OBAMA Y LA UNASUR

Entre el 17 y el 19 de abril se realizó en Trinidad Tobago la V Cumbre de las Américas, con la primera presentación en la región del nuevo presidente de Estados Unidos, Barack Obama, quien sin duda fue el centro de atención de la conferencia. Pero también hubo presencias novedosas por parte de América Latina como la Unión Suramericana de Naciones y representantes del ALBA, con un alto predominio de gobiernos progresistas que también constituye una gran novedad regional. Después de un nefasto gobierno de Bush surge la figura de Obama, quien genera simpatías en todo el campo internacional. La crisis financiera internacional, originada en EEUU, derrumbó mitos del neoliberalismo y obligó a una mayor participación e intervención del Estado. Ello significó un predominio de la política sobre la tecnocracia, que fundamentaba que el libre juego del mercado resolvía todos los problemas económicos y sociales. Y el presidente estadounidense es portador de estas viejas ideas que siempre predominaron en las concepciones progresistas de América Latina. Obama intenta modificar la política exterior de su país, pero no surgían planteos concretos sobre sus relaciones con América Latina. Antes de llegar a la Cumbre eliminó las restricciones de envíos de remesas y viajes de EEUU hacia Cuba. Fue, sin duda, un gesto hacia la región. No llegó con un programa para América Latina, sino que intenta avanzar con la región. En un diálogo cordial y franco tuvo que oír de primera mano los reclamos históricos sobre la injerencia de EEUU en la región y, especialmente, la necesidad de modificar las relaciones con Cuba y básicamente el levantamiento del bloqueo económico. En la Cumbre participaron 34 gobiernos elegidos democráticamente, lo que marca con nitidez una nueva situación derivada de la revalorización de los principios democráticos. En la Asamblea General de la OEA participan 34 países, de los cuales 33 tienen relaciones diplomáticas con Cuba. Como declaró el presidente de Brasil, Lula da Silva, seguramente no habrá una nueva Cumbre sin la presencia de Cuba. Y probablemente la propia OEA encontrará los caminos para reincorporar a Cuba a dicha organización.

La Cumbre no mostró propuestas concretas ni avanzó sobre la idea de «asegurar el futuro de nuestros ciudadanos promoviendo la prosperidad humana, la seguridad energética y la sostenibilidad ambiental». Hubo un documento aprobado por consenso con reservas de distintos países. Pero fue una reunión estrictamente política, de acercamiento entre la región y la actitud del nuevo presidente de EEUU. Ya no se plantean solamente los temas de interés de la potencia dominante, como el combate al terrorismo, a las drogas y al narcotráfico. Además del levantamiento del bloqueo a Cuba, no deberían seguir existiendo certificados unilaterales, emitidos por el gobierno de EEUU, sobre las conductas de los países de la región en el tema de las drogas y el narcotráfico. Pero sobre todo se requiere un nuevo relacionamiento en materia comercial y financiera, para eliminar protección y subsidios de EEUU, con mayor acceso a dicho mercado y modificar sustantivamente las condicionalidades de los organismos financieros internacionales dominados por el gobierno de este país.

Esperamos que la cumbre de Trinidad Tobago contribuya a un nuevo relacionamiento entre EEUU y los países de la región, donde se comprendan las necesidades de nuestros países, sus especificidades y por lo tanto su autonomía y soberanía para implementar modelos de desarrollo aptos para resolver sus problemas económicos y sociales más urgentes.

Los fracasos del neoliberalismo en la región y la despreocupación de los sucesivos gobiernos de EEUU por los problemas acuciantes de nuestros países, facilitó el ingreso de varios gobiernos progresistas en América Latina. Bush ya había fracasado en la Cumbre de Mar del Plata sobre el ALCA en 2005 y en 2008 quedó aislado en la reunión de la OEA de Santo Domingo al ser el único país que apoyó a Colombia en su conflicto con Ecuador. América del Sur encuentra una nueva institución, la Unasur, para intentar alcanzar una sola voz en el concierto internacional. Aquí los gobiernos se encuentran, dialogan, buscan aunar esfuerzos por resolver sus diferencias y alcanzar propuestas comunes en los foros internacionales. Ya tuvieron una decisiva participación en el conflicto interno de Bolivia en 2008. Los países de América del Sur encontraron salidas sin la presencia de EEUU, como históricamente sucedía. Ahora es el propio Obama quien le otorga mayor legitimidad al solicitar una reunión con la Unasur. La unidad de América del Sur es indispensable para ganar poder de negociación en el plano internacional. La Unasur es un instrumento y una etapa para alcanzar una mayor presencia en este mundo globalizado y de grandes bloques económicos. Brasil está jugando en la primera división en el plano global. Fue uno de los cuatro países relevantes en la Ronda de Doha, con una acción muy destacada. Está en el nuevo grupo de los 20, que analiza salidas a la actual crisis internacional. Tendrá un papel trascendente en esta nueva institución de América del Sur que, en esencia, dependerá de su propio accionar.

El Tratado de creación de la Unasur fue votado en el Senado por los legisladores frenteamplistas y votado negativamente por todos los legisladores del Partido Nacional y del Partido Colorado. Sin duda jugaron razones político-electorales, pero a veces surgen diferencias que limitan la imperiosa política de Estado que un país pequeño debe necesariamente alcanzar en la política internacional. Los blancos y los colorados están más preocupados por los conflictos regionales ­que por supuesto existen­ que por las medidas que nos impone el mundo desarrollado en materia comercial y financiera. No nos proponen nada para encontrar salidas al conflicto con Argentina. Sólo critican la integración regional. No aceptan la Unasur casi sin argumentos. Me gustaría saber qué piensan de la reunión pedida por Obama entre el presidente de EEUU y la Unasur. La unidad de América del Sur no es sencilla. Es la unidad en la diversidad. Las dificultades provienen desde la balcanización de las colonias españolas. Me siento mercosuriano, sudamericano y latinoamericano aunque tuve experiencias personales que reflejaban algunos problemas de la unidad regional. Por ejemplo, en 1965, al morir un carabinero chileno en la frontera entre Argentina y Chile, era difícil sentir amabilidad en ciertos sitios de la ciudad de Santiago si se era confundido por argentino. En 1978, durante el conflicto entre estos países por el canal de Beagle, al llegar a Buenos Aires desde Santiago el portero del edificio donde me alojaba me señaló que era imposible haber llegado en avión porque «no permitimos la llegada a Ezeiza de aviones provenientes de Chile». En 1977, asesorando al gobierno de Perú, a dos años del centenario de la guerra del Pacífico, pude ver cómo a algunos jerarcas peruanos les resultaba difícil la presencia de un asesor extranjero por temor a que fuera chileno o cercano a ese país.

Queda mucho por superar para la unidad regional, pero es un logro imprescindible para nuestro futuro.

|*| Senador por la 609-FA. Economista

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