Escrito por: Por Eleuterio Fernández Huidobro |*|
Como saben muy bien los vastos sectores vinculados al tema portuario, pocos y en especial pocas leyes han sido tan profundamente informados, estudiados y discutidos como el referido a la II terminal de contenedores.
Nadie, oficialista ni opositor, puede alegar falta de información en este asunto.
Debemos decir también, que ese proceso vino dándose hasta hace poco con una muy respetable altura por parte de empresas, empresarios, especialistas y políticos. Valió la pena y mostró que hay capacidad para encarar los asuntos más complejos sin plagar la discusión con malas artes.
Sin embargo, y por culpa de la elección interna, de un poco tiempo a estos días han incursionado en él, desde afuera, opiniones improvisadas, afirmaciones ramplonas y, como siempre en estos pésimos casos, insultos lisos y llanos.
Cuesta discernir si ellos se deben a algún interés empresarial portuario directo o indirecto o al juego de mezquinos cálculos electoraleros efímeros y de muy poca monta.
Lo peor que nos puede pasar en este, como en otros casos, es “electoralizar” (perdón por la palabra) los grandes debates nacionales. Esa contaminación los agrede fuertemente.
La chabacanería en boca de quienes poco saben al respecto, estribó en lo de siempre: los” buenos” y los” malos”. La simpleza de vociferar que si no se hace tal cosa (sea cual sea) caemos en manos del imperialismo; o la de que si se tiene cierta posición se está al servicio de los belgas o de los argentinos olvidando que entre los interesados en la II Terminal planea la sombra imponente de Maersk por lo que tal acusación estalla como tiro por la culata sobre el que la profiere.
Porque los así payadores, de tan ignorantes acerca de asunto tan peculiar, no perciben, no se percatan, que los intereses en juego de uno y otro lado por no decir de uno y otro bando son de los más grandes y poderosos del planeta.
En tal sentido cualquier decisión que se tome, si mal pensamos, carece de inocencia. En absoluto la tendrá.
En este asunto no hay lugar en el que ubicarse que no esté a favor de alguna grandísima multinacional.
Por lo que, saliendo al paso de las murmuraciones del mismo origen que sin dar cara insultan a mansalva hablando de coimas, debemos informar que en ese supuesto caso la más grande no sería ni por lejos belga. Hay otras que superan largamente dicha capacidad por lo que los murmurantes, tal vez sin saberlo, se hacen automáticamente “reos” de muchas mayores y más suculentas sospechas: ¿Quién les paga?
Por lo que nadie debe ni por asomo pensar que el semanario “Voces” que tanto y a tantos acusa, está coimeado por Maersk y busca con sus argumentos transformar a Uruguay (como ellos dicen) en una república bananera al servicio de la más grande empresa mundial del rubro. ¡De ninguna manera!
Ni tampoco que ésta (y otras por el estilo) financian la campaña electoral de nadie. ¡Faltaba más!
Así que como en el truco: si se quiere jugar sucio todos deben saber que todo dicho será a ley de juego. Porque si todo vale, vale todo.
No olvidemos que las historias nacionales vinculadas a las terminales de contenedores han estado plagadas por escándalos: ¿Olvidamos acaso las cintas grabadas con solicitud de coimas que Juan Andrés Ramírez dio a conocimiento público hace años acusando por ellas a sus correligionarios? ¿Olvidamos ya qué empresas fueron las protagonistas? ¿Olvidamos las licitaciones impugnadas reiteradamente por unos y por otros?
Tergiversaciones facilongas y “chantas” e insultos (que solo vienen a enchastrar partidos cuando se van perdiendo) aparte, debemos informar que absolutamente nadie discute en el Uruguay (ni siquiera los belgas) la necesidad de la II Terminal de Contenedores. Esta es una crisis por éxito. Este es un problema de los buenos: lo tenemos porque nos ha ido bien. Nuestro Puerto no da abasto. ¡ Gran noticia!
Lo que está en discusión es cuándo debe entrar a funcionar y por lo tanto cuándo debe construirse y a su vez cuándo entonces llamar a subasta. Porque el proceso de subasta y luego el de construcción lleva tiempo. Mucho tiempo.
Es una hermosa discusión respecto al futuro. Un futuro por ahora promisorio. Por eso el debate gira en torno a las proyecciones de oferta y demanda más o menos previsibles y calculables hasta donde la capacidad humana permite.
Pero repetimos: nadie discute la necesidad de una II Terminal. Año más o año menos (porque las discrepancias al respecto tampoco son de orden cuantioso).
Por supuesto que también se discute “dónde” y “cómo será”; qué participación o injerencia tendrá el Estado; cuál será el precio que Uruguay cobrará por la concesión; qué pasará con los trabajadores que por sus consecuencias queden sin trabajo; y un larguísimo etcétera.
Obviamente (basta con saber sumar) todo el problema (más los juicios nacionales e internacionales si los hubiere) “caerá” sobre el Gobierno que resultará electo dentro de siete meses y sobre el nuevo Parlamento.
Da la impresión, a primera vista, que algo tendrán que ver. En realidad será el inminente próximo Gobierno quien tendrá que ejecutar, disfrutar y, en su caso, sufrir las consecuencias. No podemos por lo tanto crear hechos absolutamente consumados. Algún “pito” le debemos dejar para que toque el futuro presidente y sus futuras autoridades ministeriales y portuarias. ¿O no?
Nosotros pensamos que no es justificable hoy la premura y urgencia que con cierta sorpresa percibimos. Menos la aceleración de marras compuesta por sandeces e insultos. ¿Qué pasa? ¿Qué les está pasando?
Las elecciones son altamente contaminantes para la discusión y decisión de problemas tan serios. Tan sólo en siete meses habemos senadores que tal vez estemos pero sabiendo que en febrero ya no vamos a estar. Y diputados. Y demás autoridades. Muchísimas.
Habrá mucha desocupación en los meses venideros. Y ante ello todo gremio se moviliza.
Pero también sucede normalmente en esos casos que los más previsores y avisados inventan cómo dejar el pozo antes de irse.
Por lo tanto pensamos, que por razones de extrema salubridad pública la adjudicación de la subasta, o la subasta misma, deberá estar en manos del próximo gobierno. No se perderá tiempo alguno de relevancia estratégica. Para nada se nos viene el mundo abajo. Esta no es una urgencia médica. La intervención quirúrgica puede coordinarse con el debido tiempo.
A nuestro juicio no le conviene al Parlamento ningún gigantesco cheque en blanco y, menos, firmarlo.
Y tampoco es cuestión de adoptar actitudes ordinarias propias del patoterismo respecto a posibles juicios que Uruguay deba enfrentar: ya estamos hartos de perderlos y lo que es peor: del negocio de hacerle perder juicios al Estado.
*| Escritor, senador de la República.
OTRAS NOTICIAS EN LARED21