EL URUGUAY INTELIGENTE

En estos días llueven críticas de toda naturaleza al precandidato del Frente Amplio José Mujica. Surgen por las declaraciones de Kirchner, por sus comentarios sobre los bosquimanos, por sus cualidades democráticas, por su visión de país, por una denominada «cultura del pobrismo» y así sucesivamente.

La visión de Mujica deriva del programa aprobado por el Congreso del Frente Amplio, pero a veces lo trasciende cuando en su discurso plantea temas vinculados a los valores de la sociedad uruguaya. No creo de ninguna manera que haya visiones de país distintas entre los precandidatos del FA, como sí las puede haber dentro de los partidos tradicionales. Mujica hace los máximos esfuerzos por no confrontar con los otros precandidatos frentistas, porque los principios de la unidad están por encima de las propias candidaturas.

Por ello se abrió de «la barra chica», se despidió de su grupo político, para decir que es hombre del Frente, que su propuesta es el programa del FA y que sus equipos técnicos son los del conjunto del Frente Amplio. En esta nota lo que queremos resaltar es su discurso, fruto de sus propias experiencias y reflexiones, centrado en el enriquecimiento del «balero», en la educación, en la formación científica, tecnológica y en la necesidad de las innovaciones.

Transitamos el mundo del conocimiento. En las últimas décadas impresiona la velocidad de los cambios tecnológicos y de las innovaciones. Uruguay no puede vivir aislado de estos acontecimientos en un mundo globalizado. En el pasado no apostó a la investigación científica y tecnológica, que es imprescindible para la incorporación más adecuada de las innovaciones, para capacitar al país en su adaptación a los avances tecnológicos e incluso para crear nuevas tecnologías. Apostar a la investigación científica y tecnológica ­que, además, se puede realizar conjuntamente con los países integrantes del Mercosur­ es apostar a la educación, es apostar al Uruguay inteligente.

Apostar a la excelencia, a la calificación, al conocimiento es también una forma de continuidad de la obra revolucionaria iniciada en el gobierno de Tabaré Vázquez con el Plan Ceibal. Dos ejemplos ayudan a caracterizar el planteo.

Para salir de la pobreza se requiere alimentación, salud, educación, trabajo, vivienda y relocalización territorial. Una investigación de la excelente economista Andrea Vigorito muestra que si los pobres obtuvieran un empleo de 40 horas semanales, dada su formación y calificación, recibirían remuneraciones pero dos tercios de los mismos se mantendrían por debajo de la línea de pobreza. El empleo es condición necesaria pero no suficiente para salir de la pobreza. La educación pasa a ser un factor relevante para lograrlo. Por ello, Mujica plantea atender como prioridad las escuelas de tiempo completo para todos los sectores sociales, pero especialmente para los más postergados y desprotegidos, para los que viven con ingresos inferiores a la línea de pobreza.

El otro ejemplo deriva de investigaciones sobre la distribución del ingreso. Para los casos de México (PNUD) y de Brasil (a partir de un trabajo de Andrea Vigorito) la distribución del ingreso mejora sensiblemente cuando se expande en los jóvenes la educación terciaria. Por ello es válido el planteo de Mujica para que el mayor número posible de jóvenes puedan acceder a la educación terciaria, que es condición sine qua non para la incorporación tecnológica.

El Uruguay inteligente es también el país productivo inteligente, el agrointeligente, la industria y los servicios inteligentes. Mujica plantea salidas para enfrentar el descenso de la relación activo/pasivo. En el caso de Uruguay se agrava porque los activos aumentan en menor proporción que los pasivos, por la baja tasa de natalidad, la emigración de los jóvenes y la alta proporción de informales que trabajan a bajos niveles de productividad. Por otro lado, los pasivos se incrementan por el aumento de la esperanza de vida al nacer.

Para resolver este problema Mujica lógicamente plantea el aumento de la productividad del trabajo de los activos. Y esto se logra con mayor progreso técnico, con mayor contenido tecnológico en los bienes y servicios y con mayor formación de los recursos humanos. Es decir, se logra con el Uruguay inteligente.

Y Mujica lo ejemplifica permanentemente a partir de lo que vivenció en Nueva Zelanda. Para la industria valen los ejemplos de Corea del Sur y Finlandia. No se trata de imitar sino de aprovechar experiencias realizadas y adaptarlas a las características económicas, sociales, políticas y culturales de Uruguay. Interesa señalar los avances de servicios inteligentes en nuestro país en los últimos tiempos, como en la informática, el software, las comunicaciones y la logística.

Para la inserción internacional, el Uruguay inteligente es vital. Se trata de mejorar la competitividad, que es un problema sistémico que, en esencia, deriva del progreso técnico y las innovaciones y de la formación de los recursos humanos. Cuanto más diversificado es el destino de las exportaciones, mejor.

Pero lo que importa es el origen de los bienes y servicios a colocar en el exterior. Se trata de vender recursos naturales con el mayor valor agregado y contenido tecnológico posible. Se trata de colocar en el exterior productos manufacturados y servicios con más valor agregado, empleo y contenido tecnológico, para lo cual es central la complementariedad productiva en el ámbito de la integración regional.

Para el desarrollo social también el Uruguay inteligente es vital para enfrentar la fragmentación socio-urbana, la pobreza y las desigualdades. Ello requiere una estrategia global donde lo económico y lo social tengan prioridades similares.

Para finalizar quisiera distinguir los valores democráticos de este candidato, como son su capacidad de diálogo, de acuerdos y de negociación, instrumentos inherentes a la propia democracia. Especialmente su capacidad de acuerdos sociales y políticos, tan necesarios para el futuro del país.

|*| Senador por la 609-FA, economista

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