RECORDANDO EL FUTURO
Las elecciones internas del año 2004 fueron el domingo 27 de junio.
Antes, el 7 de diciembre del 2003, tanto Lacalle como Sanguinetti fueron derrotados estrepitosamente en el plebiscito por Ancap: lo fueron por haber protagonizado vehementemente la opción que resultara derrotada. Este hecho político precedió, preparándola, la victoria frenteamplista del año 2004. En ese crucial e intenso evento participamos todos.
A cuatro días de aquellas elecciones internas, el 1º de julio de 2004, escribimos en esta misma página una columna titulada «Abichados».
Hoy conviene recordar algunas de sus afirmaciones. Decíamos entonces:
«La noticia que el candidato a la vicepresidencia sería Abreu y que por tanto echaba por tierra que éste fuese de los liderados por Lacalle, fue comparada en el Comité Nacional del Herrerismo como que ese sector estaba siendo tratado como ganado «abichado», confiaron fuentes consultadas» (LA REPUBLICA, 30 de junio de 2004, pág. 3).
No cabe duda: el principal dato del domingo 27 fue ese: Sanguinetti, Jorge Batlle (que ni tan siquiera votó) y Luis Alberto Lacalle, fueron barridos por la gente «al potrero de los abichados» (obra citada).
Los tres principales responsables de la desgracia uruguaya desde 1984 hasta hoy sumaron la otra tarde 301.020 votos sobre un total de 1.129.322. Apenas un 26,65%.
Perdieron por monumental paliza. Se fueron. Los van.»
Más adelante agregábamos:
«Patético: Larrañaga barrió a Lacalle. Lacalle, muy vapuleado luego del 7 de diciembre, tuvo la valentía que le faltó al tan mamporreado Sanguinetti, de ir a la batalla igual. La dimensión del personaje es de ribetes trágicos. Pero de gran tragedia. Patética. Digna de Shakespeare.
Peleó como un tigre ya malherido y volvió a perder. Se retiró del alevoso campo de batalla con los intestinos en las manos pero desafiante todavía. Dignamente. También nosotros le mordimos esas entrañas, pero vaya nuestro hidalgo respeto.
Lamentablemente no se merece la colosal cobardía ramplona de los otros derrotados».
Al final de aquella columna, refiriéndonos a las cifras resultantes de la «interna», departamento por departamento, pedíamos:
«Lo único que pido es que tomando mate, tranquilos en cada casa, cada familia las estudie. Cada militante partidario. Cada militante social.
Cada madre. Cada padre. Cada abuela. Cada joven.
Que los de Montevideo miren las cifras reales de Canelones y de cada departamento del Interior. Que los de cada departamento miren las de los demás. A solas, pensando en lo que hay que pensar, mirándose en ese definitivo espejo de aparentemente nada más que cifras que son en realidad vidas palpitantes.
Pensando en el pasado lleno de quienes la quedaron pensando en esto.
Pensando en el futuro que tal vez y por suerte ande por ahí molestando la reflexión y borroneando los números.
Creo yo que comprenderemos que la lucha es una sola. Que la suerte de cada uno depende de la suerte de todos los demás. Que de nada vale ganar en casa o ganar en la querida fracción propia si no ganamos todos en todos lados. Si no nos damos una mano. Si no nos ayudamos fraternalmente.
Todos estamos, como no podía ser de otra manera, unidos ineludiblemente a la suerte de nuestros hermanos y lo estamos tanto geográfica como políticamente: si nos va mal en un lugar nos irá mal en todos. Si le va mal a uno les irá mal a todos.
Llegó por lo tanto la hora decisiva: o crecemos todos o perdemos todos. O crecemos en todos lados o perdemos en cualquier lado.
Todos, absolutamente todos, nos tenemos que ayudar mutuamente todos. No queda el más remoto espacio ni de lugar ni de tiempo para la mezquindad, la desmotivación, ni la parálisis».
Hoy, a pocas horas de las elecciones internas de 2009, reafirmando lo dicho en el 2004, queremos sin embargo decir algunas otras cosas.
Sobre Pedro Bordaberry (al fin de cuentas renovación ineludible y concreta del Partido Colorado sobre aquel desastre): que siempre criticamos al padre por el padre y al hijo por el hijo. No quisimos nunca criticar al hijo por el padre. Hoy rezamos que por el bien de todos, jamás quisiéramos tener que criticar al padre por el hijo (sería el colmo).
Sobre Larrañaga: su vida política hasta el momento ha sido corta pero gloriosa como la de Aquiles, el de los pies ligeros, hijo de Peleo y Tetis. Su monumental problema ha sido y seguirá siendo hasta la eternidad, haber votado a Batlle en 1999 y, con ese atentado, haberle propinado al país el colosal desastre previsible: jamás un blanco joven podrá sacarse tan pesada cruz de encima. Pero justamente, y encima, en reiteración real escandalosa, cuando luego de haber apoyado a Batlle también durante su gobierno, ganando las internas le tocara ser la principal figura oficialista en aquella campaña electoral de 2004, anduvo por Masoller a caballo con Silverstein y clamó por el apoyo de García Pintos, los blancos que votaron a Hackenbruch (otro desastre pero en Canelones), Millor, Fau, Iglesias, Ignacio de Posadas, Lacalle (al que hasta hoy le reprocha haberlo apoyado poco), Trobo, Alfie, Bensión, Sanguinetti, otra vez Batlle… El colmo de los colmos, que no podemos creer, es que ahora, en caso de perder la interna, vuelva a apoyar a todos ellos y muy en especial a Lacalle. ¡No lo podríamos creer!
Sobre Lacalle: ya está todo dicho pero por si fuera poco está todo dicho por el mismísimo Larrañaga (y a lo largo de años).
Ruego a los lectores que, para concluir con esta lectura, vuelvan al principio ya que, como se ve, la realidad es capicúa.
*| Escritor, senador de la República.
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