Gordos
Los gordos no todos, es cierto, porque hay quienes no quieren dejar de serlo luchan contra su obesidad y muchas otras cosas.
Ahora mismo, y de modo estentóreo, no cesan sus acusaciones al intendente Ehrlich; dicen que en los hechos los discrimina, aunque en el discurso pregona lo contrario. Parece un asunto de nunca acabar, potenciado por la supuesta imposibilidad de algunos gordos de acceder a cargos municipales ganados por concurso.
Terminemos con esto. Quiero decir, no con los gordos ¡por favor! sino con el aparente malentendido que mantiene una situación tan incómoda. De una vez por todas, el intendente debe decir su verdad, que, para serlo, ha de hacer coincidir los dichos con los hechos consiguientes.
Lector, ¿me permite unos recuerdos que implican reflexiones sobre la cuestión?
El tango ha dado grandes gordos famosos. La estrella principal de esa constelación, que adelgazó a regañadientes cuando el cine lo tentó con mucho dinero, fue Gardel. Pero por ahí también zarandearon rollos, entre otros, Azucena Maizani, quien siempre que se agachaba le hacía quillas a las medias, Aníbal Troilo, que hasta cargaba un bandoneón, y Pepito Villanueva y Virulazo, ¡nada menos que bailarines!
Qué decir en el cine de Marlon Brando. O en las artes plásticas de Diego Rivera. O en la literatura de Camilo Cela, que murió tras años de comer con delicioso aceite de oliva (por decirlo con cierta fineza) como si tal cosa. O en política del Batlle y Ordóñez del sobretodo largo, que dicen- jamás pudo abotonárselo solo pero creó un país.
El gordo es un hermano, uno más de la Amsterdam. Tal vez afronte algunas dificultades según lo que le pidan. Pero hay tanto corazón y tanta voluntad detrás de esa gordura que es capaz de vencer obstáculos frente a los cuales otros renunciarían.
Ah, eso sí, puede ser complicado si quiere ser alpinista, corredor de cien metros llanos o equilibrista de circo. Pero no exageremos.
¿No?
¡Los gordos al poder!
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