OJALA MICHELINI NO TENGA RAZON

«Compañero, usted no tiene razón. Con todo respeto, no necesitamos ninguna Ferrari, el Frente gana en primera vuelta y gana hasta conmigo de candidato». Así me dijo un hombre de unos sesenta años, viejo militante y ocasional lector de mis columnas en esta contratapa. La misma opinión tenía una mujer también de avanzada edad, que se acercó al lugar de la conversación. Aunque no había leído mi artículo de la semana pasada, creía fervientemente que el Frente ganaba en octubre sin mayores complicaciones. En otra recorrida, un hombre mucho más joven, que trabajaba en un estacionamiento de autos, opinó diferente. Me dijo que le gustaba Mujica, que es un compañero bárbaro, pero que iba a votar a Astori, porque creía que era el mejor para ganar y que lo importante era asegurar la victoria.

Eso mismo, en cierta forma, me pasa a mí. Es un punto fundamental de por qué apoyo a Astori. Además de todas mis coincidencias, debo agregar que yo tampoco quiero riesgos que cuestionen la victoria del Frente Amplio en la próxima elección. La diferencia entre los dos compañeros mayores y el más joven radica en que este último vive en el interior del país y tiene la experiencia de que allí se pelea voto a voto y sabe que la victoria no está para nada asegurada.

Ganar o no la elección en octubre depende principalmente de nuestros propios aciertos o errores. ¿Los ciudadanos de Blanquillo o de La Paloma en Durazno, o unos kilómetros más adelante, por ruta 5, allá en pueblo Peralta, o en Tambores entre Paysandú y Tacuarembó, o en pueblo Lavalleja por la ruta cuatro de Salto a Artigas, nos prestarán nuevamente el voto tal como lo hicieron en el 2004, cuando ganamos con Tabaré Vázquez?

Hay que recordarlo bien. En el 2004 ganamos la elección por apenas nueve mil votos. Para conseguirlo, fue determinante el apoyo de una importante porción de electores que, sin ser frenteamplistas, nos acompañaron en esa ocasión. Es un grupo de votantes muy grande que, puntualmente, adhirió a nuestra propuesta electoral y nos prestó su voto para ganar en primera vuelta. Buena parte de ellos vive en el interior del país, en muchos poblados como los que mencionábamos más arriba. ¿Volverán a prestarnos su voto? ¿Nos apoyarán también esta vez?

Hasta ahora me parece que remo contra la corriente. Los frenteamplistas no queremos oír nada que nos hable de complicaciones, riesgos o posibilidades de derrota en las próximas elecciones. Pero ¿quién tiene razón?, ¿los militantes más optimistas o aquellos compañeros más cautelosos que, como el joven del estacionamiento, valoran posibles riesgos electorales? Cuánto daría yo por asegurarme que estoy equivocado y que ya pudiéramos tener la certeza de que el Frente Amplio se encamina a una victoria en primera vuelta, con holgura, y con cualquiera de los dos candidatos que compiten con posibilidades en nuestra elección interna. Qué tranquilidad y qué alegría me causaría, que nuestro amigo y ministro, «el Bicho» Bonomi tuviera razón. Y que, por tanto, ya estuviera casi establecido que el Frente va a ganar en primera vuelta, más allá de quiénes compongan finalmente nuestra fórmula presidencial. Me encantaría poder asumir que, para ganar una carrera de fórmula uno, da lo mismo un Fitito que una Ferrari. Después de todo, el Fitito es menos ostentoso, muy simpático y práctico.

Todos saben que voy a empujar con todas mis fuerzas para que la derecha no vuelva a gobernar este país. Es la derecha del pasado, de la injusticia, de la desigualdad, del clientelismo, de la impunidad. No la quiero gobernando los destinos de nuestro querido Uruguay. Creo que es un sentimiento compartido por miles de ciudadanos. Pero el sentimiento, por sí solo, no es suficiente para construir un nuevo triunfo en primera vuelta.

¿Alcanza sólo con la voluntad de los frenteamplistas para ganar en octubre? Las decisiones que tomemos en junio, ¿repercuten directamente en octubre o no? Siempre las acciones y decisiones políticas importantes traen consecuencias. El Frente Amplio ha avanzado y avanza con decisiones meditadas, paso a paso. Cuando no actuó de esa forma, el triunfo posible se convirtió en derrota. ¿Hago mal en no subirme a la ola de los que piensan y dicen que lo que decidamos en junio no va a tener consecuencias sobre el resultado de octubre?

¿Es imprudente advertir a los frenteamplistas que el triunfo no nos espera, así nomás, a la vuelta de la esquina? ¿Es políticamente incorrecto en el Frente Amplio, repetir una y otra vez, que los candidatos pesan en una elección? Pongamos a quien pongamos como candidato presidencial, la elección no está ganada a priori, y cuanto más improvisemos o más flancos débiles expongamos, aumentarán las chances para una derrota.

Si la elección, en realidad la gana el Frente, cualesquiera sean sus candidatos, ¿por qué discutimos sobre estos candidatos y no otros? ¿Por qué en su momento no echamos a correr alguno más joven o más simpático, con menos trayectoria y menos complicaciones? Si este último razonamiento no fuera ilusorio, podrían llegar a tener razón los compañeros que impulsan a Marcos. Si de lo que aquí se trata es de encontrar simplemente quien encabece, ya que la victoria está asegurada, entonces, quizás sería mejor optar por alguien más joven, dialoguista, bien preparado, de Canelones, alto y con lentes. Sin los flancos, las historias y las resistencias que pueden despertar dos grandes luchadores como Danilo y el Pepe, juntos en una fórmula. Pero ese razonamiento no es más que un simple espejismo, que no se lo creen ni quienes lo formulan.

El gobierno del Frente Amplio, liderado por el compañero Tabaré Vázquez, se encuentra en la recta final de su mandato, con un respaldo popular superior al 50% y con un porcentaje de aprobación y popularidad de su Presidente de más del 60%.

Ningún gobierno ni presidente, desde la recuperación de la democracia, consiguió tales guarismos de aprobación. Sin embargo, la intención de voto en favor del Frente Amplio para las elecciones nacionales de octubre próximo ronda el 43%. Falta bastante para superar el 50% necesario para obtener la victoria en primera vuelta. Para algunos, quizás, estos datos no representen una advertencia significativa y piensen, legítimamente, que si en el 2004 ganamos en primera vuelta, con el 50,4%, en octubre de 2009, con los resultados de nuestra gestión de gobierno a la vista, nuestro resultado debería superar con creces esa cifra y conseguir una cómoda victoria.

Ojalá que tengan razón. Yo pienso distinto. Creo que si no se trabaja duro y si no se adoptan las decisiones adecuadas, no vamos a ganar en la primera vuelta. Estoy convencido de que el papel del candidato es fundamental, determinante. Estoy persuadido de que cada uno de nuestros precandidatos posee debilidades y fortalezas, virtudes y defectos, pero, en mi opinión, el que menos flancos y riesgos ofrece es Danilo Astori.

Quizás, para la mayoría de los frenteamplistas, la carrera ya puede estar ganada. Para mí no es así. Estamos en zona de definiciones, el triunfo no es seguro y no sé si estamos reaccionando a tiempo. Ojalá, que sea diferente y Michelini no tenga razón.

|*| Senador, Nuevo Espacio FA

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