Hay un porqué
Todo debe tener un porqué. Toda pregunta, por difícil o rara que parezca y pienso en interrogaciones razonables, a las que podríamos llamar comunes, no teológicas o metafísicas debe tener su respuesta.
Veamos algunos casos en los que esta teoría queda probada.
¿Por qué se deterioran las hojas de los libros? Por la acidificación creciente del papel que antes se fabricaba a partir del algodón y el lino, plantas con alto contenido de celulosa; la creciente demanda obligó a usar la pulpa de madera, que tiene lignina, un polímero que debe ser eliminado mediante productos químicos que acidifican el papel, convirtiéndolo en más frágil y quebradizo.
¿Por qué nos pican los mosquitos? En realidad, sólo lo hacen las hembras. La sangre es una fuente de proteínas importante para alimentar a sus crías. Los machos se contentan con el néctar de las flores y otras sustancias azucaradas.
¿Por qué los orientales tienen los ojos rasgados? Es una necesidad de adaptación para proteger su sistema visual del exceso de luz y los fuertes destellos, por ejemplo del hielo y la arena del desierto, que pueden dañar a la retina; por ello, la abertura entre sus párpados es más estrecha.
¿Por qué duelen los callos? Son un cúmulo de células muertas que se forman en lugares donde la piel está sometida a rozamientos, desgastes y presiones continuas. Los callos penetran en forma de cuña a zonas epidérmicas más profundas, irritándolas. Lo que duele realmente es el área inflamada debajo de la piel que se ha hipertrofiado.
Podría seguir, pero es suficiente. Ahora bien, si para todo eso hay un porqué, ¿cuál es la razón por la cual el caos de los carros de los hurgadores de Montevideo no tiene respuesta?
Circulan a toda hora por dónde y cómo se les ocurre, desquician el tránsito y ensucian calles y veredas. ¿Sus chapas de identificación y sus señalizaciones? Quizá las lleven en una bolsa.
¿Acaso es cosa ‘e Mandinga? ¿No se toca porque da mal de ojo?
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