CON LARRAÑAGA VUELVEN
La campaña del ex presidente del Directorio del Partido Nacional, senador Jorge Larrañaga, ha inaugurado recientemente una línea de publicidad que trasmite un breve mensaje: «Con Larrañaga se van» o en algún otro caso «sólo con Larrañaga se van». No cuesta mucho comprender que el «se van» está dirigido a nosotros y al objetivo de desplazar al Frente Amplio del ejercicio del gobierno, que posee el Partido Nacional.
Es evidente que la conducción de su campaña, pretende expandir la idea de que Larrañaga sería el único de los dos precandidatos de la interna nacionalista, que está en condiciones de pelearle la elección nacional al Frente Amplio y con ese argumento, intenta generar una corriente favorable en la voluntad electoral de los blancos, que hasta ahora parece no acompañarle mayoritariamente.
Pero antes que cualquier otra cosa, el mensaje publicitario está dirigido a afirmar, que con el ex presidente Luis Alberto Lacalle como candidato, el Partido Nacional se encamina a una segura derrota. Según Larrañaga, por más méritos y acciones que pueda tener o desarrollar, el proceso de la candidatura de Lacalle tiene un epílogo cantado. Va a perder, no puede con el Frente Amplio. En cambio, supuestamente, Larrañaga sí puede y esa sería su cualidad fundamental como candidato, prescindiendo de otro tipo de contenidos en cuanto a iniciativas o propuestas, el gran ausente en su campaña.
Pero la propaganda de Larrañaga admite otras lecturas o interpretaciones que seguramente los publicistas o los creativos de su campaña, no tuvieron en cuenta. Hay una de ellas, muy elemental pero de enorme preocupación popular, que surge de una sencilla interrogante: si es que «con Larrañaga se van», entonces, con Larrañaga, ¿quiénes vuelven? Esta pregunta sí que es importante, porque es el verdadero significado de la decisión. Más allá de aquellos que podrían irse, es necesario conocer quiénes son los que con Larrañaga podrían volver.
Parto de la base de que, si se pide el voto para que se vaya el Frente Amplio, si lo más importante es sacar al Frente Amplio del gobierno, no debe haber ninguna intención de cogobernar o de contar con su apoyo para gobernar. Si Larrañaga fuera electo, si el Partido Nacional ganara las elecciones, no contaría con mayorías parlamentarias propias, entonces, ¿con quién gobernaría?
La respuesta es una sola: gobernaría con sus socios históricos. No hay como errarle. Con Larrañaga vuelven todos los que ya gobernaron antes, vuelven los de siempre. Por supuesto, el primero que volvería y con varios ministros, es el propio Luis Alberto Lacalle. Pero también, a través de Larrañaga y con un gobierno del Partido Nacional, se registraría con toda seguridad, el regreso de un clásico, volverían a ocupar responsabilidades de gobierno distintos representantes del Partido Colorado, protagonistas centrales de inolvidables gestiones anteriores.
No es difícil imaginar quiénes vuelven. Sería el retorno de un gran equipo de gobierno, el dream team de la decadencia que estuvo presente en todos los gobiernos anteriores y que terminó hundiendo al país en la peor crisis económica de toda su historia. El Partido Colorado que fue duramente castigado por la ciudadanía, pasando del ejercicio del gobierno a menos del 10% del electorado, podría regresar por la ventana, si es que el Partido Nacional gana las elecciones nacionales.
Volvería Jorge Batlle, a través de sus allegados, aquellos que ya ocuparon cargos de responsabilidad en la anterior administración, en aquél gabinete ministerial compartido con los blancos, que Larrañaga resolvió abandonar en plena crisis de 2002, cuando en medio de la tormenta, en un gesto sumamente recordado, le quitó todo apoyo al presidente y abandonó el gobierno, profundizando el desastre.
¿Quién más volvería? Seguramente volverían al gobierno los dirigidos por Sanguinetti, el encumbrado ideólogo de la impunidad, responsable de dos de los gobiernos de coalición entre colorados y blancos que dejaron su huella en nuestro pasado reciente. Pero también, un gobierno del Partido Nacional nos acercaría alguna novedad. Seguramente nos traería algún ministerio para un señor llamado Pedro, que no usa apellido y que se promociona como la nueva cara del Partido Colorado. En realidad, se trata de la nueva cara de la derecha más conservadora y reaccionaria, como no se veía en el Uruguay desde la entrega del poder a los militares y el posterior golpe de Estado en 1973, que vaya casualidad, el señor Pedro nunca condenó.
Lamentablemente, la simpática propaganda que intenta convencer a los blancos de tomar por el camino de Larrañaga, para aspirar a la victoria en octubre, se da de frente contra la realidad y resulta un tiro por la culata. Se choca contra una montaña pura y dura, que es el elenco convidado de piedra, que regresaría si es que el Partido Nacional se hace del gobierno. Abrir la puerta, a la posibilidad de tan distinguido retorno al pasado, le pone los pelos de punta a cualquiera.
Porque no se trata solamente del posible regreso de quienes ya gobernaron y fracasaron, en reiteración real. Se trata de la posibilidad de reinstaurar las viejas prácticas de la decadencia política tradicional. La política del toma y daca a la hora de votar las leyes, la política del reparto de cargos sin criterios de capacidad o idoneidades para la función, volveríamos a la utilización de las empresas públicas y sus presupuestos, como plataformas de lanzamiento electoral para candidatos fugaces. Seguramente regresaríamos a las conocidas prácticas del acomodo de los amigos y del clientelismo político, donde no existen ideales y la verdad se sintetiza en lo que me das o lo que me llevo.
Me parece que Larrañaga tomó por el camino equivocado, quizás aconsejado por los publicistas y en su objetivo de ganar la interna nacionalista a como sea, decidió apuntarle todas sus baterías al Frente Amplio. Es bien distinto al camino que había emprendido meses atrás, cuando en su propia chacra, junto al senador Mujica, nos hablaba de encuentros, coincidencias, de posibles acuerdos y políticas de Estado. Fue hace poco, allí, en un entorno tan distendido y optimista. Cómo ha cambiado la cosa. Qué habrá sucedido para que hoy, la única propuesta sea «con Larrañaga se van», sin tener en cuenta «con Larrañaga, quiénes son los que vuelven».
Hace un tiempo, el ex presidente del directorio nacionalista había acuñado una frase que reiteraba, con mucho entusiasmo, en la mayor parte de sus apariciones públicas: «Los blancos no somos de izquierda ni de derecha, somos blancos». En ese caso también, la rotundidad de aquella afirmación se fue disolviendo con el paso del tiempo y sobre todo, con el paso de la encuesta. En estas elecciones internas, Larrañaga definitivamente cambió su punto de observación y ha advertido, ahora sí, en varias ocasiones, que hay blancos de derecha, que Lacalle es de derecha y es quien los representa.
Con semejante declaración, parece más claro aún que, con Larrañaga, lo que vuelve es la derecha.
|*| Senador, Nuevo Espacio FA
Compartí tu opinión con toda la comunidad