Suposiciones
Hoy le propongo al lector, como simple juego intelectual, unas suposiciones.
Supongamos que alguien visita a una cardióloga de una mutualista por una molestia en el pecho, que surge al desarrollar esfuerzos. Supongamos que eso deriva en diversas pruebas electro, ecocardiograma, ergometría y centellograma cuyo diagnóstico es un infarto de miocardio, del cual el paciente no se había enterado, y una obstrucción coronaria severa.
Supongamos que la cardióloga le dice que debe hacerse exámenes adicionales, exigidos por el Fondo Nacional de Recursos, que financiará la intervención del caso: cateterismo con posible angioplastia.
Supongamos que el paciente, culminados esos exámenes, lleva los resultados a la cardióloga, quien se iba a ocupar del llenado de las fórmulas requeridas y su traslado al Fondo.
Supongamos que cuando esto ocurre, el paciente se entera que la cardióloga tiene licencia médica a cualquiera le puede pasar y le ha dejado, en manos de su secretaria, que no es enfermera, una carpeta con «todo lo que hay que presentar» al Fondo aunque sin explicarle dónde debe dirigirse.
Supongamos que el paciente se las ingenia para descubrir ese sitio, entrega lo que le han dado y la funcionaria que lo recibe descubre que la cardióloga omitió llenar una de las fórmulas, por lo cual rechaza la carpeta.
Supongamos que el paciente espera con el consiguiente perjuicio para su salud el retorno de la cardióloga, que no había dejado información acerca de suplente alguno; la visita y le reclama a la secretaria un baluarte que la profesional se haga cargo del asunto.
Supongamos que la profesional corrige la fórmula en su consultorio pero devuelve la carpeta, con lo que, sin hablarle, le deja claro al paciente que deberá ser él, nuevamente, quien finalice el trámite en la mutualista.
Supongamos que allá vuelve el paciente, como puede…
Ahora bien, si no fueran suposiciones, ¿el Ministerio de Salud Pública diría que está todo bien? ¿Sí?
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