28 DE JUNIO: MUCHO MAS QUE UNA ELECCION INTERNA

En octubre de 2008 se terminó de desmoronar la burbuja especulativa neoliberal que tanto daño le hizo a los países emergentes, a Latinoamérica y en especial a nuestro país. Junto con la caída de la Bolsa de Nueva York, se hundió una estructura ideológica basada en la acción libre y sin control del mercado, en la especulación sin límite, que admitía como único propósito en la vida, el lucro desmedido.

Como consecuencia de este derrumbe, los voceros locales de estas ideas se llamaron a silencio. Han desaparecido todos los popes locales de las doctrinas económicas que están fracasando y que elevaron la libre acción del mercado a una especie de dogma religioso cuya alteración merecía el infierno.

Sin embargo, el infierno lo sufrió el Uruguay y en particular los trabajadores y humildes, por parte de los gobiernos que aplicaron estas recetas y fueron sistemáticamente afectando nuestra industria, desnaturalizando la esencia identitaria fundacional de nuestro país policlasista, integrador y de alta movilidad social.

Con esmero y dedicación, gobiernos blancos y colorados se fueron devorando las concepciones que procuraron justicia social, solidaridad, e intentaron imponer la cultura del individualismo depredador, la avaricia extrema y el sálvese quien pueda, que en 2002 nos terminó de hundir en más y más pobreza.

Como siempre, quienes pagaron los ajustes sucesivos y los «daños colaterales» de esta política neoliberal elitista y digitada desde los arsenales ideológicos que hoy se desploman fueron los trabajadores y las miles de pequeñas empresas familiares que vivían del trabajo conjunto y la solidaridad, mientras se utilizaba el Estado como cómplice para ir en auxilio de los poderosos.

Cualquier parecido con la realidad internacional actual no es pura coincidencia.

Todavía no está claro el final de esta crisis estructural de la codicia y la especulación. Una cosa es clara, los países centrales intentan hacerle pagar el desbarranque de la irresponsabilidad neoliberal a los países emergentes.

Somos conscientes de que el mundo no será el mismo y el Uruguay tampoco.

A partir de nuestra primera experiencia de gobierno demostramos en las ideas y los hechos que tenemos un modelo de país diferente.

El Presidente de la República, en su rendición de cuentas pública, repasó algunas de las medidas y acciones de gobierno que confirmaron que tenemos una forma diferente de gestionar y priorizar el destino de los escasos recursos estatales a favor de las grandes mayorías. Tan es así que esta brutal crisis financiera que vive el mundo no nos ha impactado de la misma manera que a otros países y esto no es el resultado de la suerte o de la casualidad.

El crecimiento del salario real de los trabajadores y del ingreso de los hogares, los bajos índices de desocupación (por citar algunos), son parte de esta revolución de los resultados que impactan favorablemente en la vida cotidiana de la gente.

Sabemos que ahora sí Uruguay y Latinoamérica pueden ser artífices y constructores de su futuro.

¿Primará la economía real y el trabajo de la gente por sobre las especulaciones financieras? ¿El estado no cederá a ningún interés sectorial ni privado su rol de regulador y continuará siendo partícipe activo en la definición de las orientaciones estratégicas del desarrollo nacional?

El 28 de junio comienza a darse respuesta a estas y otras preguntas y la respuesta la tienen los ciudadanos, por eso no deberían existir excusas para faltar a la cita.

Tenemos que votar.

No sólo porque en la interna del Frente se elige el candidato a presidente.

Se trata de asistir al primer capítulo del más importante plebiscito que haya tenido nunca nuestro país.

Votar en la interna del Frente es decirle «sí» a este modelo imperfecto pero saludable y participativo de economía sustentable y a la solidaridad y justicia de la izquierda renovadora, y decirle «no» al regreso de las concepciones que en el mundo padecen la más profunda agonía y que tanto han dañado a mucha gente. Es decirle «no» a la desmemoria y al culto del individualismo irracional y destructivo.

Ganar el 28 de junio es comenzar a ganar en primera vuelta, porque si no alcanzamos la mayoría parlamentaria, la derecha no nos va a dejar gobernar.

Ser frenteamplista y no votar a la izquierda significa decirle que sí al pasado ruinoso y quedarnos con el vacío de lo que pudo haber sido pero no fue.

Hoy, con el espíritu crítico que siempre caracterizó a la izquierda, sabemos que falta mucho por hacer, pero para seguir haciéndolo, en junio tenemos que llenar las urnas de votos frenteamplistas que indiquen con claridad el rumbo hacia dónde quiere ir la ciudadanía.

Danilo, Pepe o Marcos, para nosotros Astori, pero siempre y antes que nada, un compañero que defienda este modelo para no volver al pasado eterno de las excusas y el «no se puede». Nosotros, los de izquierda, PODEMOS.

En las internas del 28 de junio la elección es entre profundizar los sueños de cambio de una izquierda posible o volver a caer en la trampa de una derecha neoliberal maquillada.

No olvidemos que los partidos históricos siempre estuvieron juntos en todas las decisiones importantes que se tomaron cuando fueron gobierno, y siempre juntos en contra de cada una de las leyes importantes promovidas por este gobierno, para cambiar al Uruguay.

Ganarle a las posturas conservadoras es vital para el destino de los uruguayos y, para ello, cada frenteamplista, a la hora de votar, deberá tomar su decisión teniendo en cuenta cuál de los compañeros, además de asegurar la continuidad y profundización de los cambios, otorga mayores garantías para ganarle a la derecha en las elecciones nacionales de octubre próximo.

Estoy convencido que la derecha teme que Astori sea electo por el pueblo frenteamplista como el candidato único del Frente Amplio, porque suponen que les ganaría a cualquiera de sus candidatos en primera vuelta.

Ellos saben que en el marco de una crisis internacional, Astori es el político con mejores herramientas para enfrentarla sin necesidad de afectar las conquistas de los trabajadores y los humildes.

Hay mucho en juego en estas elecciones internas, por lo que tanto los frenteamplistas como los uruguayos que sin ser del Frente Amplio quieran que el país continúe por el camino iniciado por Tabaré deberían hacerse presentes y votar.

Este partido lo ganamos o lo perdemos todos, y cada uno de nosotros tiene una responsabilidad que es indelegable.

Se trata entonces de que seamos protagonistas de nuestro propio destino.

|*| Diputado del Frente Amplio Asamblea Uruguay

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