Nuestros amigos
Ahora se sabe. Nadie dijo que Uruguay fuese un paraíso fiscal, de esos que los grandes inversores buscan para evadir impuestos o lavar dinero.
También se sabe que a Uruguay, inmerso contra natura en la ebullición del Grupo de los 20 a raíz de la crisis global, la OCDE lo ha sacado de una lista donde lo había metido a pedido ajeno: esa de los países que «no han demostrado aún compromiso con acuerdos internacionales de intercambio de información fiscal».
¡Qué proceso grotesco!
Sin embargo, lo peor, lo insólito es que entre quienes no defendieron a Uruguay, y en cambio, allanaron su inclusión primaria en esa lista, están Argentina y Brasil, nuestros socios del Mercosur y, al menos en el caso de Brasil, un vecino con el cual la relación parecía haberse aceitado con gran delicadeza, abriendo paso a unas perspectivas promisorias.
Por si este desaguisado no hubiese alcanzado, nos hemos tragado otro tremendo carozo: Argentina, espasmódico socio y vecino con el que andamos haciendo extraordinarios equilibrios para no agarrarnos a las tortas, figura en el grupo más selecto señalado por la OCDE, o sea el de «países que han implementado sustancialmente las reglamentaciones internacionales sobre información fiscal».
¡Argentina!
Ruedita, a quien le gusta imitar a un viejo cómico porteño, sentenció, luego de meterse entre pecho y espalda una grapa con perejil: «¡Andaaaaá…!».
Todo esto demuestra lo solo que se puede estar en un mundo tan competitivo, lo complejo que es construir unos vínculos políticos y comerciales amistosos y duraderos, aun en la región, y la sutileza de ciertas traiciones que aguardan a la vuelta de la esquina.
Como no podemos vivir aislados, sólo queda no bajar los brazos, seguir el camino por el que se va, actuar con responsabilidad y transparencia y añadido cuya necesidad acaba de surgir- no hablar improvisadamente sobre cuestiones tan delicadas que repercuten en el mundo cual campanazo de la catedral.
Compartí tu opinión con toda la comunidad