Minutos
No hay caso. Es inútil resistirse. Acá siempre terminamos discutiendo, con un fervor quizás necesario para otros fines, por las cosas más extravagantemente al cohete que se pudiere imaginar.
Ahora se trata de los minutos de publicidad gratuita que deberán otorgar los canales de televisión a los candidatos de los partidos políticos, cuestión que será dirimida por una ley. No me referiré a ella, ni siquiera a los detalles que aún causan disenso y que, por desgracia, son unos cuantos. Permítaseme escapar de esa trampa absurda.
Como he sido un profesional de la televisión, y a la política la padezco desde hace décadas, sólo haré unas reflexiones en el afán de colaborar para que otros no pierdan el tiempo.
Quien crea que una elección se decide por los minutos acumulados en las tandas de los canales, de la forma que fuere, no tienen idea de qué hablan, ni dónde está la influencia real de la comunicación televisiva en las campañas políticas.
Deciden los noticieros, los periodísticos y, claro, también podrían decidir los debates serios, en caso de que se hiciesen.
El uruguayo medio, común, no cree en los avisos, no se traga la publicidad preelectoral tipo spot de agencia. Quien ya está convencido, ah, por supuesto, se babeará con la imagen si es su candidato y apelará al control remoto o explotará en una puteada si es de los otros. Quien permanece en la columna de los indecisos buceará precisamente en los informativos o en los programas de opinión.
En todo esto hay una olvidada cuestión de respeto por la ciudadanía: lo que necesita es información precisa, es intercambio y discusión de ideas claras.
La ley en ciernes tal vez ayude a una distribución más justa de las tandas políticas. No estoy seguro. En cambio, sé que ni rozará la manipulación que aún se practica en los otros ámbitos televisivos.
Ya he explicado cómo se toma ese toro por los cuernos sin infringir legislación alguna. ¿Es necesario que lo repita? Quizás mañana.
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