LA CRISIS ECONOMICA MUNDIAL Y LA UNION INTERPARLAMENTARIA
Durante los días 7 y 8 de mayo se realizó en Ginebra una conferencia parlamentaria sobre la crisis económica mundial, con diversas exposiciones de destacados panelistas internacionales, entre los que se distinguen el doctor Supachai Panitchpakdi, secretario general de la Unctad; Juan Somavía, director general de la OIT; Jan Kregel, relator principal de la comisión de expertos sobre las reformas del sistema monetario y financiero internacional de Naciones Unidas presidida por el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz y José Antonio Ocampo (ex secretario ejecutivo de la Cepal y ex secretario general adjunto para los asuntos Económicos y Sociales de la ONU). Se brindaron excelentes informes sobre las características de la actual situación internacional con datos espeluznantes: uno de cada seis habitantes padece hambre; o cada seis segundos muere de hambre una persona en el mundo.
Se planteó que a raíz de esta profunda crisis internacional, surgen discusiones inesperadas en los países desarrollados, como por ejemplo la discusión sobre el futuro del capitalismo, la nacionalización parcial de instituciones financieras y la necesidad del aumento del gasto público como elemento de estímulo a la demanda interna sin reparar en los elevados déficit fiscales que se ocasionan. Hubo muy fuertes críticas al FMI y al fracaso de sus propuestas y a las agencias calificadoras de riesgo, que otorgaron notas de triple «A» a instituciones actualmente quebradas. Se planteó que el FMI fracasó en su papel de supervisión de la economía mundial y no previeron la crisis actual. Es decir, nos sentíamos en nuestra propia casa. No había quien defendiera al neoliberalismo. Fue una reunión parlamentaria donde los principales expositores presentaron análisis cercanos a los planteos de la izquierda latinoamericana.
La actual crisis económica internacional tuvo su origen en problemas en el sistema financiero de EEUU. La crisis se expande a todo el mundo, se volvió de carácter global y sistémico. Pero los responsables de la misma son actores e instituciones privadas de EEUU y todos los países del mundo estamos pagando los costos de esta crisis. En especial los países subdesarrollados quienes no tienen absolutamente ninguna responsabilidad en la crisis internacional pero pagan elevados costos por negligencias, errores y omisiones generadas en el mundo desarrollado, y especialmente en EEUU. La crisis muestra la relevancia económica de esta potencia. Se debilita su sistema financiero pero no hay centros financieros alternativos. No surge ningún centro financiero que lo pueda sustituir. Por lo tanto, hasta que no se alcance la confianza indispensable en las instituciones financieras de EEUU, será muy difícil salir de esta crisis. En momentos de alto riesgo los inversores financieros buscan seguridad. Para ello invierten en bonos de EEUU, que es la economía más poderosa del mundo. Recordemos que los países de Asia poseen el 53 % de los bonos del tesoro de ese país. El dinamismo de su consumo aparecía como el motor del crecimiento económico internacional y la caída de dicho consumo explica en buena medida la situación de recesión que vive el mundo desarrollado. Mientras no se recomponga seguirá manteniéndose la recesión con sus efectos negativos sobre todo el mundo. Las consecuencias comerciales derivan de la baja de los precios internacionales de los productos de exportación de los países subdesarrollados y una caída de la demanda externa. Ello en un contexto donde el mundo desarrollado afecta la libertad de comercio aplicando subsidios a sus exportaciones agrícolas, ayudas internas a sus productores rurales, mantenimiento de cuotas, contingentes y prohibiciones a sus importaciones, picos arancelarios a rubros específicos de uso intensivo de mano de obra, progresividad arancelaria a importaciones de mayor valor agregado y así sucesivamente.
En el plano financiero los países subdesarrollados van a tener problemas de balanza de pagos y de menores ingresos fiscales. Las fuentes de financiamiento provendrán especialmente del FMI, cuyo director gerente siempre es europeo, pero que lo conduce el Departamento del Tesoro de EEUU. El FMI acepta los estímulos fiscales y los déficits fiscales en los países desarrollados, pero mantiene sus recetas deflacionarias y prioriza los intereses de los acreedores financieros cuando reinicia la etapa de nuevos préstamos en América Latina. Vuelve a sus viejas condicionalidades con ideas derrumbadas por la crisis financiera internacional, donde el déficit fiscal sería la causa de todos los males como la inflación, la deuda externa, la desocupación y el descenso del crecimiento y de la inversión privada. La conferencia de Ginebra mostró los avances de la comisión de la ONU para las reformas financieras nacionales e internacionales. Sentimos, como pocas veces, que se tenían en cuenta los requerimientos y necesidades de los países en desarrollo. Nos sentimos cómodos con los planteos realizados, muy lejos de la prepotencia de las potencias desarrolladas. Entre las más destacadas medidas propuestas surge:
a) La creación de un Consejo de Coordinación de Políticas Mundiales de la ONU, elegido por los 192 países que lo componen. Sería otro tipo del G20 actual pero definido democráticamente y con representantes regionales de todos los países integrantes. Se planteó claramente la actual inequidad con respecto a los países en desarrollo.
b) Se plantea la necesidad de que los países en desarrollo puedan tener también políticas de estímulo fiscal. Pero para ello requieren financiamiento y no se aceptan las condicionalidades del FMI. Por lo tanto se buscan nuevos mecanismos de financiamiento, incluidos gastos directos en países en desarrollo, pero se mantendrían sus políticas económicas autónomas de los organismos financieros internacionales.
c) Se crearía una nueva moneda internacional de reservas, por los problemas que genera actualmente el dólar que depende de los objetivos nacionales de EEUU, en el marco del FMI con los derechos especiales de giro o en una nueva institución. Por el momento se usaría exclusivamente para pagos entre bancos centrales. Esto resolvería la actual situación de China temerosa de que se desvaloricen sus activos de reserva colocados en bonos de EEUU.
d) Se regularían los movimientos internacionales de capitales, especialmente los de carácter especulativo, poniendo encajes o impuestos a los que circulan con plazos, por ejemplo, inferiores a un año.
e) Se crearía una Corte Internacional para bancarrotas internacionales para limitar los costos sociales de las crisis. Por ejemplo esta institución debería impedir la nacionalización de deudas privadas, como por ejemplo ocurrió en el Uruguay con las compras de carteras a los bancos privados en los años 1982 y 1983.
f) Se buscarían mecanismos de protección al consumidor con regulaciones que le permitan garantías sobre los papeles financieros que puedan obtener.
Estas serían algunas de las propuestas sobre reformas financieras nacionales e internacionales que se analizarán en la cumbre del 1 al 3 de junio en el ámbito de la ONU y que empiezan a contemplar algunas necesidades de los países en desarrollo.
|*| Senador por la 609-FA. Economista
Compartí tu opinión con toda la comunidad