En vísperas del 28 de junio

El domingo 28 de junio culmina una nueva etapa en la vida del Frente Amplio. Por primera vez se da una elección competitiva entre varios precandidatos a la Presidencia de la República. La consigna histórica del FA siempre fue un solo programa y un solo candidato. El programa fue definido en el último congreso, continuando la tradición histórica. Un solo candidato fue siempre la consigna cuando los partidos tradicionales presentaban varios candidatos a la Presidencia, acumulando dentro del mismo lema. La reforma constitucional que instauró el balotaje obliga a los partidos políticos a realizar una elección interna nacional, simultánea, para elegir un solo candidato a la Presidencia por lema desde las elecciones, de 1999. El congreso del FA eligió como candidato oficial a José Mujica, pero abrió posibilidades de presentación a otros candidatos.

Es un hecho muy positivo la obligatoriedad de las elecciones internas para que la ciudadanía decida los candidatos de cada partido. El Frente Amplio tenía otras reglas pero se adaptó perfectamente a la nueva situación. El congreso del FA es representativo de los sectores políticos y los militantes que trabajan en los comités de base.

Pero para un movimiento político que tuvo más de un millón de votos en las últimas elecciones nacionales, es muy positivo que sea el pueblo frentista quien decida finalmente cuál es el candidato a la Presidencia. Cuando explicamos en el exterior o hablamos con extranjeros sobre esto, llama profundamente la atención las características de esta elección interna, que defendemos con orgullo porque marca la vocación democrática del sistema político y de la sociedad uruguaya.

Las elecciones internas en los distintos partidos políticos tienen, como contrapartida, la posibilidad de afectar su unidad. Las confrontaciones entre los distintos precandidatos pueden requerir posteriores reacomodos para enfrentar las elecciones nacionales. El peligro existe pero el sistema político uruguayo, en esta etapa histórica, se muestra muy civilizado más allá de que los partidos salgan con pequeñas magulladuras. En el caso del Frente Amplio la regla central fue asegurar la unidad, lo que básicamente se cumplió a cabalidad, salvo muy pocas excepciones. Se hicieron actos conjuntos muy unitarios.

Cada precandidato mostró sus singularidades, sus especificidades, en un clima muy civilizado y dentro de un programa único y común, apoyado y sostenido por todos. Las diferencias mostradas por cada precandidato no afectaron las características básicas de la unidad. La campaña ayudó al propio Frente, porque dinamizó sus bases, avanzó en importantes movilizaciones, se multiplicaron las propuestas y se publicitó y defendió la actuación del primer gobierno de izquierda en Uruguay. Los logros del gobierno son de todo el FA y de todos los precandidatos. Las elecciones internas se constituyeron en un excelente precalentamiento para las elecciones nacionales del 25 de octubre.

Todo parece indicar que el domingo 28 de junio, gane quien gane, todos los frentistas nos vamos a encontrar unidos para enfrentar las próximas batallas: las elecciones nacionales del 25 de octubre y la gobernabilidad del futuro gobierno frentista.

La unidad es el gran tesoro de la izquierda uruguaya, que no se logra en el resto de los países latinoamericanos. La creación del FA en 1971 venía precedida de la unidad del movimiento sindical, de las debilidades de los partidos tradicionales, de la capacidad de los dirigentes fundadores y de la originalidad de unir a comunistas y a democratacristianos.

La propia guerrilla tuvo su representación en el antiguo movimiento 26 de Marzo, cuyo representante a la Mesa Política era Mario Benedetti. Se empezaron a fundar comités de base en los barrios de las ciudades del país en donde se confundían con alegría los comunistas, los socialistas, los demócrata-cristianos, los trotskistas, los independientes y quienes venían de los partidos tradicionales.

Aquí se fueron construyendo las bases de la unidad e inclusive la represión de la dictadura, al decir de Alberto Methol Ferré, les generó un verdadero pacto de sangre como elemento de consolidación de la unidad. La apertura democrática mostró nuevamente a un pueblo frentista muy unido, inclusive más frentista que sectorizado. Las división de 1989 multiplicó la unidad ya que el FA ganó la Intendencia de Montevideo con un candidato de gran carisma como Tabaré Vázquez.

El arraigo del FA en la sociedad uruguaya llevó al retorno de quienes se habían ido o a su desaparición política.

El carisma de Tabaré y la unidad favorecieron avances significativos en las elecciones siguientes hasta alcanzar el gobierno en 2004. En la actualidad, aparece un candidato con extraordinario carisma para un segundo gobierno del FA, como José Pepe Mujica, que nos sorprende gratamente con el contenido de sus discursos, por su elevada representatividad de los frentistas, por su capacidad de articulación en la interna del FA y para construir acuerdos sociales y políticos imprescindibles en una nueva etapa signada por la crisis económica internacional.

Pasada la etapa electoral el Frente Amplio deberá reflexionar sobre nuevas formas de organización que surjan democráticamente de los resultados de las elecciones internas y de las elecciones nacionales, que faciliten la integración y participación de los jóvenes que no han encontrado formas de integración en los actuales comités de base.

La crisis actual ha mostrado que el individualismo generado por los mercados no resuelven los grandes problemas económicos y sociales. La intervención del Estado se volvió imprescindible y por lo tanto la política y los partidos. Los jóvenes deben entender que la política es central para atender sus requerimientos y necesidades.

Ellos mismos deberán encontrar sus mejoras formas de organización para participar plenamente en los procesos del futuro. Sin jóvenes no se construyen ni partidos ni nación.

(*) Senador por la 609-FA, Economista

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