniciativas de nuestro gobierno. En este caso, por supuesto, nadie quiere perderse la oportunidad de estar del lado de una transformación histórica, que distingue a nuestro país, incluso en el contexto internacional. De todos los aciertos y logros de nuestro gobierno nacional, el Plan Ceibal parece ser él único, que colorados y blancos, todavía no se lo han adjudicado a la «buena suerte» del Frente Amplio o a la serie de «milagros» obsequiados por la anterior coyuntura internacional. Y es cierto, porque del cielo a veces cae granizo, pero aún no llueven computadoras.

En ninguna otra parte del mundo hay un país que esté realizando un plan de esta magnitud. Entregar una computadora portátil, por cada niño o niña en edad escolar, necesita de muchos recursos, pero también de mucha voluntad y convicción política para poder realizar esa inversión.

El argumento de la «buena suerte» del Frente Amplio en el gobierno, se ha transformado en un «clásico» del discurso de la oposición y el más consumado de sus absurdos. Para los blancos y colorados, el pronunciado descenso del desempleo fue producto de la buena suerte, gracias a la suerte también fue posible la creación de los doscientos mil nuevos empleos que llevamos en el período, fue la buena suerte la que operó para que lográramos disminuir fuertemente la pobreza y la indigencia, la suerte también nos permitió pasar de 450 a 1.500 millones de dólares de presupuesto para la educación. Y qué suerte tuvimos para poder duplicar la magnitud de nuestro Producto Bruto Interno, que pasó de 13.000 a 30.000 millones de dólares en solo cuatro años, la suerte provocó que pasáramos de ser el segundo país más endeudado del mundo, después de Turquía, a ser uno de los tres país mejor preparados para afrontar las consecuencias de la grave crisis financiera internacional.

Por suerte el Plan Ceibal sí, se debe a la acción propia de nuestro gobierno. Una acción dirigida a generar mejores condiciones de acceso para las nuevas generaciones, orientada a construir igualdad de oportunidades, sobre todo para los niños y niñas que provienen de los hogares más humildes. El Plan Ceibal es la demostración cabal de que los uruguayos podemos, que el Uruguay como país puede construir su futuro y su lugar en el mundo. Somos el primer país que consigue informatizar toda su educación, con una computadora por cada escolar, en solo dos años y medio. Somos un ejemplo, hoy comúnmente citado a nivel mundial.

Uruguay hace varias décadas atrás supo estar entre los países más avanzados y de mejor calidad de vida. Representaba un modelo incluso para algunos países europeos. A partir de los años cincuenta, se precipitó nuestro retroceso económico y político. El paso del tiempo significó el paulatino descenso de nuestra autoestima como nación y la extensión cada vez mayor de un profundo sentimiento de desesperanza. El golpe de Estado, la pérdida de la democracia y de nuestras libertades, la represión sistemática, nos colocaron en el fondo del pozo de nuestra decadencia como país. ¿Dónde había quedado aquel Uruguay sede del primer campeonato mundial de fútbol, que lo había ganado, y se sentía orgulloso de ello? ¿Donde quedó la Suiza de América?

Los gobiernos que se sucedieron, luego de la recuperación democrática, no consiguieron quebrar la percepción colectiva del no se puede, de aquel país achicado, gris, dormido, que nos acompañó durante 20 años. La crisis demoledora de 2002 colocó al Uruguay al borde del precipicio. Ya no había posibilidad alguna de seguir intentando el mismo camino. Debíamos cambiar de dirección, de conducción y de mentalidad, o de lo contrario, asumir el fracaso como la constante de nuestro espíritu nacional.

La asunción de la izquierda, del Frente Amplio al gobierno, significó un gran acto masivo de rebeldía, de ganas de cambiar, de salir del pozo, de recuperar la esperanza.

Y el Frente Amplio no defraudó. Hoy vivimos en otro país, es otra la realidad y la confianza de nuestra gente. Los resultados obtenidos, nuestras reformas, la capacidad de conducción que ha conseguido ubicar nuevamente al país en un camino de desarrollo y credibilidad, han robustecido la autoestima y recuperado el sentimiento colectivo que sí, podemos.

El Plan Ceibal nos indica el camino, la satisfacción, el orgullo de las familias uruguayas, irradia ese poderoso sentimiento. Podemos hacer de este Uruguay una tierra de equidad y de oportunidades, un gran país para vivir. Podemos sacudirnos de encima, definitivamente, cincuenta años de estancamiento, de penas y calamidades. No somos y no vamos a ser un país de cuarta categoría, somos el Uruguay que quiere y puede ser un país desarrollado económica y socialmente, que puede estar orgulloso de sí mismo, un lugar privilegiado en el mundo. Cada niño o niña que anda de aquí para allá con su computadora, nos desafía a ese esfuerzo, a ese compromiso, es hora de seguir adelante, de retemplar el ánimo, para decir cada vez más fuerte, hoy y mañana: ¡Podemos!

|*| Senador, Nuevo Espacio FA

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