LA FERRARI O EL FITITO

Recientemente, en un reportaje publicado en un matutino, expresé, tal como lo vengo haciendo en distintas charlas, actos o a quien quiera escucharme, que la fórmula Astori – Mújica es como tener una Ferrari de este año, para la carrera que tenemos que disputar en octubre en las elecciones nacionales. Y agregué que inventar o improvisar otra fórmula electoral en el Frente Amplio era como apelar a un Fitito, un Opel del 78 o un Renault del 80, teniendo la Ferrari en la puerta.

 

Algún amigo, de lectura superveloz, equivocadamente interpretó que intentaba comparar al «Pepe» Mujica con un Fitito o un Opel del 78, en esa carrera. Es un grave error de lectura, quizás producto de una noche de insomnio. Tal cual lo dije y es mi convicción, la fórmula Astori Mujica es como tener una Ferrari y cualquier otra fórmula, que no contenga a ambos, a mi juicio, debilitaría nuestras chances y sería un experimento de muy dudoso resultado. Ubicar a nuestros dos mejores candidatos en nuestra fórmula electoral es una asignatura fundamental para construir nuestro mejor resultado en octubre. Y aunque parezca mentira, es la real discusión en estas elecciones internas. Teniendo un programa común y un Frente Amplio unido, lo que nos falta es conformar el mejor binomio de candidatos, la fórmula que nos permita el mayor desempeño electoral para ganar las elecciones en primera vuelta.

 

Días pasados, en un acto en favor de la candidatura de Astori en San José, el presidente del Frente Amplio maragato, el compañero Pablo Urreta, dio en la tecla. Palabra más palabra menos, afirmó que la cuestión es ganarle a la derecha, que no había enemigos dentro del Frente Amplio. Que los adversarios, en todo caso, estaban afuera y que eran los blancos y colorados. Así, con envidiable sencillez, el compañero resumió en pocas palabras el centro del problema. Hay que ganarle en octubre a blancos y colorados, y en primera vuelta. Surge de inmediato la pregunta cantada: ¿y de qué forma le podemos ganar por más lejos a la derecha? ¿Con una Ferrari o con un Fitito? La respuesta es obvia.

 

Naturalmente, cualquiera tiene derecho a pensar que otros candidatos u otra fórmula también podrían llevarnos al triunfo. Puede ser, pero en todo caso, representaría un ensayo muy arriesgado, una prueba de acierto o error, una apuesta a ver qué sale. La fórmula Astori ­ Mujica representa la conjunción de dos candidaturas claramente consolidadas y que concentran por lejos el favoritismo de los electores frenteamplistas desde hace bastante tiempo. Es la que nos ofrece mayor cohesión interna y mayor capacidad de penetración electoral en los grupos de votantes potenciales no frenteamplistas. Frente a ella, otras combinaciones, con otros nombres, no aparecen como alternativas mínimamente comparables, que puedan equiparar, a primera vista, el potencial de desempeño electoral que concita la conocida fórmula arrolladora.

 

Porque la pregunta es siempre la misma, ¿qué debemos hacer para ganarle a la derecha por el mayor margen posible? Si asumimos que esa es la cuestión y ese es el desafío, debemos dirigir nuestra reflexión hacia allí, para construir de forma realista la respuesta adecuada. Para empezar, tendríamos que hacer todo lo que esté racionalmente alineado con la idea de un triunfo en primera vuelta.

 

Ése es el criterio que debemos utilizar para razonar nuestras decisiones. Y como resultado del análisis, también podríamos realizarnos varias preguntas. ¿Por qué no pudimos llegar a acuerdos en su momento? ¿Cuánto pesaron para ello los temas personales? ¿Por qué son tres las candidaturas? ¿Por qué un compañero como Marcos, fuera de toda posibilidad de ganar la elección interna, está metido en este baile? Por supuesto, la respuesta no puede ser porque Marcos es el mejor candidato para ganarle a la derecha por más amplio margen. ¿Mejor que con Astori? ¿Mejor que con Mujica? ¿Mejor que con la formula Astori Mujica? Sinceramente, la realidad no parece indicarlo.

 

Hace muchos años, el hoy ministro de Defensa, José «Pepe» Bayardi, acuñó una frase muy ingeniosa, aplicable a las discusiones sobre candidaturas. Bayardi repetía que el candidato debe ser «el gato que caza más ratones». Obviamente, la delicada metáfora refiere a aquel compañero que pueda convocar la mayor cantidad de votantes. Ahora bien, teniendo un objetivo de tanta exigencia por delante, que demandará nuestros mejores esfuerzos y recursos, yo creo que deberíamos contar con los «dos gatos que juntos cazan más ratones». Por eso insisto, cada vez que tengo oportunidad, en que debemos conformar la fórmula, que con mayor claridad y potencia electoral nos puede conducir a la victoria en primera vuelta.

 

Pocos días atrás, la encuestadora Cifra publicó los datos referentes a las preferencias de los uruguayos con respecto a las elecciones nacionales de octubre. Ese sondeo fue el primero, en el que los partidos de oposición sumados, consiguen una apreciable diferencia a favor, con respecto a las preferencias por el Frente Amplio. El titular de la firma, el politólogo Luis Eduardo González, comentó que, según los datos, si las elecciones nacionales se celebraran hoy, seguramente habría segunda vuelta y en esa instancia habría fuertes posibilidades para una victoria del Partido Nacional.

 

Sin menoscabar en ningún grado el trabajo profesional de las empresas encuestadoras y sin desconocer, el empate técnico que existe entre el Frente Amplio y los partidos de oposición en los datos publicados, no son estos números los que me preocupan. Como lo he sostenido de continuo, estoy convencido de que estas elecciones nacionales las gana o las pierde el propio Frente Amplio. Nada tienen que ver con esto sus contrincantes. La elección de octubre, como nunca antes, la ganan nuestros aciertos y la pierden nuestros errores. Por eso, no resulta difícil comprender mi inquietud y mi total convicción de que tenemos que salir a competir con lo mejor que tenemos, hay que poner el mejor equipo en cancha, con la mejor fórmula de candidatos. Hay que salir con todo, poniendo en pista la Ferrari y ahorrarnos, para otra etapa más propicia y descansada, nuestras tendencias a improvisar o a ensayar experimentos.

|*| Senador, Nuevo Espacio FA

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