Gratuidad
Menos mal que hay cosas gratis.
Claro, a veces lo gratuito no son promociones sino advertencias. De todas las que en la vida son posibles, me preocupan aquellas de personas inteligentes atadas a la ansiedad de un resultado electoral.
Cuando esto ocurre, el destinatario de la advertencia suele ser el periodismo, o la prensa en general, convertidos en ominoso fantasma capaz de torcer la supuesta voluntad popular.
Nada mejor que explicarlo a la vieja usanza. Si yo digo que «ha de ser crucial el papel que jueguen los medios de comunicación en el tratamiento equilibrado de los espacios de información que aseguren la llegada a la ciudadanía de todos los precandidatos frenteamplistas», intento fijar en la mente de quien recibe el mensaje una duda de porte mayor: podría haber, entre esos medios, algunos interesados en perjudicar a un político en beneficio de otro.
La frase anterior la entrecomillada es parte de una declaración del comando de asesores de la campaña de Astori.
Antes, hace tanto tiempo como para que se haya diluido ese hábito de disminuidos intelectuales, Ruedita aparecía por el boliche del Chiquito Otegui y exclamaba:
-¡Vo’…! El mono Burilo sacó’l cinco d’oro…
-¿Cómo sabés?
-Cantó la tía del quiosquero que salió ‘n el diario…
Años después esa certeza social, no sólo bolichera había cambiado su lugar de origen: -Lo ví’n la tele…
Parte de la sociedad uruguaya puede ser influida por los medios de comunicación. Está fuera de debate. Pero que siquiera se suponga o sospeche que pueden de torcer la decisión de una militancia como la del Frente Amplio, tan madura, tan habituada al zarandeo periodístico y tan en constante contacto con sus precandidatos, se codea con el absurdo.
O con la maniobra política desesperada.
Es como pedir que se cuenten los votos por tercera vez. O tirar una bomba de estruendo: Si gana Mujica hubo una maniobra de los medios.
A mí cierto, no tengo vela en este sepelio me avergonzaría.
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