Homicidio
Además de intolerantes, autoritarios, hipócritas e ignorantes, ahora también podría caberles el calificativo de homicidas culposos.
Vaya currículo que están en condiciones de exhibir los piqueteros entrerrianos, en su momento estimulados por Kirchner y ahora tolerados por su sucesora, la señora que heredó el poder.
En LA REPUBLICA de ayer, en la crónica del accidente que costó la vida de un joven motociclista argentino que regresaba de Uruguay a su hogar, se lee: «¿Qué puede ocasionar el tráiler de un camión atravesado en una ruta internacional?». La respuesta es obvia, tanto como la responsabilidad no sólo de los esquizofrénicos que lo colocaron sino de las autoridades argentinas. ¿En qué mente estable cabe aceptar ese enorme obstáculo sin vigilancia ni señalización adecuada?
Cierta vez alguien anticipó no me adjudicaré el tristísimo privilegio de haberlo hecho yo- que la locura de estos individuos causaría una tragedia.
Desde el punto de vista penal es posible desarrollar decenas de argumentos en el intento de exculpar a unos y otras, piqueteros y autoridades. Más aun, mi ignorancia en temas jurídicos me impide asegurar que un hábil abogado no sea capaz de diluir en los tribunales toda responsabilidad, ya personal, ya institucional.
Pero los hechos son los hechos. La realidad es la realidad. La muerte es la muerte; lo único inmortal sigue siendo la estupidez humana. Será imposible persuadir de cualquier hipotética inocencia ni la familia del joven que dejó su vida en la ruta, ni a toda persona inteligente y sensata.
Si el gobierno argentino tuviese la estatura moral que pregona, admitiría al menos su omisión y adoptaría las medidas pertinentes. Todo el mundo sabe cuáles son ahora, del mismo modo que sabe cuáles eran ayer.
Al escribir esta columna, ignoro si lo ha hecho. Me permito ser escéptico, quizás por los antecedentes acumulados, aunque desearía equivocarme y disfrutar del placer ético de pedir disculpas.
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