CON ASTORI, PARALOS AHORA

El artículo de contratapa que publicamos el sábado pasado, bajo el título «Con Larrañaga vuelven», generó todo tipo de repercusiones. La principal fue la contestación del propio senador Larrañaga, que dedicó varios minutos de una entrevista radial, en la que lamentablemente ya venía un poco fastidiado, a tratar de explicar algo inexplicable: cómo es que si él gana, no vuelven al gobierno los que ya todo el mundo sabe que con él volverían.

O sea, el regreso al gobierno de los principales responsables del Uruguay del estancamiento y el retroceso. Sería ocioso hacer nuevamente la lista, de las reconocidas personalidades que actuarían como socios de Larrañaga en el lejano e hipotético caso de que lograra acceder al gobierno.

Quizás el riesgo ya estaba evaluado por los publicistas y el costo político de que se pudiera relacionar un eventual triunfo de Larrañaga con el regreso de los que gobernaron juntos, durante 20 años, no resultó relevante y fue desestimado.

Tal vez, creyeron que la publicidad no sería interpretada de esa manera y que, de todas formas, lo más importante es jugar fuerte para intentar ganar una elección interna muy complicada.

Pero cuando Larrañaga adoptó esta nueva estrategia publicitaria, que trata además de elevar su imagen, identificándolo como el menos «quemado» del plantel de candidatos de los partidos tradicionales para intentar ganarle al Frente Amplio, todos los demás argumentos, si es que en algún momento los hubo, pasaron a un segundo plano.

Parece que Larrañaga deposita todas sus esperanzas, de ganar la interna nacionalista, en este único y último recurso.

Ha optado por una consigna en la cual resume su intención electoral, pretende ser el candidato que pueda convocar a todo el mundo, desde el centro hacia la derecha, para poder desplazar al Frente Amplio del gobierno.

Lo cierto, es que el camino recorrido por Larrañaga ya no tiene marcha atrás. Si quiere ser el candidato que desplace a la izquierda del poder, o si quiere ser el abanderado que lleve a la derecha al triunfo, da igual, ha sido su propia decisión y es el único responsable.

Ya quedaron atrás y en estado de abandono, aquellos discursos y declaraciones que invitaban a acordar políticas de Estado, aquellos tiempos de coincidencias, de auspiciosos encuentros, con asados y guiñadas progresistas. Hoy sólo se trata de que ganarle al Frente Amplio, es la única consigna, hay que sacarlo del gobierno como sea, no importa que para ello sea necesario sumar hacia la derecha y contar con la participación del trillado elenco tradicional que gestionó veinte años consecutivos de fracaso.

Pero bueno, aunque él no quiera admitirlo, la promesa de ese retorno al gobierno es muy dura y hace temblar a cualquiera. Pero si el tema pasa sólo por ganar, entonces no debería ofenderle ni importarle, que reiteremos lo que prácticamente es un hecho: en un gobierno del Partido Nacional, van a volver, junto con Larrañaga, Lacalle, Batlle, Sanguinetti y también Bordaberry. Es triste, pero es así.

Y a nosotros sí nos importa y nos importa mucho. No se puede poner nuevamente al país, después de todo lo que hemos hecho, en manos de aquellos que en el pasado ya demostraron que nos pueden hundir.

La única herramienta, que puede saludablemente impedir «el gran regreso», se llama Frente Amplio.

Pero, ¿qué podemos hacer para que no vuelvan los de siempre?, ¿qué candidato del Frente Amplio puede ganarles por más lejos y asegurarnos que no vuelvan? ¿Quién es el candidato que conquista más votantes entre los electores no frenteamplistas? ¿Cuál sería la mejor fórmula, capaz de conseguir el máximo resultado electoral del Frente Amplio? ¿Quién nos asegura la victoria? ¿Quién tiene las mejores condiciones para pincharle el globo a la derecha en su afán de ganarnos la elección nacional?

Frente a todas estas interrogantes, arribamos siempre a una misma respuesta, tenemos entre nosotros a la mejor fórmula de candidatos para desarrollar el objetivo propuesto: ganar en primera vuelta y borrar la aspiración de gobierno de la derecha tradicional.

La mejor fórmula para ganar, para gobernar, para continuar nuestras transformaciones, para construir un ciclo de gobiernos frenteamplistas, es la fórmula que integran Danilo Astori presidente y José Mujica vicepresidente. Sin dudas, es la fórmula que mejores posibilidades electorales le ofrece al Frente Amplio, la que asegura nuestra victoria.

Danilo Astori, es el candidato que nos asegura que «los de siempre» no vuelven más. Es quien tiene mayor aceptación en el conjunto de la opinión pública y es quien recoge mayores simpatías de todo el electorado.

Es Astori el que pelea mejor y con mayor fuerza los votos moderados y de centro, esos que Larrañaga cree que puede obtener para intentar derrotar al Frente Amplio.

Es Astori quien tiene menos puntos débiles, quien ofrece menos flancos, ante el discurso y los embates de la derecha.

Es Astori, quien posee más credibilidad e inspira mayor confianza, para convencer a electores indiferentes y sin partido.

Astori es el candidato del Frente Amplio que más teme la derecha.

Hay compañeros, que el próximo 28 de junio, van a votar guiados por sus normales y legítimas simpatías, otros lo van a hacer fieles a las posiciones adoptadas por los sectores a los que pertenecen.

Pero hay otros, que vamos a hacerlo con la plena convicción de que el triunfo del Frente Amplio en octubre, es imprescindible y que asegura la continuidad de nuestro gobierno nacional, es la prioridad absoluta.

Y es esa convicción, la que argumenta, fundamentalmente, nuestra definición por Danilo Astori.

Porque muy lejos de poner en zona de riesgo nuestra victoria, es quien tiene las condiciones necesarias para conducirnos al triunfo en octubre.

Porque lo más importante es que «los de siempre», los que gobernaron antes, no vuelvan más.

|*| Senador, Nuevo Espacio FA.

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